RETO 12: Dos semanas sin mamá.

ARGUMENTO:

Ruth es una adolescente que ha quedado a cargo de su hogar tras el viaje de su madre. Ella y su hermano menor afrontarán lo que es sobrevivir dos semanas por sí solos, a la vez que luchan contra sus deseos de derroche de dinero.

TRAMA:

1) Primera semana exitosa:

  • Primer día sin mamá. Ruth sale a comprar pan. Explicación de la situación en la que se encuentra. Cocina, apoya a su hermano con las tareas de la escuela. La semana pasa rápido y ella está satisfecha con su manejo de la situación.

2) Pelea con su hermano:

  • Los hermanos pelean por un motivo tonto. Su hermano llama por teléfono a su mamá, llorando, para que vuelva. Ruth tranquiliza a su mamá quien también se estaba poniendo a llorar. Decide realizar una visita con su hermano al centro comercial para subir los ánimos entre ellos.

3) Visita del tío:

  • Su tío viene repentinamente de visita. Ruth sospecha que su mamá se puso paranoica y lo mandó a cuidarlos. Ella le explica su plan de ir al centro comercial y su tío accede a acompañarlos. Disfrute de la caminata.

4) Derroche en el centro comercial:

  • Se dirigen a la sección de juegos. Al principio gastan prudentemente, luego un juego les hace acabarse casi todo su dinero. El tío compra pan para la cena. Regresan a casa.

5) Visita de la tía:

  • Faltan dos días para la llegada de la madre. Ruth no tiene dinero. Su tía llega a visitarlos y les provee lo necesario para sobrevivir a los días que faltan.

6) Llegada de la madre:

  • Su madre llega y la exhorta por gastar el dinero antes de tiempo. La paz vuelve a la casa.

DESARROLLO

Primer día sin mamá. Me levanto más temprano de lo usual, aunque mi cuerpo me suplica que siga durmiendo y salgo a comprar pan. Los vehículos pasan rápidamente por la calle, contaminando con humo alrededor. Me cubro la nariz. Cutres coches, ¡si mañana desaparecen de las calles definitivamente no los extrañaré!. Visualizo un bus y pienso en mamá, en si llegó a Cajamarca con bien, en si está pasando un buen rato. Recuerdo que estaba preocupada de dejarnos solos, pero la convencí de ir a ese viaje que tanto deseaba prometiendo que me esforzaría para que todo estuviese bien.

Aún al borde del aburrimiento, cumplo mi promesa. Sigo la rutina de ama de casa con devoción. Me aseguro que la casa esté limpia, me aseguro de que mi hermano Miguel cumpla con sus deberes de estudiante, me aseguro de que comamos bien… Así pasan siete días. Todo está bajo control, nada podría salir mal.

Pero… no. Yo no sirvo para ser madre, probablemente jamás tenga hijos y si los llego a tener se escaparán de mi casa, pienso al ver la rabieta de mi hermano. No me contengo, discuto, grito, le pego un poco también. Todo un conflicto generado porque el muy niño no quiere irse a bañar. Pasados los minutos, al oír su llanto en el baño decido ir por él. Descubro que ha tomado mi celular y está llorándole a mamá para convencerla de volver. ¡MIGUEEEEEEL! Tomo el celular y escucho a la temblorosa voz de mi madre consolándolo. Logro tranquilizarla para que no vuelva antes de tiempo y tomo una decisión impulsiva para tranquilizar al niño desnudo frente a mí. “Mañana, si te portas bien, nos vamos a jugar al centro comercial”. Él sonríe, yo me espanto. ¿Me alcanzará…?

A la tarde siguiente, mientras hago las cuentas, mi tío Juan llega de visita. Seguro mi mamá, paranoica, lo ha llamado para que venga a cuidarnos, ayyy… Mi tío se entera de nuestros planes y sus ojos se iluminan. Llegada la noche, ya somos tres caminando por la calle con destino al centro comercial. Hace mucho frío pero la caminata logra dar una buena sensación de calor a nuestros cuerpos. Atravesamos calles rodeadas de gente mientras charlamos y reímos, mi corazón y mi mente me agradecen con creces el abandonar la rutina hogareña, la libertad de poder andar libremente hacia un lugar de diversión es un sentimiento muy reconfortante. Ojalá todos los días fueran así.

La sección de juegos nos recibe con diversos colores. Solo gasta la mitad de tu dinero, Ruth, por favor no vayas a ser necia, me recordé sabiendo bien que, por orgullo, había tomado más dinero de la cuenta. Como esperaba, mi tío, también orgulloso, llevó mucho dinero para gastar. Empezamos con juegos económicos, juegos de carrera de carros virtuales, un juego de fulbito también virtual… hasta que nos topamos con un juego de disparar zombies. Parecía económico, así que mi hermano, mi tío y yo nos atrevimos. En la pantalla se visualizaban a los zombies atacándonos y nosotros, cual niños descubriendo los videojuegos, nos emocionamos mucho. Alzamos nuestras armas de juguete y matamos a unos cuantos zombies irreales, pero el juego repentinamente se detuvo. 

“Inserte una moneda si desea continuar”

Mis manos volaron al bolsillo de mi pantalón buscando dicha moneda. Entramos en una especie de bucle temporal. El juego se reiniciaba, yo jugaba de nuevo y entonces se volvía a congelar cual mounstro insaciable exigiendo nuestro dinero. Y así, una y otra vez. Mi corazón casi se detuvo al buscar en mi bolsillo y no encontrar nada. La adrenalina se esfumó en ese instante. Mi tío también gastó mucho y se sentía levemente arrepentido. MIER… Con el dinero que le sobró a mi tío, compramos pan y cenamos en casa. A la mañana siguiente mi tío se marcha, sin saber que me quedo sin nada. Falta un día, ¡pero no tenemos nada para comer!

No planeo nada más, espero a que el mundo se apiade de mi necedad y…¡pues se apiada!. Mi tía Carol llega en la mañana, compra alimentos, cocina delicioso, cuida de nosotros… Un regalo inmerecido. Mi mamá llega, al día siguiente,  y nos encuentra con ella. Una sonrisa tranquilizadora se forma en sus labios.

Todo fue besos y abrazos mientras mi tía continuó en casa, pero a su retirada mi madre me dio una reprimenda tremenda como para jamás olvidarme en mi vida. Entendí que si quiero ahorrar dinero, no debo ir directo a la boca del lobo, debo alejarme de cualquier tentación de derroche y hacer un presupuesto, un plan para que todo me alcance y nada me falte. Me disculpé con mi mamá y un enorme peso fue quitado de mis hombros.

Al acabar el día, vuelvo a ser la hija afortunada de siempre. Agradezco a Dios por cuidar a mi familia esas dos semanas. Me acuesto en mi cama y me relajo.

Mamá está en casa. Por fin, todo está bien, por fin, todo está bajo control.

emotional.ruth
Author: emotional.ruth

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