Reto 06

Una segunda carta, amigo. Otra conversación aplazada, una nueva bebida pendiente, otro plazo por cumplirse…

Dhierich, ¿te digo algo? A mí también me engañaron.

Han pasado varios años. Ella había dicho que sí varios meses antes, que quería estar conmigo, que seríamos más que amigos… Fueron días en los que creí que la perfección existía: la energía en el cuerpo, los días soleados, la alegría en el pecho y la sonrisa en los labios… Pero el optimismo duró poco y la borrasca no tardó en levantarse. La balsa en la que navegábamos se hundía y yo no me di cuenta hasta que me estuve ahogando en mis propias lágrimas. Tuve el disgusto de ser arrojado al abismo de los traicionados por la que debería haber sido mi incondicional compañera. La promesa implícita de exclusividad de nuestro noviazgo se empañó y fracturó, y con ella una parte mía que pensé que nunca se podría afectar.

Poco a poco los días se tornaban opacos en la relación. Ella apenas hablaba, su gesto era más triste con el transcurrir de las tardes y su sonrisa ya no brillaba como lo hacía antes. Los mensajes en su celular se hacían más comunes y el extraño remitente no podía ser yo, que en esos años me movía en bicicleta y ni siquiera tenía un artefacto como esos. Su tacto era frío y su mirada distante, hasta que se animó a dar la estocada que tanto temía: necesitaba tiempo, era mejor estar solos, que no me preocupara, que el problema no era yo… Mordí los labios y aguanté las lágrimas. Pedí tiempo pero se había acabado, opción para corregir mis errores pero había sido todo. Caminé a casa con la noche a cuestas y una mano invisible estrangulando mi garganta. En las calles las lágrimas me quemaban los ojos. No podía derramarlas frente a mi barrio o amigos. En mi cuarto al fin pude fracturarme, asimilar el golpe y buscar explicaciones. Nunca me dijo la verdadera causa. Yo no era perfecto, lo tenía claro, pero al menos hacía mi mejor esfuerzo.

Cumplí con el pesado acuerdo a partir del día siguiente sin saber que se trataba de un trato unilateral. A los pocos días la pude ver con mi relevo y hasta entonces supe a fondo la verdadera causa. Vaya desengaño, amigo, era el despertar a una realidad que no hubiera querido saber, a un dolor que no hubiera querido experimentar. Un aire caliente me robaba el aliento y la presión sobre mi cabeza iba subiendo de matiz. No era yo, como había dicho, siempre había sido otro… Al menos en eso fue sincera, en que me había engañado.

Lo sé, amigo, porque la infidelidad no inicia cuando tienes una relación “formal” con alguien más, es seguro que lo sabes. Inicia desde la intención, el pensamiento, el corazón… En la intimidad de la mente que acaricia fantasías y deseos diferentes a los de la pareja con la que todavía “está”. Sí, Dhierich, me atrevo a usar las comillas al escribir “está” porque el corazón vuela a manos de alguien más, dejándote nada más que un puro cascarón de carne que no tardará en irse con su otra fatua elección.

Acaricié ese frío cascarón durante semanas, ¡quién sabe si acaso no fueron meses…!, sin saber que su esencia era ya ajena, que tal vez al besarme pensaba en otro, que tal vez esperaba a que yo me fuera, noche a noche, para por fin tener la cita que verdaderamente esperaba.

Las semanas pasaron… ¿Lloré? Varios días. ¿Dolió? Ya conoces la respuesta: un vació en el ser que parece imposible de ser cubierto, un dolor en el alma que comprime el pecho y enturbia la mente. Hablamos el mismo idioma, te ha pasado lo mismo: hemos atravesado el mismo valle y combatido a los mismos demonios.

Pero con el tiempo toda herida cicatriza. Incluso una sangre enferma, como la mía, tiene la capacidad de hacerlo. Me enfoqué en los estudios, en los amigos, en la música. Dejé que los números inundaran mi cabeza y que mi guitarra permitiera desahogarse a mis vacías manos. Me refugié en los cálculos y en la comprensión de los principios que cimentaron las bases de mi carrera de ingeniería. Ocupé mis labios en aprender un nuevo idioma y me hice celoso vigilante de mis pensamientos para afianzarme en el presente, para aprender que el amor es una decisión consciente, que podía sanar y por tanto volver a amar. Enterré con dolor su recuerdo asfixiante y con la ayuda del Padre que ambos conocemos la perdoné y liberé. La vida siguió su curso, la universidad y el trabajo. Una nueva compañera llegó a mi vida y con ella el equilibrio de una relación complementaria, de una embarcación en la que ambos remamos juntos, de una aventura que aún no llega a su término.

Mi buen amigo, seguro que en cuanto todo esto pase, tendremos un buen pretexto para buscar la manera de volvernos a encontrar.

Eduardo Burgos Ruidías.

burgos2099
Author: burgos2099

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. romina

    La redacción muy bien, solo cuida la concordancia, hay algunos problemas en ello. Si responde al reto, pero ten presente que un pasado significativo en un personaje de novela es algo que explique alguna reacción o manera de ser del hoy.

  2. Me encantó, pude sentir el dolor entre líneas. Me alegro que hallas soltado eso doloroso y encontrado un nuevo amor.

  3. Amigo, cuando leo estas cartas que me dedicas, no dejo de pensar en ese clic que dimos, el que hicimos esa noche al conversar libremente y sin tacharnos. Esa noche en Guadalajara donde comprendí que en ti, ya había encontrado un gran amigo sin buscarlo. Conocemos ese amargo sabor que deja la traición del ser que amamos, pero también hemos conocido la dicha de perdonar y dejar el temor para volver a amar.

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