Reto 1. Destinatario Real. “La luz de la esperanza”

Reto 1: Destinatario Real. “La luz de la esperanza”

El miércoles 11 de diciembre del año 2019, pasadas las 7 de la noche, me encontraba en el esplendor del musical “El cascanueces”, disfrutaba tanto el espectáculo y también la compañía. Sabía que afuera el mundo adolecía por la ambición de una élite, hambre y violencia, pero egoístamente quería ser feliz mientras escuchaba las notas matizadas de ese clásico. ¿Cómo habríamos de saber que meses adelante viviríamos una atroz enfermedad mundial? Hoy valoro tanto la libertad de esa noche, y deseo con toda mi alma volver a ese momento, en el que estaba enamorada, emocionada e ignorante de la situación que sobrevendría.  Estoy tan expectante, impactada y ansiosa como tú. Me duele la soledad del encierro, me carcome el silencio por las tardes, la incertidumbre del futuro me causas desesperación.

Y ante todo esto déjame preguntarte ¿cómo estás?, ¿viva? Me da gusto. ¿Cuidando de tu encierro? Te felicito. Pero más allá de eso, me refiero a realmente ¿cómo estás? ¿Preocupada por los padecimientos que te aquejan? ¿Por las estadísticas mundiales del virus? ¿Por la economía familiar? ¿Por ir a surtir la despensa? No. Estás angustiada porque tus hijos puedan enfermar y lo sé, lo veo en tus ojos nublados, en el temblor de tus dedos, en tu inseguridad al caminar. Sé que aunque haces tus actividades diarias, tu mente está en una plegaria eterna, en una súplica de amor hacia los tuyos y pides ferviente que Dios los proteja de todo mal.

Pues bien, déjame decirte algo con el corazón en la mano, desde este sitio donde escribo, acompaño tu sincera oración y ruego al Cielo que te ofrezca consuelo. ¿Sabes algo? De recuerdos se compone la existencia y aunque en este momento estamos en época de encierro, has de coincidir conmigo en que para el amor no hay barreras y tu pensamiento como el mío vuelan y se conectan con tus hijos, con mis padres, con los más puros cariños. Firmemente sostengo esto: si te pienso, te recuerdo y un recuerdo me lleva a otro y a otro y a tejer una frazada de tu risa, de tus palabras, de tus ojos. Siento tu presencia, te necesito a mi lado para abrazarte, para decirte cuánto te amo.

Anda inténtalo, crea tu frazada, cubre tu alma temerosa, arropa tu cuerpo con el calor de la memoria, deja que la emoción te llene, deja que las partículas de amor fluyan dentro de tu cuerpecito y salgan hacia el horizonte para que alcancen a los tuyos en la distancia. Si puedes ver una luz desde tu ventana, guárdala en tus ojos, dale un respiro a tu agitada plegaria porque te prometo que esto no es para siempre y que el día menos pensado volveremos a vernos y a intercambiar abrazos sentidos y lágrimas de alivio. Con tus manos en el pecho pronuncia música para tus oídos, llama a tus retoños, cántales dulcemente, di con tu convicción de madre que Dios nos guarda, porque Él nos cuida, porque Él nos ama.

Madre, de hijos biológicos o de crianza, no desfallezcas en miedo y enséñanos con tu temple y sabiduría la luz de la esperanza, esa que nace en tus entrañas, que ilumina siempre tu figura y te forra de serenidad y bondad aún en medio de cualquier adversidad, la luz que nace de tus comisuras después de ver la fotografía de tus amores que se transforma en sonrisa y que alumbra más que cualquier alba. Madre, haz que surja un nuevo brote, un brote de esperanza, desde el fondo de tu ser hasta el último rincón en la faz de la Tierra.

Katia Mava

katimav
Author: katimav

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. marco1okasmi

    Me gusto mucho leer todo esto que escribiste. tiene mucho sentimiento.

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