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Recuerdos que matan

Reto 6. Pasado Significativo.

Recuerdos que matan

Antes de dormir por las noches pongo una meditación. Me es difícil conciliar el sueño, al cerrar los ojos vienen las pesadillas. Me he pasado buscando mi camino. Mi gran sueño es encontrar el sendero que me lleve hacia donde debo llegar, para continuar con lo que me toca hacer en esta vida.

Estoy recordando y analizando mi vida. Soy una superviviente. No entiendo como he soportado tanto. Los recuerdos que llevo están marcados con fuego.

Soy la hija penúltima de cinco hermanas, crecí sobreprotegida por mi padre, era su niña bonita como él decía. A mi hermana Carmen la aborrecía. No entiendo por qué. Cuando él se fue, yo tenía diez años, y quede desprotegida. Mi padre se marchó, y mi madre salió detrás de él. Desapareció esa madre cariñosa, para convertirse en una mujer amargada. Y me convirtió en el vertedero de sus frustraciones. Pienso que se vengaba de mi padre golpeándome.

Me comparaba constantemente con Carmen. Para ella, era la mejor. Yo, tenía buenas calificaciones y eso no valoraba. Decía “mi hija” será una gran profesional y tú “NUNCA SERAS NADA”. La depresión se apoderó de mí y me volví rebelde. En vez de protegerme me estaba hundiendo. Impregnaba mis penas en el papel, me desahogaba escribiendo.

Mi hermana Samy, y yo tenemos la misma fisonomía. Cuando ella “metió la pata” y se embarazo, dijeron que yo sería igual. No somos iguales pensé, pero no dije nada porque había aprendido a callar. Cuando estaba en clase mi mente volaba por momentos y recordaba los malos tratos, y a mi padre que decía quererme. Me olvidó.

Llegar tarde a casa del colegio, era motivo de golpizas. Un día que demoré, ya no volví. Mi compañera de clase, permitió quedarme en su casa. Pensar en mi madre, me martirizaba. Su madre me descubrió y me devolvió a casa.

Mi madre adoraba a los hijos de Samy y a ella la consentía. Pensé que quizás si yo le daba un nieto me dejaría en paz. Pero no fue así. Me echo a la calle con mi niño en brazos y el padre del niño repitió la historia de los malos tratos y los golpes, y lo dejé. Volví en mi madre. Le suplique que me dejara quedarme, que trabajaría y ella acepto. Puse una tienda sacando crédito y me iba bien.

Mi madre le dio mi negocio que conseguí con tanto esfuerzo a mi hermana Mary, decía que le estaba yendo mal. Otra vez empezó mi calvario. Ahora, para ella, era una mantenida.

Tenía un pretendiente que despreciaba, insistía tanto. Y recordando una frase que leí: “cásate con quien más te quiera y no con quien tú más quieres“, me uní. Y se repitió la historia. Después de cada golpiza, pedía perdón y prometía que sería la última vez. Yo le creía, tenía que creerle no había otra salida. Durante ocho años soporté. Había ahorrado dinero. Puse una tienda y decidí separarme. Solicité garantías sobre mi vida y se fue.

Dedicada a hacer otro negocio, cuando creía que me quedaría sola apareció él, tan diferente, cariñoso y tierno y me enamoré. Me embaracé, y mi niño murió al nacer. Me hundí en el dolor. Renegué de Dios. Casi enloquecí. Dicen que el tiempo borra todo, pero no disipa mis penas. Cuando nacieron mis otros hijos temía dormir, y despertaba sobresaltada para ver si respiraban. Mi madre, se alegró de la muerte de mi hijo. Muchas veces me pregunte ¿porque nunca me quiso? He pensado ¿quién fui en mi vida pasada? ¿A quién le hice tanto daño? Por qué a donde voy solo encuentro dolor.

Él (mi marido) cambió, estaba indiferente, distante, frio y me rechazaba. Jamás se me pasó por la cabeza dejarlo. Nunca reprochó mi pasado. Me aceptaba tal cual era, pero su actitud me dio en el orgullo y pensé en abandonarlo. Me puse a trabajar en una empresa. Y tenía un jefe; me sentía bien trabajando. Pero en mi mente resonaba aquellas palabras, “NUNCA SERAS NADA”. Por las noches tenia pesadillas, soñaba que ella me golpeaba y despertaba sudando. Amanecía cansada, mi ánimo estaba decayendo. Estaba insegura en el trabajo, por la tensión, empecé con una gastritis, me dolía la cabeza, los brazos, la espalda. Y busqué ayuda psicológica. Descubrí que le temo al que es autoridad para mí, porque eso representa mi madre. Me he quedado marcada. Recuerdo aquella palabra “mantenida”.  Hice todo por sanar, estuve en terapias, me hice regresiones, tomé antidepresivos y no lo supero. He dejado de trabajar porque ahora también es la rodilla.

Él ha comprendido que no estoy bien y me mira con lastima. Se aferra a mí, así como yo me aferro a él. La costumbre es fuerte. He aprendido que el dolor y las derrotas son una oportunidad, para replantearnos como estamos viviendo la vida, un guerrero acepta su suerte, y yo soy una guerrera, y lo acepto con humildad. Las circunstancias hay que aceptarlas y pensar que podemos hacer al respecto y si se presenta un problema buscarle la solución. He perdonado a mi madre. Ella no se quiere así misma, se ha visto reflejada en mí. He decidido romper el eslabón para criar hijos diferentes. Estoy buscando mi libertad y mi independencia y ser un ejemplo para que ellos también puedan seguir su camino en paz.

Liliana Victoria E.J.

eslivi

Soy una persona extrovertida, amable, respetuosa, me encantan los animales, adoro a los niños.. Y me siento con la capacidad de lograr algo bueno de este concurso.

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