RETO 11: JUNTOS PODEMOS

ARGUMENTO

Margarita, una niña de 5 años, luego de retornar a casa de su centro de estudios de educación inicial, presentó una leve fiebre, lo cual parecía ser un indicio de una gripe común. Más tarde, percibió muchas manchas rosadas alrededor de todo su cuerpo, las cuales le causaron alarma junto a sus padres; a las horas estas se convirtieron en ampollas.

Al día siguiente, luego de visitar al médico supieron que se trataba de una varicela, sin entenderlo a su corta edad decidió confiar en mamá y seguir las indicaciones del doctor.

TRAMA

1.- De camino a casa.- Mi hermana y yo, contándole a mamá sobre la mañana dentro de la escuela.

2.- Fiebre.- En medio de una tarde de juegos con mi hermana, mi cuerpo empezó a sentir una fiebre moderada.

3.- Manchas Rosadas.-  Descubrí junto a mis padres manchas en todo mi cuerpo.

4.- Ampollas.- Al pasar las horas aquellas manchas se convirtieron en ampollas con líquido claro.

5.- Visita al Doctor.- Al día siguiente en la cita médica el doctor nos explicó que se trababa de una varicela.

6.- Restricción de no salir de Casa.- Una de las indicaciones del médico, fue guardar reposo dentro de casa y evitar así el contagio en mis compañeros de clase.

7.- Molestias y Lágrimas.- En el proceso de sobrellevar la enfermedad lloré y fui tentada a rascarme las ampollas.

8.- Cuidados.- Fui responsable junto a mis padres en el tratamiento, y logré sanarme.

 

TEXTO

El sol brillaba intensamente alrededor de las doce del mediodía, cuando retornábamos a casa mi hermana gemela y yo, tomadas de las manos de mamá, el viento jugaba con nuestros cabellos mientras nuestras voces declamaban aquellas aventuras emocionantes dentro del centro educativo de educación inicial, donde nos encantaba estudiar.

Al llegar la tarde en medio de risas y muñecas, empecé a sentir una leve calentura recorriendo mi cuerpo, afectando así, mi ánimo por seguir jugando. Los minutos pasaron y en plena cálida estación, la fiebre se intensificó, ¿Acaso sería el aviso de una gripe? dijo mamá durante el tiempo que colocó el termómetro entre mi brazo; cuando visualizó los 38 °C en él, optó por colocarme pañitos de agua fría.

La claridad del cielo se despidió, cuando de pronto varios picazones interrumpieron mi lonche, descubrí rápidamente mi vientre y observé en él muchas manchas rosadas, no concebí lo que pasaba pues sólo contaba con 5 años de edad, empecé a llorar y al instante mis padres se aproximaron para saber lo que me ocurría, grande fue su sorpresa cuando notaron que éstas además se habían albergado en mi rostro, cuello, brazos, espalda y piernas, sí, estaban por todo mi cuerpo.

Entre el sonido de la televisión y mi llanto, mamá me abrazó, su voz calmada en mis oídos retumbó con un “todo estará bien”, aseguró que a la mañana siguiente visitaríamos al pediatra, yo, le expresé mi incomodidad, y sin pensarlo ella buscó presurosa dentro de la cocina una caja de maicena, al hallarlo lo untó sobre mí con mucha delicadeza, con la finalidad de menguar aquellas sensaciones que alborotaban mi cuerpo.

Pasamos una mala noche, los ojos de mis padres se mantuvieron fijos en mí en tanto que estaban sentados frente a mi cama; en uno de aquellos despertares intempestivos, percibimos que aquellas manchas se habían convertido en ampollas con líquido claro, y otra vez, desconsolada sentí el mar de mis luceros desbordarse por completo, no entendí por qué mi piel daba señales de empeorar.

Al día siguiente, muy temprano, mis padres me bañaron como a un bebé, me vistieron con ropa amplia y blanda, y salimos en dirección a la clínica.

Al llegar, las paredes blancas y las sillas vacías del lugar dieron un indicio de que seríamos los primeros en ser atendidos, aquello fue como una luz que empecé a abrigar en medio de la tempestad; una puerta cercana a nosotros se abrió y un hombre de cabellos blancos y rostro confiable, nos sonrió e invitó a ingresar a su oficina, luego de revisarme, explicó que se trababa de una enfermedad benigna llamada “varicela”, para lo cual nos dio indicaciones. Debo confesar, que sentí una profunda tristeza, cuando escuché de sus labios, que el proceso llevaría días y con ello, reposo dentro de casa.

Los días se me hicieron largos, en medio de mi niñez fui muchas veces tentada a rascar mi piel con las uñas, además en los primeros días, lloré viendo a mi hermana alistarse para ir a estudiar, pregunté más de una vez a mamá por qué me había enfermado, si era una niña a quién le gustaba mucho estar en la escuela y compartir tiempo con sus compañeros, ella siempre me miró a los ojos, acarició mis cabellos y con voz suave decía: Te vas a sanar pronto, cada vez restan menos días y vas a estar más hermosa que ayer.

En mi pocos años de vida, aprendí a ser paciente y valiente, me ausenté en la escuela para prevenir el contagio en mis compañeros, siempre tuve cuidado con mi piel, de lo contario quedarían señales de cicatrices; mis padres mantuvieron siempre mi piel limpia, mis uñas cortadas y libres de suciedad para evitar lesiones e infecciones, usé ropa holgada de algodón y un líquido que nos recomendó para mi cuerpo.

Mi hermana al llegar de la escuela jugaba conmigo, juntas hacíamos las tareas ya que ella me explicaba lo aprendido.

Gracias a Dios y a los cuidados de mis padres, llegó ese día tan ansiado, todos los visitantes en mi cuerpo se marcharon, sin dejar algún rastro en mi piel. Volvió aquella paz al saber volvería a estudiar con mi maestra y amigos.

Atte. Margarita

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Author: margarita8_04

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    El argumento le falta claridad, centrarse en dónde pones la lupa. Revisa el libro. Trama y relato bien.

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