Reto 11: Segunda oportunidad.

Adversidad física.

José había despertado y se encontró con una luz cegadora en el rostro. Tenía el cuerpo entumecido, alcanzo a mirar vendas a lo largo de él pero no tenía recuerdos de cómo llegó a ese lugar. Surgieron muchas preguntas pero no había quien de respuesta, se encontraba en un pasillo con una especie de manguera en el brazo conectado a una bolsa, trato de mirar a los lados pero no vio rostros conocidos y su cuello parecía estar restringido. El miedo se comenzaba a apoderar de él.

1-      Incertidumbre.

Abrí los ojos y no sabía dónde me encontraba.

2-      Una voz conocida.

El llanto de una mujer capturo mi atención, se trataba de mi madre quien llegaba apenas a la sala de emergencias.

3-      Interrogatorio.

Oficiales de seguridad pública se acercaron para hacer preguntas al respecto de mi condición.

4-      Valoración médica.

Sugieren traslado a otro hospital para poder atender las heridas que presentaba.

5-      Visita sorpresa.

Al subir a la ambulancia un viejo amor me acompañaba.

6-      Pánico por la realidad.

Al estar en un cuarto y ver un reflejo, no me reconocí.

7-      Recuperación.

Meses de tratamiento para curar mis lesiones en diferente partes del cuerpo.

8-      Platica en confianza con medico de famosos.

Dado de alta me enseña fotos con estrellas del boxeo.

 

Eran vísperas de noche buena, la cabeza me daba vueltas y me dolía demasiado, una luz blanca muy intensa dificultaba mi visión, no recordaba nada de lo ocurrido, mire mis manos y pies ensangrentados, las vendas cubrían las heridas estaban húmedas, señal de que aun sangraba, me estremecí y quise mirar a los lados pero mi cuello parecía no estar de acuerdo, no logre girar más que unos cuantos centímetros y un dolor punzante en la cabeza provoco que desista. Solo pude notar unas paredes blancas y me encontraba en un pasillo, habían personas en silla de ruedas y otras en el piso. Se agito mi corazón al entender que me encontraba en la sala de urgencias, era muy probable que se tratara del hospital general, donde las muertes de pacientes son muy altas debido a la gran demanda y poco personal. Me encontraba solo, el frío en mi cuerpo agudizaba las heridas, ¿acaso moriré? Pensaba. Pasaron quizás un par de horas cuando la voz de una mujer afligida llego a mis oídos, quería levantarme pero mi cuerpo se reusaba cada movimiento que hacia el me lo reprochaba. Conforme se acercaba escuche sus pasos y la voz no podía ser de nadie más, se trataba de mi madre quien recibió la llamada de unos oficiales de seguridad pública. Quise abrazarla pero mis brazos se limitaban por unas mangueras a los que estaban conectados. Llego para acompañarme y el llanto en sus ojos me destrozo el corazón. Los oficiales presurosos me hicieron preguntas de lo que sucedió, tal vez pensaban que mentía pero  no es así, no podía recordar más que haber conducido una motocicleta en la mañana. Aun no terminaban las preguntas cuando un médico interrumpió diciendo que era urgente trasladarme a un hospital particular por la gravedad de mis heridas.

No podía asimilarlo acaba de despertar y tantos eventos estaban sucediendo, la cabeza sentía que estaba por reventar, me acercaron al lugar donde me esperaba una ambulancia para trasladarme al nuevo hospital, las agujas que atravesaban mis venas estaban causando un dolor incesante en el brazo, durante el traslado quería arrancármelas pero los médicos aseguraron mis manos para evitarlo. Por un momento me sentí como un costal de papas al que llevaban en un diablito. Cerré los ojos durante un tiempo hasta que sentí calma, escuche el motor de la ambulancia en marcha, los abrí y a mi lado se encontraba un viejo amor del pasado, se había enterado que estaba hospitalizado y fue a visitarme pero tenía que hacerse pasar por mi esposa. Lloraba y me mantenía despierto intentando recordar algunos momentos. Llegamos al nuevo hospital y el trato fue muy distinto realmente me sentí como un paciente y las instalaciones se veían muy diferentes, me dejaron en un cuarto donde tenía una cama, televisor y mi propio baño, al mirarme en el reflejo del televisor no podía creer lo que veía, mi rostro y labios estaban inflamados, un ojo lo tenía completamente cerrado, la mitad de mi rostro estaba quemado, grite y llore en ese momento pero me sedaron ya que mi cerebro se encontraba delicado, había aumentado exponencialmente su tamaño. Tenían que cesar su crecimiento esa  fue la razón del traslado a la clínica, fueron un par de meses  que estuve en cama bajo cuidados de mi familia y del personal médico ya que no podía moverme libremente, el traumatólogo estaba sorprendido ya que aunque mis daños fueron muchos no tuve fracturas en el cuerpo. Estaba cercano el día de la bandera (24 de febrero) cuando el médico me comunico que las heridas en mi cuerpo tardarían más tiempo en sanar pero ya estaba fuera de peligro, mi cerebro se había desinflamado y me advirtió que tal vez nunca recuerde lo que me sucedió aquel día, me pidió tomarse una foto conmigo ya que le recordaba a uno de sus clientes al que atendía en las vegas, me refiero al boxeador Manny Pacquiao, según el médico mi rostro era muy parecido. Tenía en su consultorio fotos con muchos deportistas, reíamos mientras hablamos y al final nos despedimos con un abrazo, recordar este evento me hizo pensar sobre lo que estoy haciendo en mi segunda oportunidad, estuve al borde de la muerte y me pregunto ¿Qué debería hacer con mi vida?

 

Escrito por José Can

 

Jesus Can
Author: Jesus Can

José

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Relee en el libro lo que es argumento. Nos estás describiendo una escena. El escrito muy bien, solo falta corrección.

  2. Jesus Can

    Gracias Romina, redoblare esfuerzos ya que para mí esto es algo nuevo.

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