RETO 04 – DESFILE ESCOLAR

Cómo olvidar aquella mañana de invierno en la ciudad de Chimbote, yo cursaba cuarto grado de secundaria y casi todos los colegios estaban preparados para participar del desfile por fiestas patrias de mi país, todos estábamos entusiasmados por ganar el concurso de “la mejor escolta y el mejor batallón” de la ciudad.

Mi país se vestía de rojo y blanco, sí, todas las casas llevaban en la parte exterior una bandera con estos colores, colores que representan nuestra lucha por la independencia, todas las familias ansiosas esperando 28 de julio, para ver por televisión la transmisión del desfile militar de las fuerzas armadas desde la capital del Perú.

En Chimbote, el desfile de los colegios siempre se realiza dos días antes del día central (28 de julio) y el requisito para el concurso es que cuenten con una escolta de 6 alumnos, seguida de 3 brigadieres y un batallón de 66 alumnos (6 filas y 11 columnas).

 Mi colegio tenía 6 años de creación y nunca habíamos participado en este tipo de concurso más que en matemáticas, era pequeño en su estructura y sólo tenía 5 salones de secundaria, mejor dicho una sección por cada año, uno de primer año de secundaria, uno de segundo año de secundaria y así sucesivamente hasta quinto año; los salones tenían entre 15 a 20 alumnos, en total éramos menos de 100 alumnos de secundaria, ¿Te imaginas? Si íbamos a desfilar, teníamos que participar casi todos, esto era emocionante pero a la vez muy retador.

Recuerdo que todas las tardes del mes de junio y julio, dos horas antes de la hora de salida, un instructor nos llevaba a todos los alumnos del nivel secundario a un lugar amplio y despejado, ubicado a unas cuadras de mi colegio, cerca de un boulevard; allí estábamos todos uniformados, ordenados por estatura, sudando, acalorados y cantando “uno, dos, tres, cuatro” mientras aprendíamos a desfilar, estirando bien los brazos y levantando bien alto la pierna sin doblarla, debo confesar que al comienzo no todos lo hacían bien, esto no parecía desfile sino un campo de baile y era muy gracioso, pero teníamos ese reto que todos teníamos que hacerlo bien porque a comparación de otros colegios emblemáticos de la ciudad, mi colegio no contaba con miles de alumnos para fácilmente escoger a los mejores desfilando.

Llegó esa mañana del 26 de julio, teníamos que reunirnos muy temprano donde estudiábamos, yo veía llegar a mis compañeros, mujeres y varones bien acicalados, con nuestra camisa blanca, saco azul, zapatos negros con medias azules, guantes blancos, además los varones con pantalón gris y corbata roja, las mujeres de falda gris, pañoleta roja y con trenza francesa, ni un cabello se cruzaba por nuestros rostros, esa era la indicación para concursar, en ese momento de reunirnos todos nos encontrábamos risueños, pues era una nueva aventura.

Mis compañeros, profesores, director y yo, salimos del colegio en dirección a nuestra ubicación marcada por el comité organizador del desfile, nos tocó pararnos a tres cuadras de la plaza de armas de Chimbote, lugar donde nos esperaba el estrado con el alcalde del distrito junto a sus regidores, representantes de la marina de guerra del Perú, representantes de la policía de la ciudad y el comité organizador, estos personajes hacían que el momento sea único.

Allí ubicados, empezamos a mirar hacia otras escoltas y batallones, ellos tenían muchos estandartes por haber ganado concursos anteriores, en otras palabras tenían experiencia, nosotros allí, simples principiantes, pero con el corazón deseoso de competir y dar lo mejor de sí.

Seguimos avanzando mientras los batallones oponentes ubicados delante de nosotros participaban, luego de varios minutos de espera llegó nuestro turno, empecé a sentir como latía fuerte mi corazón y cómo sudaba mi frente y espalda aunque era invierno; ¡Qué emoción¡, íbamos a desfilar frente a los que estaban en el estrado y también frente a miles de ciudadanos ubicados alrededor de la gran pista por donde pasaríamos; empezó una banda a tocar, el sonido del bombo retumbaba en mis oídos rítmicamente y el “uno, dos, tres, cuatro” pasaba por mi cabeza, estoy segura que a mis compañeros les pasaba lo mismo, sentía la vibra de todos, era como estar conectados, estábamos todos juntos en esto e íbamos a dar la cara con orgullo por nuestro colegio.

Primero, pasó frente al estrado el director con algunos de mis profesores, llevando una banderola y en ella letra doradas que decían “Institución Educativa Privada Dewey W. Hawking”; seguido de ellos la escolta de seis alumnos, los más altos de mi colegio que desfilaban bien erguidos, parecían destrozar el piso en cada pisada; detrás, les siguieron los tres brigadieres con sus bastones blancos realizando su coreografía mientras desfilaban, llevaban el bastón a su costado derecho, luego lo elevaban y también lo colocaban diagonalmente a ellos, esto era digno de aplaudir; después de unos minutos llegó el momento más esperado para mí, sí, nos tocaba al batallón, yo estaba al costado izquierdo de la quinta columna y mi trabajo era dirigir a todos los de mi columna, marcándoles la distancia con respecto a los compañeros que desfilaban delante de nosotros; empecé a ruborizarme, sí, mis mejillas estaban muy rojas y temblorosas, había mucha gente aplaudiendo, haciendo barra, animándonos; y el “uno, dos, tres y cuatro” en cada pisada, recuerdo que miraba de reojo a los de mi columna y entre dientes les decía “no se adelanten, síganme”, era muy emocionante todo esto, llevar nuestra espalda recta, ver nuestras piernas elevándose una y otra vez haciendo un ángulo de noventa grados con nuestra cadera y ponerle sentimiento en cada pasar; en medio de las voces de los ciudadanos, vinieron los rostros de mamá y papá sabía que estaban entre ellos, así que me empecé a esmerarme más, para que con orgullo me miraran, y ahí seguíamos avanzando nosotros, los principiantes, entregando el alma, tal vez algunos con algún error en el intento, pero con el alma en cada pisar, no ganamos el concurso de desfile, pero aquella mañana quedó atesorado en mí, el trabajo en equipo siempre te traerá satisfacción, porque aunque no se logre la meta en la primera, la entrega a plenitud siempre te hará feliz.

Atte. Margarita.

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Author: margarita8_04

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Recuerda la ley del buen escritor, el que importa es el lector. Tu texto se nota que te trae a ti un gran recuerdo y momento, pero ¿crees que el lector lo vive igual?

    1. romina

      Está bien escrito, pero me refiero al PG del reto.

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