Reto 10: “El Cielo”

EL CIELO

12 de febrero del año 2019, con sus cabellos teñidos de naranja y su suéter rojo, iba montado en la parte trasera de una camioneta 4×4. ¿Su destino? La reserva de la Biósfera “El Cielo” en Gómez Farías, Tamaulipas.

En noviembre del año 2018 había decidido junto a su amiga cibernética que conocería México, así que con los preparativos necesarios, emprendió el recorrido más largo de su vida y fue en el mes de febrero del 2019 que en el puerto de Tampico tuvo lugar un encuentro intercultural entre Ungyu ciudadano sur-coreano y Kat su mejor amiga.

Antes de su llegada, había memorizado muy bien algunas frases básicas del español, pues era bien conocido para el mundo que el país que visitaba era rico en cultura y tradiciones pero falto en educación; era cierto que sería difícil encontrar a muchos con quien sostener una conversación en inglés o en coreano. 

En aquélla época México tenía un nuevo presidente a quien las multitudes llamaban AMLO y al ser un presidente de izquierda las noticias relacionadas con él eran controversiales. Donald Trump el presidente de Estados Unidos de América, había manifestado que construiría un muro en las fronteras con México para evitar que cualquier extranjero atravesara de manera ilegal a su territorio, por lo que algunos centroamericanos que transitaban largos viacrucis, se quedaban varados a la mitad de conseguir su “Sueño Americano”.

Referente a la economía, México frente al mundo estaba clasificado como un país en vías de desarrollo, con una situación de pobreza en su población y un estancamiento en la productividad, se hablaba de que era culpa del gobierno y de la corrupción, pero a sus ojos, el pueblo Mexicano no hacía más por cambiar el rumbo de su nación.

Estudió un tema que le preocupaba más: la delincuencia. Sabía que sería bien recibido, pero era obvio que su aspecto de extranjero lo hacía un blanco perfecto para una extorsión, asalto a mano armada o secuestro… Sus padres le habían advertido lo que en las noticias internacionales gritaban, que en México los traficantes de drogas peleaban entre ellos y que no se conformaban con disputarse lugares de venta, sino que torturaban, desmembraban y dejaban los cadáveres de sus víctimas en la vía pública.

Decidió tomar el riesgo. Junto a su amiga partieron en un autobús de viaje. Transbordaron en otra pequeña ciudad en donde montarían una camioneta especial para llegar a la biósfera. Entonces iba ahí, montado en la parte trasera de una 4×4, con unos lentes oscuros que ocultaban sus ojos pequeños, atreviéndose entre las veredas de lo desconocido y con sus cabellos naranjas ondeantes entre el viento frío. El camino era espectacular, empedrado, lleno de árboles que enverdecían el entorno y que contrastaban con el Cielo grisáceo de invierno. “¡Nada que ver con Seúl!” decía asombrado.

Después de un par de horas de trastabilleo llegaron al poblado “Alta cima”, donde a los alrededores había grandes campos y montones de cabañas pintorescas, rodeadas por vallas de madera, en donde entre terreno y terreno se observaban vacas, becerros y caballos, y era impresionante para él, como vivir una película en una granja.

Todo era casi perfecto, las emociones, la compañía, el olor del bosque, el frío de febrero, la fogata en la que hirvieron café y asaron bombones, el contacto con la aventura… pero había algo que le robaba la paz: ¡ausencia de tecnología!

Por la noche, sentados sobre un gran roca y con un cobertor encima, él se llevó los dedos a la boca y comenzó a morderse las uñas, preguntó nervioso a Kat si era posible vivir así, sin luz eléctrica, sin Internet, sin comunicación con el mundo. Ella sonrió, trató de encontrar las estrellas, dio un sorbo a su café y le dijo: “amigo mío, sé feliz y entra en contacto contigo”. Imitó el gesto de su amiga, con la cabeza hacia atrás recordó que desde que la conoció había quedado encantado con su personalidad enigmática y sabia.

Veinticuatro horas duró la experiencia en el bosque, que si bien a comparación de su vida en Seúl habían sido austeras, anhelaba con nostalgia volver a vivir en la cabañuela, pues aunque en el Cielo no había la gran tecnología, se había enamorado de México salvaje, y a partir de ese instante y para siempre esa nación de América sería su recuerdo más preciado.

Katia Mava

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katimav
Author: katimav

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Salma

    Me gustó cómo no narraste la historia desde tu perspectiva, sino en tercera persona. Creo que lograste dar un contexto muy detallado del país y cómo lo podría ver un extranjero, ya que al vivir aquí a veces lo minimizamos. Gracias por compartirla.

  2. romina

    Kat,
    creo que confundiste el PG. La idea es buena, pero recuerda que la protagonista debías ser tú. Debía ser tu mejor año… Y eso no lo veo reflejado.
    EN cuanto a redacción, vamos ahora a exigirnos más en corrección.

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