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Regalos de la Navidad

El frío quemaba diciembre con neblinas ásperas, un diciembre triste y gris para los soldados de la base aérea militar.

Víctor y Román, dos Pilotos Aviadores recién egresados que por mala fortuna les toco la guardia en Noche Buena, hicieron un par de llamadas a sus familiares lamentando no estar con ellos este día tan especial. Terminando sus llamadas fueron a sus puestos. Víctor le dijo a Román:

—He hablado con mi esposa; me ha dicho que mis hijos están deprimidos porque no estaré con ellos en Navidad. Tenían la esperanza de que llegaría a cenar; inclusive me han puesto algunos regalos en el árbol, regalos que estaban ansiosos por darme ya que fueron elegidos por ellos —hizo una pausa sollozando— ¡vaya! Que agonía la nuestra.

—Yo he hablado con mis padres y mis abuelos, reunidos otra vez en la casa después de hace mucho tiempo. Siempre fui el consentido de mis abuelos, también han traído regalos para mí. Era mucha su ilusión verme. Mi madre también se muestra triste pues es nuestra primera navidad en lugares diferentes—comentó Román.

Se acerca el Capitán Armando que había escuchado ligeramente las palabras de Román.

—Señores no estén tristes, es sólo una cena que no pasaran con sus familias, se podrán reunir después. La Navidad es un negocio de las marcas para mover las economías de los países, y saben que el mejor negocio es mover los sentimientos de la gente —comentó el Capitán.

—¿Capitán usted no tiene familia? —preguntó Román.

—Yo tenía una hija con mi misma mirada e inteligencia; hubiera sido el mejor piloto aviador, pero… —hizo una pausa y con voz altanera dijo —la corrí de mi vida; se casó con un tipo que no era para ella y la noticia la descubrí en navidad. ¡Vaya regalo! —exclamo el Capitán y continúo —Así son las personas señores, en algún momento los van a defraudar o traicionar, por eso yo estoy mejor solo. —Diciendo esas últimas palabras el Capitán se retiró.

A las 04:00 horas del 25 de diciembre hay una alerta; en el radar un soldado detecta un objeto no identificado a gran velocidad en espacio aéreo militar. De inmediato se le informa al Capitán Armando.

—¿Qué ocurre soldado? –preguntó el Capitán.

—Señor no puedo identificar si es una nave, un avión o un misil el que se dirige a nosotros.

Sonaron las alarmas y se puso alerta a todo el pelotón. El objeto de repente se detuvo y comenzó a moverse a distintas direcciones. El Capitán miraba el radar sin entender que ocurría e hizo llamar a los Pilotos Víctor y Román que de inmediato llegaron.

—Señor ¿Qué ocurre? –preguntó Víctor.

—Hay un objeto no identificado; suban a un avión, está el Pilatus listo, investiguen de cerca lo que es.

—Es un objeto muy extraño; como un globo amarrado de una cuerda volando de manera horizontal —Dijo Román.

Ambos Pilotos corrieron subiendo al mismo avión y despegaron. El resto de los soldados miraba los radares esperando el punto de encuentro.

Román y Víctor emprendieron el vuelo lo más vertical posible a una gran velocidad, mientras el objeto no identificado iba de manera horizontal a una altura de 9 mil pies, parecía querer interceptar la aeronave en un punto. Todo el pelotón nervioso estaba a la expectativa.

En el radar se vio claramente como la aeronave parecía prácticamente estar sólo flotando en el aire, el objeto no identificado estaba justo enfrente de ellos flotando de la misma manera, pero no pasaba nada. El pelotón junto con el Capitán quedaron perplejos al no ver ninguna respuesta al encontrarse. El Capitán trato de comunicarse con ellos preguntando que ocurría, pero los radios no emitían ninguna frecuencia.

La aeronave de Víctor y Román comenzó a descender. El Capitán corrió hacia la pista de aterrizaje intrigado por lo sucedido, tras de él corrieron los demás soldados.

Víctor y Román bajaron de la nave mirándose entre sí, bastante confundidos.

—¿Qué sucedió soldados? —preguntó el Capitán.

Los pilotos estaban enmudecidos, nerviosos, sonriendo.

—¡Vamos digan algo! ¿Qué era ese objeto allá arriba?

— Capitán, no nos lo va a creer —dijo Víctor volteando con Román —Román dile quien era.

—Era Santa Claus Capitán —respondió Román obligado por la mirada de Víctor.

Todo el pelotón comenzó a burlarse de ellos; entre risas y carcajadas mirándolos como unos tontos. El Capitán se acerca a ellos bastante molesto.

—¿Acaso se están burlando de mí?

—No Señor —contestaron los dos al mismo tiempo.

En un parpadeo la neblina se hizo presente tan espesa que era imposible mirar. El tono de cascabeles y campanas se escuchaban acercarse cada vez más a ellos, hasta que un destello veloz pasó entre todos alejándose con la risa simpática de un hombre feliz, haciendo un eco en el cielo.

La neblina desapareció y en el suelo había regalos. Todos quedaron paralizados pues les era inasequible lo que había pasado.

Víctor vio su nombre en uno de los regalos y se acercó a tomarlo; en el emisor venia el nombre de sus hijos. Román se acercó a los regalos y encontró dos con nombres conocidos: uno era envuelto por sus padres y otro por sus abuelos.

El Capitán se apartó lentamente del lugar, sin poder entender lo sucedido.

—¡Capitán! —le gritó Román corriendo tras de él.

—Tal vez este sea para usted —Le entregó un pequeño regalo que decía “Capitán Armando”.

Román regresó con los demás, mientras el Capitán camino hasta su oficina hipnotizado por lo ocurrido. Se sentó y abrió el regalo; eran dos pequeños portaretratos: en uno tenía una foto de él con su hija en sus brazos cuando era pequeña y otra foto de una bebé muy parecida a su hija. Entre los portaretratos encontró una carta que decía:

“Querido Santa Claus esta Navidad lo único que te quiero pedir de regalo, es que mi padre se encuentre bien y que me perdone por no tener la misma pasión que tiene él.

Me gustaría que estuviera aquí conmigo y conociera a su nieta que ha heredado nuestros mismos ojos.

Sé que estoy pidiendo demasiado, ojalá sólo me pudiera llamar para poder escucharle, decirle que lo quiero y extraño, y desearle una Feliz Navidad.

He puesto en el árbol de Navidad un regalo para él: dos portaretratos para su escritorio, espero algún día poder dárselos.”

El Capitán abrió su cajón buscando su agenda telefónica, tomó el teléfono y marcó tembloroso un número; después de sonar tres veces, la voz identificada de una mujer se escuchó.

—¿Hija?

Acerca del autor: Ricardo Geovanni Rodríguez Neri

Soy poeta y novelista.
He escrito dos libros : El Ventear de las Palomas (publicado en Amazon) y + Grande que la edad (se publicará en Amazon en Enero)
El próximos año terminaré dos novelas más que están vinculadas a mis dos primeras novelas.
El mayor de mis sueños es lograr que la gente lea mis historias; que emosione, llore, ría y sueñe con ellas, pero sobretodo que les sirva para reflexionar la vida común.

Ricardo88

Soy poeta y novelista.
He escrito dos libros : El Ventear de las Palomas (publicado en Amazon) y + Grande que la edad (se publicará en Amazon en Enero)
El próximos año terminaré dos novelas más que están vinculadas a mis dos primeras novelas.
El mayor de mis sueños es lograr que la gente lea mis historias; que emosione, llore, ría y sueñe con ellas, pero sobretodo que les sirva para reflexionar la vida común.

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Comentarios

Verónica López Qué bonito cuento, ayuda a recordarnos que ésta fecha está llena de regalos maravillosos no sólo tangibles. Me encanta como escribes, desde que leí tu primer libro "El ventear de las palomas" no puedo dejar de leer cada escrito tuyo. Espero con ansias tus próximas publicaciones😁. ¡Felices fiestas!
Luis Francisco Aguirre Nieves Buen cuento, algo diferente a los cuentos que estamos acostumbrados en esta temporada pero igualmente con un bonito mensaje de reconciliación, tus escritos siempre tienen ese extra qué deja un buen sabor de boca al leerlos; ya espero tu próximo libro del que comentas en tu biografía, Feliz Navidad y excelente inicio de año.
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