RETO 11 ARGUMENTO Y TRAMA: EL DESMAYO

ARGUMENTO

Alberto, un estudiante de Ciencias Jurídicas sufre un accidente que sólo fue la válvula de escape de una enfermedad en su cerebro, todos sus planes quedan en pausa, y ahora tiene que enfrentarse al padecimiento e incluso a la posibilidad de morir.

TRAMA

EL ACCIDENTE: Alberto se encuentra en el Juzgado de  Tejutla, allí tiene mareos y náuseas, sufre un desmayo.

CENTRO DE SALUD: Al caer desmayado tiene una herida en la ceja izquierda, es llevado al Centro de Salud  donde le suturan la herida y le recetan fármacos.

CICATRÍZ: La herida deja una cicatriz en la ceja izquierda de Alberto, misma que lo acompañara el resto de su vida.

FARMACOS: Los fármacos recetados por el Médico no son efectivos,  pasan el tiempo y los síntomas no desaparecen en la vida de Alberto.

CITA MÉDICA: Alberto acude nuevamente al Médico, quien  le da una orden para realizar una resonancia magnética.

EL DIAGNOSTICO: El Médico al realizar una evaluación a las conclusiones de la Resonancia Magnética, le diagnostica Atrofia Cervical, que le ocasionaría probablemente convulsiones.

ANSIEDAD: Luego de varios meses sin tener ninguna mejora, Alberto desea morir, y una noche siente la ansiedad de estar a punto de morir.

EL SUEÑO: Clama a Dios por su sanidad y tiene un sueño en la noche que es el parte aguas para su recuperación.   

EL DESARROLLO

El cielo estaba nublado, era una mañana fría, el calendario marcaba la fecha doce de septiembre de dos mil diecisiete,  me encontraba en el Juzgado de Tejutla (Municipio cercano al lugar en donde vivo), realizando diligencias de trabajo,  como estudiante de ciencias Jurídicas era necesario conocer el quehacer de un abogado.

Estaba sentado en la sala de espera, me sentí mareado,  por lo que decidí ir a la entrada de juzgado  y respirar para oxigenar mi cerebro. Al salir sentí náusea, creía que iba a vomitar,  me incline hacia adelante y puse mis manos sobre las rodillas, es el último recuerdo que tengo antes que me desmayara, por algunos minutos estuve inconsciente,  al reaccionar, las personas empezaron a rodearme y uno de ellos me alcanzó un pañuelo, pues el golpe de la caída provocó una herida, y la sangre vertía de la parte superior de mi ceja izquierda cubriéndome el rostro, posteriormente me trasladaron al Centro de Salud donde me suturaron la herida, misma que al sanar dejo una cicatriz y me dieron una receta de medicamentos para tomar.

                      Pasaban los días, el mareo y las náuseas no cedían a pesar de tomar al pie de la letra los fármacos que me habían recetado, por lo que acudí nuevamente al médico, el cual me recomendó realizar una resonancia magnética, la que reveló un problema en mi cerebro, resulta que padecía de una atrofia cervical,  la que debió ocasionarme problemas en mi desarrollo físico pero por alguna razón no lo hizo y llegué a tener una estatura promedio, la peor parte era  la  alta probabilidad que el resto de mi vida podría tener convulsiones, por lo que debía prepararme para enfrentar la vida con ese padecimiento. 

           Para un joven de veintitrés años que estaba buscando sus sueños y anhelos, no era normal hablar de padecer enfermedades, ni mucho menos en la posibilidad de morir, todo en mi vida cambió, empecé a valorar la salud, a tu familia, amigos, disfrutas el presente como si no hubiera mañana, vivía un día a la vez y agradecía a Dios por las cosas que a antes daba por sentado.

                  Tras varios meses de tratamiento sin ninguna mejoría, me desesperé y  llegué a desear la muerte, creía que  no valía la pena seguir viviendo, pero fueron dos noches las que cambiaron mi forma de pensar y de vivir.

        La primera noche, horas después de tomar un medicamento, sentía mi cuerpo pesado y sin poder moverme, al extremo que mi hermano César tuvo que llevarme cargado a mi dormitorio, sentía que me quedaban pocos minutos de vida, la ansiedad se había apoderado de mí, recuerdo que empecé a llorar y a pedirle perdón a Dios por haber deseado morir, le suplicaba el poder seguir viviendo, en ese instante una paz me envolvió y pude conciliar el sueño.  

     Después de varios meses de clamar a Dios por la restauración de mi salud,  una noche estando dormido soñé que alguien se acercaba y ponía su mano sobre mí, un fuego recorría desde mi cabeza hasta la espalda, desperté sudando, esa fue la segunda noche que marcó mi vida, pues fue el inicio de mi recuperación, no fue instantáneo pero esa noche fue el parte aguas para que meses después  los síntomas desaparecieran y  poco a poco me recuperé.

 

        Hoy tres años más tarde, a pocos pasos de culminar mi carrera universitaria, soy una persona distinta, pues cada vez que me miro en el espejo veo una cicatriz en mi ceja, que me recuerda lo bueno que es vivir, la importancia de disfrutar la salud y sobre todo que ya obtuvo el mejor título que alguien puede anhelar, el título de ser Hijo de Dios.

 

 

jamdeleon517
Author: jamdeleon517

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. David Gómez

    ¡Excelente historia, felicidades!

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