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¿Rendirse?, ¡No!

Hay una canción de Andy & Lucas que dice “…a veces la miro y lloro y lloro, pensando en que pudo y no fue al final…”, cada vez que la escucho me pongo a pensar…¿qué tan fuerte puede caer una idealización tan perfecta de la relación? ¿O que tan espantoso puede ser el horror de un amor frustrado?, ¡yo lo sé!
Todo iba tan bien, perfecto al parecer, mientras disfrutábamos la felicidad de aquel sentimiento mutuo…fue como sentir de repente que aquella fortaleza que habíamos estado construyendo juntos se derrumbaba por una fuerza aparentemente mayor; que aquel árbol que había crecido junto a nuestros sentimientos, fuera cortado por el hacha de la incomprensión, la apatía y terquedad , y arrojado sin más al fuego, y ahora, mientras mi corazón atraviesa por un desierto helado, sin hallar ningún oasis de calor en él, pienso en ti, en lo felices que estaríamos justo ahora, pero sin embargo, estamos ambos ahora tratando de borrar lo que con tinta indeleble escribimos, y yo, mientras camuflo mis sentimientos con mi rutinaria vida de estudiante, saludo a mis compañeros con la “alegría” que me caracteriza, con una sonrisa tan forzada y vacía, y mientras recibo consejos inmaduros, infantiles, sin verdadero matiz de ayuda, por parte de gente que no comprende en lo más mínimo todo lo que estoy sintiendo, pienso en ti, en la incertidumbre que me azota al pensar que todo acabó, que cada uno tiende un camino por delante, y tengo miedo de pensar que tu camino se aleje cada vez más del mío.
Pero ¿sabes? ¡Estoy cansado! No puedo vivir así, no puedo concebir un futuro sin sentir tu calor junto a mí, sé que no conseguiré sacarte de mis pensamientos, sé que estarás presente en mi corazón siempre, que cada latido que me permite vivir, emitirá ecos con tu nombre haciendo así miserable mi vida, y por eso mismo, sé que no debo dejarte ir, porque me he dado cuenta que necesito amarte, necesito esa fuerza que sólo tú puedes darme, que no importa las circunstancias, tu siempre estarás presente en lo más profundo de mi ser, que soy feliz cuando imagino mi vida y tú estás en ella, ¡sí!, yo necesito amarte…y tu necesitas amarme, no puedes vivir en la soledad a la que las circunstancias quieren encerrarte, ven princesa, toma mi mano y afrontamos juntos todo esto, ven conmigo y le demostraremos al mundo que podemos luchar por nuestro Amor, ¡y vencer! Que no importa la situación que nos quiera separar, las raíces del amor que sembramos y regamos por mucho tiempo están tan fuertes que no habrá ninguna cosa que pueda destruirla.
¡No me rendiré princesa!, ¡no debemos hacerlo!, la chispa de aquel grande amor que vivimos sigue muy encendida en mí, y sé que también está en ti, y mientras permanezca eso, la esperanza perdurará, las fuerzas para seguir luchando se renovarán, y así, así el amor florecerá nuevamente, y luego en unos años, mientras descansemos bajo la sombra de aquel árbol tan grande, fuerte y verde, ambos nos reiremos al recordar nuestra historia, y con aquella voz tan dulce, capaz de sanar hasta las más profundas heridas me dirás:
– ¿Recuerdas?, casi nos dejamos vencer por las circunstancias-
Y yo, con aquella mirada hacia el cielo infinito y una sonrisa naciente, tanto por los recuerdos, por lo que vivo, y por lo que seguiré viviendo, tomaré tu mano, te miraré a los ojos y diré:
-Sí, ¡qué suerte que reaccionamos a tiempo! –

Acerca del autor: Luis Bolívar

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