Saltear al contenido principal

Princesa de Vainilla

El frío de la soledad se ha instalado en mis débiles huesos. Ahora que soy nada más que un fantasma de tu memoria.

Risueña y graciosa, panal que habita en un árbol de tronco fuerte y alto, que no ha sido profanado, ¡Oh, mi dulce miel!…

Escucho en mi balcón a las golondrinas cantar con la luz dorada que vienen anunciando el día, de un cielo extraño han venido, ¿Qué te trae por aquí?, ¿Será tal vez que nuestro Señor, por quién juramos lealtad, nos une con hilo sagrado bajo las benditas golondrinas?… vienes bañada de flores aromáticas, ¡Oh, bella flor!, déjame que solo beba de la flor de tu alegría; hoy no quedan muchas como tú, graciosa gacela sin mancha; que los caminos han sido confusos y varios abismos han habido, pero que ahora nos encontramos en la eternidad de nuestras almas. Sé que has sentido mis suspiros, aunque no me conocieras, cuanto anhelé una mañana soleada, que trajera la primavera a la deshojada cabaña de mi casa oscura.

Ahora sé que tus ojos claros son el sol dorado y la plateada luna, que tus mejillas son el firmamento, que tus dos oídos son el mar y la tierra, que tus labios son el beso del viento que trae melodías al corazón, que todo tu ser es el mundo y que ahí es mi principio y mi final.

Déjame aunque sea por esta vez desnudarte en cada palabra. Ven conmigo a conocer un mundo de fantasía, frenesí, ilusión, nuestro sueño.

 

Elver Sanchez Diaz

Tengo cerebro de Ingeniero y corazón de Poeta

Volver arriba