Reto 06 RubenMendez

Y al final llore

Hola ¡Alexandra Tomalá!

 

Nuevamente vengo a ti Alexandra, por la confianza que me has dado y como te decía…

 

Esa noche por primera vez la vi llorar, a mi madre la vi llorar. Había oscurecido, la tv estaba apagada, y había un silencio total. La mesa después de la cocina solida y triste, con el frutero vacío. Esa noche no cenamos juntos como solíamos hacerlo. Mi padre había salido del país por la enfermedad que lo estaba acabando lentamente, y por los gastos tan altos tuvo que regresar a México. Mi padre por primera vez no estaba con nosotros, pero no te quiero hablar de él. 

 

Mi hermana en brazos de mi madre, su carita sudaba por la fiebre que la encerraba, tal vez por el dolor que no soportaba y sin mi padre todo era peor. En ese momento pude ver las lagrimas de mi madre, por primera vez, no sabía que hacer, no sabía que decir, su suspiro era lento y me martirizaba. Tenía muchas emociones encontradas y sin saber que hacer. No podía hablar, no sabía que decir, ni mucho menos podía abrazarla por que sus lagrimas me destrozaban por dentro, y me aterrorizaba. Me fui a mi recamara, atónito, confundido, serré la puerta y en mi soledad lloré hasta mas no poder, en el estomago sentía un dolor por la tristeza que me agobiaba. 

 

El atardecer ya no era igual, sentía que el sol se desaparecía mas lento que de lo habitual. Teníamos que cenar, recuerdo la misma olla de lentejas que habíamos comido por dos días, pero no era suficiente para los cuatro, y recordé la analogía de la señora viuda que le dijo al profeta Isaías: “donde comen dos, comen tres”y le agregué mas agua y sí, pudimos comer todos. La sopa tenía un sabor a dolor, tenia un sabor a nada. No podía seguir con todo este martirio, tenía que hacer algo, no podía quedarme sentado, esperando en la nada. En las vacaciones del primer año de secundaria que cursaba, decidí irme a otra ciudad con mi amigo Jorge, para poder trabajar, pero por mi corta edad no me podían dar trabajo, pero no me di por vencido. El amor que sentía por mi madre era mas grande que por mi propio ser. Sabía que no podía seguir lamentándome, no podía ver a mi madre sufrir por que me partía el alma. Aun recuerdo caminar por las calles de la ciudad solo y sin nada. Después de varias semanas fuera de casa, regresé. Los zapatos que le compré a mi madre, con una gran sonrisa los recibió.

 

Ahora vivimos mas unidos, intento estar en comunicación a diario con mi madre y cuando la llamo me contesta con un; ¿Cómo estas?Y le sigue de; ¿Qué cenaste hoy? ¡lentejas! con una sonrisa le contesto. 

 

Ahora levanto la mirada y atreves de mi ventana observo la luna, ¿la puedes ver?¡Es la mas grande y brillante del año! Mas allá esta Dios, quien me acompaña en mi caminar por el mundo. Ahora soy mas fuerte, ese momento me cautivó, ese momento me formó como lo que ahora soy.  Siempre quiero saber que ella esta bien. La extraño, la amo. Es mi razón de ser.

 

¡No sabes cuanto agradezco tu confianza Alexandra;

 me tengo que ir, mi trabajo me espera!

 

Ruben Mendez

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Author: Ruben Mendez

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