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¡Pasado recurrente!

Alguna vez has tenido esa sensación donde el tiempo se detiene, y por más que intentas evadir tu pasado los recuerdos se hacen presentes, esos que te queman el alma y pisotean tu corazón, a mí me pasa frecuentemente, en ocasiones una persona o circunstancia me retornan a esa época tan complicada de mi vida. Con el paso del tiempo aprendí a evadir esos pensamientos, pero no siempre salgo victoriosa.

Precisamente hoy, mi mente me hizo una mala jugada. Motivada al despertar decidí salir a correr, recorrí mi distancia habitual, ya empapada y sin aliento decidí regresar a mi hogar, esperé 5 minutos para recuperarme y sentir la brisa fresca tocando mi rostro, en ese momento algo llamó mi atención, al escuchar la conversación de dos personas que iniciaban su rutina. Eran padre e hija, ella le comentaba su frustración por no haber obtenido la máxima calificación y su preocupación por no ser lo bastante bonita, la respuesta que recibió me dejo pensativa, su padre viéndola con unos ojos que desbordaban amor le respondió lo siguiente: hija siempre que en la vida des tu máximo esfuerzo independientemente del resultado debes sentirte orgullosa, y por favor no conozco chica más adorable que tú. Un abrazo finalizó su conversación y poco a poco los perdí de vista.

Regrese a casa con una sensación de vacío que dificultaba mi respiración, quería llorar, necesitaba desahogarme, pero por extraño que parezca las lagrimas no fluían. Me sentía sofocada, incompleta y poco merecedora de amor. Recostada en la cama con la mente en blanco, me cubrí de pies a cabeza y trate de tranquilizarme, no lo logré. Se me hizo imposible no recordar mi época de adolescencia.

Recordé a esa muchachita llena de ilusiones y sueños por cumplir, creía que su vida era perfecta y el mundo era un lugar pequeño para todo lo que quería hacer. Siempre admire y respete profundamente a mi padre, el era mi modelo a seguir, lo amaba tanto que a pesar de sus defectos, siempre estaba ahí para él. La distancia nos separaba pero el amor y los lazos familiares nos unían, o al menos eso era lo que ingenuamente quería creer.

Él emigró a E.U. buscando un futuro mejor, sin embargo al pasar los años algo cambio. No se si fue la distancia, la soledad o la libertad, lo que hizo que se convirtiera en una persona diferente. De aquel padre amoroso y comprensivo nada quedo, solo el anhelo de algún día volverlo a ver. Poco a poco las llamadas se hicieron menos frecuentes y los envíos monetarios desaparecieron.

Tiempo después nos enteramos que ya estaba con alguien más y a nosotros simplemente nos olvido, es como si hubiera muerto, dejando un vacío enorme en el corazón. A esa edad me era imposible comprender, ¿cómo le explicas a una adolescente que su papa, el que amaba tanto y esperaba volver a ver ya no la quería?.

La familia se derrumbó por completo, mi madre intentaba mostrarse fuerte e integra, sin embargo su mirada triste denotaba rabia y soledad, con mucho esfuerzo logró sacarnos adelante, pero esa herida que ambas llevábamos en el corazón a pesar del tiempo seguía intacta.

Cada amanecer me sentía más aislada, deje de salir, hasta que llegó el momento que realmente la soledad era mi compañera. Las cosas perdieron sentido, nada me motivaba, solo deseaba dormir y tal vez no despertar más. Presa de la depresión, caí en manos de la bulimia, esa era mi forma de intentar llamar la atención, al no lograrlo, un año después pedí ayuda a mi fiel compañera: mi madre, ella siempre estuvo ahí. Con el amor y la comprensión de mi progenitora supere esa enfermedad.

Se dice sabiamente que la madurez viene con el paso del tiempo, es verdad, a mis 27 años comprendo lo que antes me era imposible ver. Quien te ama estará a tu lado a pesar de la distancia, cuidara tu corazón y tu autoestima. Hoy puedo decir prueba superada, a pesar de que la herida dejo una cicatriz imposible de borrar, valoro profundamente el regalo de la vida, y se, que solo se vive una vez. Doy gracias a dios por permitirme construir mi propio futuro y entender que las cosas externas no siempre dependen de mí. Todos en la vida tenemos nuestras propias batallas, lo que hará la diferencia es la actitud con que enfrentemos la vida.

Acerca del autor: Karla Lucero Alba Moreira

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Karla88842

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