Saltear al contenido principal

Pocos Amigos

Transcurría esa época, a inicios de Diciembre, en la que el clima andaba confundido y el sol no sabía si debía salir o no. Se sentía en el aire esa emoción y energía que antecede a las fiestas de fin de año. Sin embargo, para mí, no era una época muy buena.

Trabajaba en la típica pequeña empresa, donde esperan que sepas y hagas de todo, pero te pagan poco. Había mucho trabajo y el ambiente era estresante. Eso sumado a la presión de mi penúltimo ciclo de carrera, a mis riñas con mi hermano y a mi ansiedad por viajar a casa en Navidad, me dejaba totalmente echa un lío. Por otro lado me sentía muy sola. Hacía poco que había terminado una relación importante para mí y no podía aún recuperarme del todo. No tenía con quien desahogarme.

Pero apareció en el encuadre una persona en la que llegué a confiar mucho. Alguien que llegó cual ángel salvador en el preciso momento en que estaba por desplomarme: mi amigo Dennys.

Lo conocía desde primer ciclo, pero no nos tratamos mucho hasta que, por azares o casualidades de la vida, llegamos a trabajar al mismo lugar. Ahí comenzamos a hablar más y nos volvimos cercanos.

Dennys notó en ese tiempo, que algo me pasaba. Comenzó a hacerme preguntas, me dijo que ya le estaba preocupando que mirara al vacío todo el tiempo. Yo le daba largas, mis razones me parecían infantiles y no sabía ni qué contestarle.

Hasta que llegó un instante, en plena clase de Animación, en el que ya no pude dar más. Cuando me miró preocupado, solo atiné a murmurar que quería estar con mi familia, que los extrañaba demasiado; dejé que el frío glacial se apoderara de mi pecho y rompí a llorar. Era incómodo para mí, aunque casi nadie nos veía, sentí vergüenza. Miraba solo al suelo, cuando Dennys se me acercó de pronto y me abrazó. Una calidez invadió mi cuerpo y me tranquilizó por completo.

No me juzgó. No me dijo que hacía una tormenta en un vaso de agua. No hizo más que prestarme atención y estar conmigo. Toda la carga que había sentido hasta el momento desapareció. Pensé que nunca entendería lo mucho que su acto me ayudó y que no podría terminar de agradecerle por eso.

Ahí, al final del aula ese día de Diciembre, yo reconocí a un gran amigo y tuve un nuevo impulso de fe.


De “las chicas súper poderosas” solo quedan dos. Mabri (así le decimos de cariño) acaba de dejar la universidad por problemas económicos. Lo lógico sería que Pier y yo fuéramos inseparables, pero me duele ver que no está siendo así.

En la primera clase de Audio y Video, todos están emocionados, sabemos que el profesor nos explicará el proyecto del curso, ¡se trata de un cortometraje! En esta carrera eso lo sabemos desde que entramos, y esperamos ocho ciclos para llegar hasta aquí. Espero que Pieri no esté pensando en abandonarme al armar grupos. Estar lejos de ella, me hace sentir entre triste y molesta. No ser lo suficientemente extrovertida para seguir su ritmo ha dejado su saldo.

El profesor habla sobre el corto, muy entusiasmado. Luego nos pide que formemos los equipos que mantendremos todo el semestre. Pieri voltea a verme (oh sí, sabía que no me dejaría fuera). Me pide que me una al grupo con ella y un grupo de chicos que siempre están juntos.

Yo acepto con una sonrisa, pero por dentro se me revuelve todo. Últimamente siempre la veo con ellos. A mí no me caen muy bien, siento que siempre se hacen los graciosos solo para llamar la atención. Presiento algo que no me gustará.

Los siguientes días, nos reunimos para designar papeles. Soy la guionista del equipo. Aunque siento mucha desconfianza cuando eligen a Javier (el más presuntuoso), como director del corto.

El tiempo pasa. Las reuniones se vuelven en un momento, tensas: trato de defender mi guion y mis ideas, pero Javier quiere cambiar todo. Busco a mi amiga para tener apoyo, pero ella parece tener opiniones divididas. Claro no siempre estará de acuerdo conmigo, pero por lo menos una palabra a mi favor. Me siento sola e incómoda.

A medida que se acerca el final del proyecto, todo se vuelve más complicado. Protagonizo discusiones acaloradas con varios de mis compañeros. No me gusta hacerlo, pero es la primera vez que estoy tan fuera de tono. Pieri me pide que no salga del grupo cuando le comento mi intención. Pero no parece demasiado preocupada. Me cuenta que está saliendo con Jorge, amigo de Javier y sonidista del corto. No sé por qué, pero esto me molesta. La siento muy lejos. Tal vez son solo celos, pero me duele su olvido.

La última semana de trabajo, prácticamente convivimos todos los días para terminar a tiempo. Cuando llega el gran día, estamos muy nerviosos. Sin embargo, la exposición es un éxito, nuestro corto es uno de los mejores del salón. Recibimos muy felices las calificaciones y salimos juntos.

Le pregunto a Pieri si viene conmigo en el carro. “Voy con los chicos al metropolitano”, me dice. Me despido tratando de componer la sonrisa y me doy la vuelta, mientras la escucho alejarse. Ya está, este es el principio del fin, lo sé y ella también. Unas lágrimas caen de mis ojos sin que lo pueda evitar. Camino.

Volver arriba