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Recuerdos y una nueva vida

Sintió la briza suave que la acariciaba de forma lenta y pausada como mostrándole que estaba en toda su presencia y  gloria haciendo que notara la suavidad de la hierba y la rudeza del árbol en donde ella estaba recostada y al mismo tiempo haciendo que este consiente del lugar tan hermoso y magnifico que no estaba presenciando  por estar sumergida en su tristeza.Y fue ahí en donde la sintió otra vez, de forma suave y cálida como tratando de decirle y enseñarle que no estaba sola y que siempre la iba a acompañar en todo lo que pasara. Annie sabía que era en esos momentos donde sentía  que estaba en presencia de algo más. Siempre sucedía eso cuando estaba triste, cuando sentía que perdía todas las esperanzas, en donde sabía que nada de lo que  hiciera podría mejorar el estado en como ella se sentía. ¿Cuantas veces se repetía que nunca tendría una salida? Que este sería su lugar por el resto de su vida. Pero en lo más hondo de su ser sentía que no podía rendirse. Tenía el deseo inmenso de  emerger y ser como esa suave briza, libre, rápida y desapercibida.

Por lo menos eso era lo único que le quedaba, esperar a que todo mejorara. De alguna forma las cosas, para  en algunos casos mejora o de forma horrible empeoraban. Y esa era la parte donde ella tenía más miedo. Que no saliera como ella esperaba. Para su mala suerte tendía a ser muy soñadora y siempre esperar lo mejor de todo.

Sabiendo que no podía seguir lamentándose decidió pararse del lugar en donde estaba sentada. Siempre que algo le salía de forma diferente venía a este hermoso lugar y se sentaba en ese gran árbol de flamboyán. Era su lugar de relajación. Estar cerca de la naturaleza la tranquilizaba desde que tenía uso de razón y ese árbol en particular la mejoraba de una forma sorprendente. Sus ideas se aclaraban y empezaba a ver el mundo de una forma distinta. Talvez por eso siempre tendía a recuperar las esperanzas o simplemente era una masoquista que nunca aprendería. De una forma u otra siempre mejoraba y esta no fue la excepción.

Con sus ideas renovadas decidió pararse y seguir su camino. No dejaría que su vida se quedara estancada. Talvez ahora no se podía ir de ese lugar porque era menor de edad pero no se quedaría.

Simplemente pensó que el día estaba demasiado bello para pasarlo de forma triste o melancólica. El cielo estaba en un resplandeciente azul, mostrando toda la belleza que en el habita, como si nada lo atormentara o lo pusiera triste y ni que decir de cómo estaba el parque en donde ella estaba ahora. Todo ese resplandor le hacía burla a todo lo malo que habitaba, como mostrando siempre una salida y dando como significado que siempre lo bello y lo sublime va a existir. Annie sabía que era así por eso le gustaba estar positiva ante cualquier reto. Pero no tenía tiempo de quedarse a contemplar eso, necesitaba llegar a su casa y hacer muchas tareas. Quería terminarlas antes de que llegara su padrastro. No le gustaba estar en el mismo lugar que él estaba.

Su padrastro era un hombre de temer. Le gustaba aterrorizarla y hacer que entre en el pánico más horrible que una chica de su edad pueda presenciar. No entendía como era que su madre se había fijado en alguien como él. Es como si sus neuronas no estuvieran presentes. Ella sin lugar a duda nunca le hubiera hecho caso y más si sabe que no le agrada la hija que tiene.

Pero como sabia como él se sentía con respecto a ella, trata todo lo que puede de ser invisible antes sus ojos. No le gustaría hacerlo enojar porque si no sufre de sus maravillosos castigos. Y era por eso que se quería ir, no había lugar donde ella se sintiera más miserable que en su propio hogar. Siempre tenía que hacer todo a escondidas, como si no existiera. Jamás faltarle el respeto a su queridísimo padrastro y hacer como si las cosas estuvieran de la mil maravilla.

Siempre ha considerado que esa no es vida para nadie y menos para ella que no ha hecho nada. Con esa idea llego a su casa y se quedó en la entrada. Si ella tuviera dinero le gustaría arreglarla. Talvez ponerle un color de pintura más colorido, parecido al verde de las hierbas del parque o un azul como el cielo. Pero para llegar a eso le falta mucho. Soltó un suspiro ante ese hecho, tendría que esforzarse en la escuela y después en la universidad para cumplir su objetivo.

-¡Cuidado!- solo sintió el duro suelo cuando callo de nalgas. Si las palizas de su padrastro dolían esto era como llegar al cielo pero aun así de todas formas le dolió. Sabia por la voz quien la había atropellado y no le parecía extraño. Siempre era así con ese grupo.

-Dioses Annie, lo siento mucho. No era mi intención.

Ni siquiera levanto la mirada, siempre era lo mismo con él y su grupo. Les encantaba hacerle ese tipo de cosas a ella y a todo el que se le cruzara en el camino. Sus días se componían de eso. Molestar al prójimo.

-Está bien Mark, ya sé que no tenías la intención- se sacudió el polvo del pantalón. Al final de cuentas no le podía decir nada. Todos lo verían como un simple accidente.

– ¿Estas bien?,¿Necesitas que te ayuden? – lo dijo con un tono de preocupación. Talvez en el fondo no era tan malo pensó ella al mirarlo al rostro. Se notaba que tenía un semblante de preocupación. Sus ojos hermosos  estaban de la misma manera.

Nunca iba a entender como una persona que parecía un ángel podría comportarse de esa manera. Mark era hermoso de una manera extraña, él tenía unos ojos azules intensos y claros. Transparentaba tanta calma cuando hablabas con él que era difícil no decirle todos tus secretos. Una cara redonda pero con tez fina y su cabello color negro como la noche. Todo en él era tranquilidad y paz, excepto cuando se comportaba como si nada en el mundo le importara. Las cosas cambiaban en ese ámbito.

Por eso ella cometió el error de equivocarse con él, aunque en contadas ocasiones él le ponía la expresión de preocupación Annie sabía que era mentira. Solo era un juego de su parte al igual que sus amigos.

  • Si Mark, estoy absolutamente bien- le dijo mirándolo directamente a los ojos. Jamás la iba a volver a engañar. Ya conocía todos sus trucos.

Mark se quedó desconcertado ante el tono de ella. Sabía que en muchas ocasiones el tendía a ser un poco cruel con la que consideraba su amiga. Sabía que esa etiqueta la había eliminado a base de esfuerzo y dedicación pero en esta ocasión no era su intención molestarla. Ni siquiera quería hablar con ella. Solo dejarla pasar.

Opto por dejar las cosas así. No quería empezar una discusión.

-Muy bien, si tú dices que estas bien te creo. Solo una cosa Annieta, trata de mira por dónde vas- dicho eso le saco la lengua y le dio una mirada burlona antes de voltearse.

Annie lo miro enfadada, odiaba cuando él la llamaba de esa forma y más cuando le daba esa sonrisa de superioridad. Detestaba todo de él. Desde su hermoso cabello hasta la última parte de su pies. Todo de Mark era horrible.

Miro como se iba con su grupo de amigos. Este al llegar hacia ellos chocaron sus palmas de las manos y empezaron a reír. Achico los ojos. Ellos también eran personas horribles. Le gustaría pensar que Mark cambio por culpa de ellos pero sabía que en realidad no era así.

Antes era un chico muy servicial y atento. Amigables con todos y en especial con ella. Se conocían desde el jardín de niños. Él le había pedido un lápiz prestado para escribir algo y desde ese momento empezaron a ser amigos. No es que eran inseparables pero si se hablaban y jugaban.

Le parecía una persona muy genial pero todo cambio cuando entraron en la secundaria. Comenzó a juntarse con ellos. De ahí su actitud cambio completamente. Su objetivo era molestar a todo el que pudiera, saltarse las clases y estar coqueteando con chicas.

En un momento dado pensó que talvez era su amiga y hasta intento serlo pero simplemente nunca salió. Sentía que Mark estaba en un lugar tan lejano que era muy poco probable que lo alcanzara. Pero aun así esperaba que algún día cambiara, sabía que el Mark de antes estaba ahí, muy en el fondo.

Entro de una vez por todas a su casa y como pensó todo estaba en completo silencio. A estas horas su madre siempre estaba en el mercado comprando todo para la cena. Su padrastro era muy exigente con eso y su madre siempre trataba de complacerlo. Le gustaba tenerlo contento a cada momento.

En cuanto a su padrastro tenía que estar en el trabajo, ordenando todo para que salga bien. Era un hombre muy controlador. Cualquier cosa que saliera mal en su itinerario era un problema y ni que decir cuando no se hacia las cosas a como él quería. A veces pensaba que ellas pagaban cuando algo salía mal en el trabajo.

Miro todo el espacio donde estaba. La decoración de su casa era algo sencillo, nada extravagante. Todo a como sus posibilidades podía, con un mueble sencillo de color negro el cual fue echo por su propio padrastro hace algunos años. Tenían algunas fotos familiares, las mayoría eran  donde estaba su madre con él, cualquiera que llegara pensaría que era una familia sin hijos, solo en muy pocas se podría ver la silueta de ella y son de cuando ella tenía menos edad. No porque no se pudiera sino porque ella no era de muchas fotos.

Nunca le llamaría la atención para llegar ahí. Suspiro con cansancio, cuando se fuera extrañaría en parte su hogar. Sacando la parte de los malos tratos, le gustaba los momentos de tranquilidad que se podía respirar justo como en ese momento. Solo  ella y el universo. Siendo consciente de que todo se mueve de forma lenta para que cada detalle sea visto y apreciado.

Subió a su cuarto, aunque llego temprano decidió hacer sus deberes ahí. Hoy no se sentía con ánimos de sentarse a la mesa a hacerlos. Necesitaba el refugio de este para poder recargar energías. Su cuarto al igual que el resto de la casa era sencillo. Expresaba más lo que era ella. Estaba pintado de un morado lila, en la pared tenia dibujada finas líneas las cuales se enlazaban con un sin número de postales de lugares a los cuales le gustaría viajar y muchas fotografías de naturalezas. Una pequeña mesa con una lámpara. Algunos peluches.Una bonita cama con dorsales, escogida a su gusto por su padre antes de que este muriera. Él decía que todas las niñas deberían de ser tratadas como princesas y ella se sentía como una. En una esquina tenía un mini librero. Su mayor pasión era la lectura pero últimamente no tenía tanto tiempo como antes para esta. Tenía una colección de cuentos los cuales habían sido comprados por su padre y otros por su madre. Y algunos más de adultos.

Se sentó en la silla y empezó a hacer sus tareas. Con suerte terminaría temprano, estudiaría un poco para su examen y todo iría bien. Sabía que si pasaba ese examen podría graduarse con honores, conseguir la beca y estudiar lo que quería.

-Annie ya llegue- escucho cuando se abría la puerta y se cerraba. Su madre ya había llegado del mercado. Con lo mucho, se pondría hacer la cena para que estuviera temprano. Escucho como iba subiendo las escaleras.

-Annie no sé si te gustaría esto- le dejo una pequeña cajita al lado de ella- Me pareció muy bonito cuando lo compre.

Annie miro la caja  y después a su madre, le parecía tan raro esos días que ya no se ven. Esos en donde todo era color de rosa, donde se veía el amor en sus padres. Recordó un tiempo cuando todo era más simple, cuando su padre llegaba del trabajo y besaba a su madre con amor y después iba a donde ella para mostrarle su cariño. Se veían tan lejanos.

Su madre se veía tan jovial, llena de tanta vida. Como si tuviera el mundo por delante. Le encantaba verla así, en cambio ahora es diferente. Se fijó bien en su rostro, ya no era la misma mujer joven y feliz que era antaño. En cambio se veía lo cansada e infeliz que era. Se le notaban las arrugas y las ojeras de tantas malas noches que pasaba. Sus ojos, que antes resplandecía como dos focos, ahora se veían opacos y sin vida. Como si nada le importara, como si nada tuviera sentido.

Le entristecía verla así, sabía que estaba haciendo un esfuerzo sobre humano por que las cosas marcharan bien pero siempre acosta de su felicidad. Abrió la caja, dentro había un hermoso collar, este era fino y al terminar tenía una piedra de amatista. La miro con sorpresa y volvió su vista al collar.  Pasos sus manos de forma delicada por la piedra.

– Es hermoso madre-

-¿Te gusta?

-Por supuesto, está más que hermoso. Gracias madre, te prometo que lo cuidare muy bien- la abrazo con fuerza. Sabía que había sido un esfuerzo de parte de ella.

-Te quiero tanto mi amor, nunca lo olvides

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La alarma sonó de forma ruidosa. Mostrándole que ya era hora de despertar. Detestaba cuando pasaba eso. Con un gruñido le dio al interruptor y la apago. Le gustaría quedarse un poco másdurmiendo pero sabía que no podría ser así. Tenía tantas cosas que hacer pero ni un solo gramo de energía para realizarlas.

Suspiro y paso sus manos por el dije de su collar. Tenía tanto tiempo que no se soñaba con su madre que hasta le pareció extraño. Era tan raro que hasta estaba pensando que ella había empezado a olvidarla. Pero al parecer no era así. Esperaba que donde sea que ella estuviera, estuviera bien. Sabía que ya estaba en paz.

  • No lo puedo creer Annie. Como odio a ese idiota- Samantha entro en su cuarto y se tiro al lado de ella.
  • Dioses, Samantha podría por lo menos tocar la puerta antes de entra.

Samantha le dio una mirada incrédula. Había ocasiones que su amiga era de un estado un poco bipolar. Sabía que tenía días donde se levantaba de malas pulgas así que salió, cerró la puerta y toco.

-¿Annie puedo entrar?- abrió la puerta y entro de nuevo al cuarto- Ya, ¿satisfecha?

Annie la miro y se echó a reír. Todo con Samantha era así. Simple, sin pleitos. Por eso y muchas otras cosas más la consideraba su mejor amiga.

-Bueno sí. Ahorasí, ¿dime que fue lo que paso?- le hizo un lado en su cama. Ella era de forma extraña en el buen sentido de la palabra. Toda felicidad y entusiasmo. Empezaron su amistad así, Samantha detrás de ella y Annie siempre tratando de mantenerla alejada. En ese tiempo no quería darle ningún espacio a nadie. Quería mantenerse en su lugar oscuro, sola, sin compañía. Afortunadamente Samantha no le hizo caso.

Termino contagiándole su vivacidad y armonía, lucho como nadie para ganarse el mérito de amiga. Y hasta la fecha las dos se llevan de las mil maravillas, aunque en ocasiones la quiere matar pero al final del díasabía que sin ella estaría en un lugar más que oscuro. Por eso es que le agradecía tanto.

-Que lo odio- le dijo con la carita triste

-A quien odias ahora Samy, ¿quién es el nuevo que ha entrado a tu lista?

– lo dices como si siempre odiara a toda persona que pasa por mi camino.

-en teoría sí, siempre me dices que odias a alguien.

-¡Eso no es cierto!- Annie la abrazo, cuando saltaba con ataques a la defensiva era porque había sido grave. Aunque en ocasiones Samantha tendía a ser una exagerada de nivel mundial.

-¿Ah no?  Que tal ese chico que conociste en la faculta el cual te tenia loca_

– Si es de Frederick que estamos hablando sabes que era un completo idiota y egocéntrico.

-Lo sé, y que me dices del profesor de matemáticas_

– Me tenía odio y lo sabes- Annie le sostuvo la mirada, Samy sentía que la odiaban cuando no hacían lo que ella quería. En cierto sentido era una niña caprichosa acostumbrada a obtener todo lo que deseaba. Cuando no era así se ponía en ese plan.

-Sabes muy bien que no te odiaba, solo quería que prestaras atención y dejaras de hacer bromas.

-Puede ser pero también era un idiota

-Aparte de que estaba bueno

-Sí, aparte de eso- volteo la mirada y vio la sonrisa de lado que le daba Annie- oh! Eres incorregible.

– Pero aun así me quieres, pero ya dime. ¿De quiénestás hablando?

-Es sobre pablo, te había contado sobre él.

-Ah sí, el motorista.

-Sí, bueno resulto que solo quería un revolcón. Al final me dijo eso- bajo su mirada con pena.

-Lo siento Samy-  abrazo de nuevo. Sabía que su amiga se sentía mal. Siempre sucedía cuando pensaba que el chico que conoce es el indicado. A veces no entendía como  se metía en esos líos. Samantha era una chica linda, de buena apariencia, sexy y muy divertida. Su único problema era que quería entregarles su corazón a hombres que no valían la pena.

Annie tenía la esperanza de que alguien apareciera y se fijara en lo que era ella. Que se enamorara de la verdadera Samantha. Que quisiera a la chica insegura pero a la vez alegre. Samy tenía todas las posibilidades de enamorar a quien quisiera. Desde su hermoso cabello rubio hasta su grandes ojos azules. Aparte de su forma tan divertida. Esperaba que quien llegara a tener su corazón supiera valorarla. En el fondo sabía que todas esas aventuras era pasajeras, solo esperaba el momento de que ella se diera cuenta de eso.

Samantha suspiro- bueno ya que, al final de cuentas seguirá siendo un idiota. Por cierto ¿ira a clases hoy?

-sí, ¿porque?

-Porque si no más recuerdo, dijiste que tu clase era a las 10 y son la 9:30- miro de forma rápida el reloj.

-¡Que!.. Oh dioses Samantha no sabes cuánto te detesto- se levantó de forma rápida de la cama y se dirigió al baño, si no se daba rápido llegaría tarde a su primer día de clases y odiaba ser impuntual.

-Yo también te quiero corazón. – Annie asomo la cabeza por la puerta de baño- y sal de mi cuarto inmediatamente.

-sí, sí, señorita mandona- vio como salía del cuarto y sonrió, en el fondo amaba a esa chica.

Acerca del autor: Nork Castillo

Soy una chica soñadora, la cual le gusta crear mundos fantásticos llenos de color y luz. Me encanta ser lectora porque a través de la lectura puedo viajar a diferentes lugares. Es mi refugio personal.

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Soy una chica soñadora, la cual le gusta crear mundos fantásticos llenos de color y luz. Me encanta ser lectora porque a través de la lectura puedo viajar a diferentes lugares. Es mi refugio personal.

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