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Persona gramatical

Lo mejor de mi semana.

 

(Primera persona – Yo) Cuando va llegando el fin de año debo admitir que siempre me pongo melancólica, pero este año en especial. Tengo una sensación de vacío en mi alma que no me deja de atormentar, la misma sensación de cuándo he perdido algo. El tiempo se ha ido, a veces lento y a veces rápido y yo sigo en el mismo lugar, con las mismas preguntas.

El bus se detiene, parece que dos carros han chocado adelante. Las personas empiezan a llamar y escribir frenéticamente en sus teléfonos avisando que se van a atrasar, yo solo saco de mi bolso un pequeño monito de peluche con un abrigo rojo que tiene dibujos de arbolitos de navidad, y sonrío.

Han pasado muchas cosas esta semana, pero este pequeño mono es lo mejor. Es chiquitito y cálido y me recuerda que no estoy sola. El miércoles llegó a mi vida escondido debajo del abrigo de Andrés, mi novio.

Yo estaba llorando, pensando en el año que había perdido sin encontrar la respuesta a lo que quiero hacer con mi vida. Lloraba por no saber quién soy, por vivir mi vida sin rumbo, sin motivaciones que me enseñen a donde dirigirme. Pero, esa pequeña figura de peluche logró llenar mi rostro pálido y delgado con una sonrisa. Me recordó que por más perdida que esté siempre hay razones para seguir adelante: como esa persona que sostenía en sus manos la figurita café y me decía que todo iba a estar bien.

 

Lo peor de mi semana.

 

(Tercera persona – él (Narrador focal)) Andreina salió de sus cobijas con pereza y con frío, se puso un abrigo con un dibujo de la película “El viaje de Chihiro” al frente y unas medias gruesas color marrón. Salió de la habitación para ir directo al baño lo más rápido que pudo; en toda la noche no se había despertado a orinar, primero porque siempre había tenido un sueño profundo y segundo por el frío intenso que hacía. Nunca se había vivido un frente frío tan fuerte como el de esa semana en Costa Rica.

Al llegar al baño le pareció que la brisa corría directamente sobre su cara y sintió un escalofrío en lo brazos debajo de la acolchonada piel del abrigo, pero lo ignoró. Se digirió a la cocina y se pusó a preparar un café instantáneo, pero algo no andaba bien. El viento golpeaba con fuerza, pero… ¿por qué sonaba como si estuviera entrando al apartamento?.

Fue revisando cada lugar del pequeño lugar donde vivía hasta que entró nuevamente al baño: la lámina transparente que funcionaba como tragaluz estaba guindando, así como las tablas que lo sostenían. Andreína se agarró el pelo con sus manos y se empezó a reír de la desesperación: ahora tendría que aguantar más frío, llamar al arrendador, esperar demasiado para que por fin fueran a arreglarlo y ni hablar de bañarse.

Tal vez Andreina estaba siendo un poco dramática, como siempre, pero es que ella no podía creer que su primer día de vacaciones, el cual estaba decidido iba a ser un día de cobijas y películas había cambiado a un día de frío y reparaciones.

 

Mi próxima semana.

 

(Segunda persona – ustedes) Desde que tengo memoria recuerdo la emoción de decorar el árbol, de abrir los regalos y preparar los tamales, definitivamente la navidad siempre ha sido mi época favorita. Sin embargo, ahora que he crecido entiendo que no es la época, son ustedes.

Hoy a tan solo una semana espero que estemos juntos nuevamente. Quiero despertarme el 25 de diciembre con el olor del café y el aroma de los tamales hirviendo para el desayuno. Levantarme y que ya todos estén listos para abrir los regalos y escuchar sus risas mientras los repartimos. Quiero que preparemos un delicioso almuerzo, y todos nos sentemos y agradezcamos por los alimentos en nuestra mesa.

Y que al llegar la noche todos sigamos juntos, tal vez viendo una película o solo hablando. No importa si el tiempo ha pasado y ya todos estamos más viejos, quiero que la emoción y la ilusión de esta época nunca se desvanezca.

Hoy quiero decirles gracias por llenar mi mente de hermosos recuerdos: cada 25 de diciembre está guardado en mi memoria.

Keilyn Andreina Garro Vargas

Siempre buscando unicornios

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