Reto 11 “Insufrible dolor”

ARGUMENTO

Dulce inicia con dolores, no les presta importancia, sigue yendo a la escuela. Un día en clases ya no se puede poner de pie, requiere apoyo de sus amigos para hacerlo. Es momento de ir al médico. Dulce acude, obtiene un diagnóstico y tratamiento alentador. Sigue las indicaciones hasta mejorar y dejar de sentir dolor. Vuelve a su vida normal.

TRAMA

1.       DOLOR. Despierto un día con dolor en la espalda.

2.       ESCUELA. Decido ignorar el dolor, sigo yendo a la escuela.

3.       AMIGOS. Mis amigos se ven en la necesidad de ayudarme, el dolor me incapacita.

4.       DOCTOR. Decido acudir al doctor.

5.       DIAGNÓSTICO. Siento miedo, me diagnostican “fibromialgia”, siento alivio cuando me explican lo que es.

6.       TRATAMIENTO. Me recetan fármacos y técnicas de relajación.

7.       RECUPERACIÓN. Sigo las indicaciones. Vuelvo a mi vida normal.

DESARROLLO

Sonó el despertador como cualquier día, hora de ir a la escuela, pensé. Me moví de lado para ponerme de pie y un intenso dolor tipo ardoroso recorrió mi columna vertebral, de cuello a coxis. No le di importancia, quizá dormí chueca ya se me pasará, pensé.

El dolor se hizo más intenso con el paso de los días, y yo seguía yendo a la escuela como normalmente lo hacía, pensando que ya se me pasaría. Pero no ocurrió lo que yo pensaba.

Un día la clase de traumatología duró dos horas continuas, tiempo que duré sentada, cuando esta terminó, me fue imposible ponerme de pie sola, fue necesario el apoyo de mis dos amigos, para tratar de sacarme del asiento.

El dolor era intenso, ardía, sentía la forma de la silla unida a mi cuerpo, como un panqué al ser desmoldado, que mantiene su forma; así cuando salí del asiento permanecí encorvada mientras tomaba las manos de mis amigos, uno a cada lado. Muy lento me desdoble vertebra a vertebra hasta ponerme erguida, tal como lo haría un anciano, pero yo solo tenía 21 años.

Mi amigo, quien era sumamente reservado y solo hablaba lo necesario, me dijo “Dulce, necesitas ir al doctor”. Me limité a asentir.

Esa misma tarde me avoqué a sacar una cita urgente con una reumatóloga, mientras lo hacía, moría de miedo, mis manos sudaban tanto que lo que tocaba quedaba mojado, temía a un diagnóstico catastrófico, pensaba en lo peor, incapacitada de por vida, tiesa como charamusca.

Pese a mis temores, fui valiente y acudí a mi cita en compañía de mi madre. El diagnóstico luego de preguntas y exploraciones, brotó, “fibromialgia”, sonó rarísimo, sí bien yo estudiaba medicina, reumatología era aún terreno desconocido. Mi mente corrió y pensé en algo horrible, hasta que la doctora lo explicó.

Lo más importante sería controlar los estados de estrés y ansiedad, me recetó fármacos y me sugirió clases de meditación y yoga. Calmadamente y con gran paciencia me explicó y prometió que no era grave, que no moriría ni quedaría tiesa, lo cual fue un alivio.

Finalmente resultó que la fibromialgia y yo podíamos vivir en paz, solo tenía que aprender a controlarla. Han pasado 4 años desde entonces, hoy no necesito más fármacos, he adquirido un espíritu pleno de paz y armonía, los dolores ya no son más mis compañeros.

 

Dulce Ruiz

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Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. La vida nos pone siempre a prueba, te felicito tú saliste victoriosa.Muy bonita historia.

  2. Jose Can

    Me ilustraste con una nueva palabra.. fibromialgia… Me gusto tu texto.. la referencia del panqué me asintió…

    1. Sí, que bueno que te gustó, trate de hacer una analogía con el panqué para conectar. Gracias por leerme.

  3. romina

    Muy bien argumento (corregir redacción) y desarrollo. En el texto dejaste de lado la conexión, no solo decir, hacer sentir.

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