Reto 11. El pulgar.

Argumento

   Falta una semana para el torneo estatal de karate y Omar ha estado entrenando arduamente para estar en forma, pero tres días antes, una patada desviada le provoca un esguince en el pulgar que solo él nota. Ahora debe decidir si arriesgarse a participar en esa condición o informarle al médico y perder su oportunidad en la competencia.

Trama

   -ENTRENAMIENTO. Doy mi máximo esfuerzo el último día de prácticas antes del torneo.

   -PATADA. Una patada mal dirigida impacta contra mi dedo pulgar, causando que se esguince.

   -DOLOR. Sentí que algo andaba mal con mi dedo pulgar, pero no quería decir nada al respecto.

   -DILEMA. Tuve que decidir decir la verdad, arriesgando mi participación en el torneo.

   -REMEDIO. Logré que el doctor me permita participar con ayuda de un tratamiento y cuidado extremo. Quedé en cuarto lugar.

Desarrollo

    El torneo estatal de karate estaba a solamente tres días. Era la primera vez que contaba con la edad y rango suficiente para participar. Mi condición física se encontraba al máximo pues llevaba semanas de arduo entrenamiento.

   Estábamos en el último día de prácticas y la clase estaba por acabar. Mientras practicaba combate libre con mi compañero, pasó lo peor cuando recibí una de sus patadas. Tal vez fueron los nervios la ansiedad la que me robó la concentración, tenía mi mano en una posición equivocada y al recibir el impacto sentí un estirón en la zona de mi dedo pulgar izquierdo.

   No dije nada. No podía decir nada. Tuve que reprimir las millones de punzadas que sentía en ese momento. “Si dices algo nada de esto habrá servido”, era lo único que cruzaba por mi mente. Pretendí estar bien el mayor tiempo que tuve pero al llegar a mi casa y sentir que el dolor no menguaba supe que tenía que tomar una decisión.

   Si participaba en ese estado me arriesgaba a una herida mayor con consecuencias potencialmente graves, pero si acudía al médico, todos esos meses de entrenamiento y acondicionamiento habrían sido en balde. Al final la decisión más lógica era simple: siempre habrá otro torneo, pero nunca habrá una mano de repuesto.

   Acudí al consultorio más cercano. Mi cuerpo estaba adolorido pero mi mente seguía optimista. Durante unos largos cuarenta y cinco minutos me dediqué a contarle la situación al médico y argumentarle de todas las maneras posibles que era necesario que participara en el torneo. Accedió a regañadientes con tres condiciones: debía seguir su tratamiento, evitar usar mi mano izquierda y salirme si sentía que no podía continuar.

   Tres días más tarde, anunciaron a los ganadores al finalizar el torneo. Ocupé el cuarto puesto. Y con una mano prácticamente incapacitada. Fue la mejor motivación que pude haber tenido para regresar el año siguiente; lo gracioso es que no lo hice, no me gustaba el karate, estaba ahí por orden médica. Y fue una misma orden médica la que me impidió llegar más alto. Pulgar abajo para la medicina, supongo.

Omar Araujo

oaeska
Author: oaeska

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Bien argumento y trama, en el relato no olvides la conexión.

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