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Pathos

Bienvenido a una nueva exhibición denominada <<Pathos>> está compuesta por tantas habitaciones, es un espacio recóndito que pocos conocen, son mis raíces, se sabe que lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado. Toma mi mano, entra, pasemos el umbral, entremos en la primera…

Acerquémonos al centro de la sala, las paredes de la habitación están llenas de fotografías de diferentes tamaños todas en blanco y negro, pertenecen a una misma ciudad, hay retratos de calles adoquinadas, una imponente catedral gótica, un puente. Bienvenido a Colonia, ciudad hermosa a la cual con vehemencia me negué visitar por varios años, te preguntarás el por qué, el motivo simple y llanamente es porque era el lugar de una persona a la cuál amé; no por capricho, ni por soledad. Sus calles estaban impregnadas de recuerdos, visitarla, significaba revivir, y era eso lo que no quería, me provocaba ansia, un perenne vacío en el estómago y un nudo en la garganta. No era la ciudad, era el recuerdo asociado a ella… salgamos de aquí.

Entremos en la segunda habitación, está vacía, se impone un enorme número color rojo escrito en la pared y un sinnúmero de hojas esparcidas por doquier. Doscientos treinta; es el número que representa los kilómetros de distancia entre Colonia y el lugar donde vivía yo en ese entonces, a la vez es el título del primer cuento que escribí, el destinatario obviamente era él, fue la primera vez que me animé a escribir algo a alguien y entregárselo, por ende, para mí no solo representa la medida de una dolorosa distancia, sino también el título de un primer paso valiente. Pasemos a la siguiente habitación.

Hasta ahora, sabes que hubo una persona, una ciudad, una medida de distancia y un paso valiente. Quizá a estas alturas te preguntarás ¿Qué pasó? ¿La distancia mató todo? Hemos llegado al meollo de la situación, abre la puerta, entra, esta es una habitación muy estrecha, casi asfixiante, la penumbra reina, es un sitio vacío, frío, triste, esta área se titula egoísmo. Cuando quieres a alguien llega un momento en cual es necesario saltar un precipicio, yo el precipicio lo salté, él no, lo hubiese escogido a él no obstante sabía que había opciones mejores, estaba dispuesta a contentarme con lo bueno, no quería lo mejor, porque yo lo quería a él y no me importaba de los otros, él en cambio escogió sus viajes lejanos, sus proyectos, su profesión. La distancia no mató nada, lo hizo el egoísmo. Como resultado yo perdí mi sonrisa, las ganas de amar, de escribir, de vivir, de viajar. Sin embargo, la vida no se había detenido para esperar que yo sane, la misma seguía su curso, y yo me sentía bloqueada en medio del camino, era demasiado frustrante, así que tenía que tragarme mi dolor y fingir que todo estaba bien y seguir viviendo, cuando en realidad el mundo entero dentro de mí se había desmoronado completamente. Pasó mucho tiempo y no lograba reponerme, mi corazón no admitía curación alguna, me sentía prisionera de un sentimiento del cual no podía liberarme, me ataba, me aturdía, me dejaba sin fuerzas y sin una visión clara del futuro. Ahora pasemos a la siguiente área.

La cuarta habitación se llama anhelo está representada por una fotografía, es un retrato mío, en un crucero por el Sena, el viento me despeina y yo no paro de reír, es una fotografía espontánea. Quien la observa seguramente piensa que es una personificación de la felicidad. Nada que ver, en esta fotografía tenía el corazón hecho mil pedazos. Pero tal fotografía representa el vuelco de la situación que estaba viviendo, las cosas buenas llegan en el momento oportuno. En medio de tal tristeza me regalaron un viaje a Paris, era un sueño hecho realidad, durante el viaje, se optó por un paseo en un crucero por el Sena, la música de fondo era en su totalidad de Yann Tiersen -mi favorito- era mayo, hacía frío y el viento arremetía con fuerza, por ende, despeinaba completamente, creando una situación bastante divertida, de repente empecé a reír de nuevo, sin parar, fue un momento realmente hermoso, no reía de tal manera desde hacía mucho tiempo. Recordé que el momento que estaba viviendo era un viejo anhelo que nadie sabía y del cual hasta me había olvidado; siempre quise pasear por un crucero en el Sena. Al cabo de varios años lo estaba viviendo, en el momento oportuno, cuando más lo necesitaba, supe que el cumplimiento de tal anhelo tenía un autor, el cual me ama y le importan mis deseos, no estaba sola, no obstante tuviese el corazón partido, el autor de mis anhelos estaba dispuesto a sanarlo, había orquestado las cosas, para hacerme sonreír de nuevo… Mis sueños habían muerto uno a uno porque había puesto mi esperanza en el lugar equivocado, pero un aliento de vida, los había resucitado de nuevo y esta vez eran mejores. Hoy, tú eres parte de ese soplo.

Por último, pasemos a la quinta habitación, las paredes blancas exaltan la luminosidad de la misma, hay sólo un objeto en la exposición, es una frase escrita en un papiro “cuando Dios es tu esperanza, el fin de algo no es el fin de todo”. Fue la lección que aprendí en ese abismo, fue el resultado de la experiencia, que, al cabo de algún tiempo, transformó el deseo en un recuerdo, cicatrizó la herida, a Dios no se lo conoce de oídas, sino por experiencia, fue allí, donde yo lo conocí. Un falso amor me lastimó, pero el verdadero me rescató. Aprendí que el amor requiere valentía, dedicación, no admite egoísmo, enfrenta las tempestades y las vence si así no fuese, hoy yo no estaría aquí.

Acerca del autor: Nia E.

"No se necesita un pasaporte cuando se pertenece a las naciones".

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Karen_OnTheRoad

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