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Perdon!

Sentía que ya no podía más, cada vez que discutía con mi mamá me llenaba de desesperación y en mi mente solo estaba su voz, sus palabras, su mirada, su manera tan tranquila de ver los problemas. Deseaba tanto que él me enviara un mensaje. No pude soportarlo más, mi necesidad por escuchar de su voz que todo iba a estar bien me venció, así que me acerqué a la mesa donde tenemos la imagen del Dios en el que yo creo. Pedí perdón a ellos por hacerlo, por “molestarlo” pero yo lo necesitaba y él me dijo que cuando eso pasara yo podía marcarle. Llegué a imaginar que él deseaba tanto como yo ver mi número en su teléfono. Vi la imagen y me dije “solo una vez”. Entonces con muchos nervios, con el alma ansiosa marqué su número de teléfono y vi como mi celular decía “llamando” lo puse en mi oído, solo quería escucharlo, solo eso.

Cada tono de la llamada en curso era un desborde de emociones, sentía una inmensa emoción, sabía que al escuchar su voz mi alma se calmaría, encontraría la paz que tanto necesitaba, la paz que a gritos yo pedía. También había miedo, y desolación, sino me respondía sabía que mi pena iba a ser mucho mayor y que sería el fin para mí. En efecto, la llamada llegó a su fin, el tono de buzón de voz, quebró mi alma en mil pedazos, la hizo cenizas, desapareció, ese día el abismo en el que caí fue más profundo que mi voluntad, quería morir, quería llorar desconsoladamente y gritar mil veces ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Lo necesité como él nunca se imaginó, como él nunca supo. Mire con vergüenza la imagen de mi Dios con lágrimas en mis ojos, y pedí nuevamente perdón y juré que nunca más iba a marcar. Que aceptaba que él ya se había olvidado de mí, que ya no quería saber nada más y que lo dejaría ir. Fui a mi cuarto y lloré como jamás lo volvería a hacer, llore, grite, sentía como mi alma se comprimía, cómo sufría por su ausencia, por su indiferencia, no me importó nada más que sacar todo lo que sentía, todo ese dolor que me consumía, el amor que sentía por él me estaba matando. Nunca antes había sentido un dolor así, una sensación de tristeza, que hasta hoy en día no puedo superar. Es un dolor que me quiero arrancar del alma  y nunca más quisiera tenerlo, tengo un miedo inmenso de vivir con esto siempre. No quiero tener esta sensación de vacío, de desolación, soledad, tristeza… de agonía. Jamás me había sentido tan sola, sola como el me dejó.

 

 

Acerca del autor: Angeles Adilenne Lopez

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