Reto 10: No terminó.

Era la mitad del año y en definitiva no me podía quejar. La ansiedad e incertidumbre de que el 2000 iniciaría con una crisis informática, desastres naturales y fenómenos apocalípticos se habían desvanecido hace meses. Asistía a mi segundo año de secundaria, y por el contrario, podía sentirse el calor del sol sobre la piel, el vigor del viento y la compañía del azul del cielo la mayor parte del tiempo. Esto sobre todo por las tardes, cuando asistía a mis primeras clases de música.

El curso de la vida se dejaba variar levemente. Mis amigos y yo nos divertíamos produciendo sonidos de cuerdas, presionando el piano, rasgando la guitarra y afinando la percusión y las trompetas en cuanto el profesor nos daba oportunidad. Copiábamos el rock, cumbias y merengues que sonaban por la radio en esos días en medio de risas, imitaciones y coreografías improvisadas con las que buscábamos atraer la atención de nuestras compañeras de estudio, que por esos días nos empezaban a parecer más atractivas que de costumbre. Estudiábamos sonriendo y conversando con ellas en las clases matutinas mucho más que en los años anteriores, mientras que por las tardes era común reunirnos en la casa de algún amigo para realizar los trabajos encargados, dado que no había reuniones virtuales y el internet era un fenómeno que apenas empezaba a probarse. Las calles eran más seguras en ese entonces y a veces era necesario caminar, pues los autos particulares eran un lujo que pocos se podían dar.

Sin embargo, movernos no era problema. En las caminatas con los amigos los refrescos, las risas, los dulces y la buena compañía bastaban. Las pistas y veredas urbanas eran un poco más angostas y estaban descongestionadas la mayor parte del tiempo, adornadas eventualmente con puestos de diarios que mostraban en sus encabezados la conmoción política por supuestos casos de corrupción en el país. Una vez en casa ajena debíamos cumplir con las asignaciones de la escuela para mantener las calificaciones, a veces en medio de conversaciones, bromas y chascarrillos disimulados para no ser regañados. Apenas concluidas las labores era posible jugar o compartir alguna bebida, aprovechando la oportunidad para darnos a conocer y entablar amistad en especial con las muchachas, con quienes nos empezábamos a sentir más animados, experimentando quizás los indicios de algún enamoramiento incipiente y una solapada competencia entre nosotros. Era necesario convivir para conocer bien a alguien, puesto que no existían los celulares y una vez en casa el uso de los teléfonos fijos era restringido. En caso de tener algún retraso por la calle teníamos que usar un teléfono público para avisar a nuestras familias, no preocupar a nuestros padres y de paso evitar algún castigo.

El 2000, la música y los amigos de la época pasaron con el transcurrir de los meses. No, el mundo no se acabó. A decir verdad, en mi mundo, muchas cosas apenas comenzaron.

Eduardo Burgos Ruidías.

burgos2099
Author: burgos2099

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    EL contexto muy bien, solo algunos errores en la redacción.

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