Para los tazones de miel.

Para los tazones de miel.

frustrado me levanto de mi vieja silla. Miro el reloj, como si eso adelantara o mejorara este día.

Me dirijo al piso de abajo, bajando por las frías escaleras blancas, mi tobillos se tuerce al pisar en la esquina del ultimo escalón. Maldigo, maldigo cada momento de esta cuarentena, sin alguien fuera de mi familia que me escuche o siquiera yo escucharla. Abro el refrigerador, me sirvo un poco de vino. Apenas con fuerzas logro llegar al molesto sillón que se hunde demasiado, como si la vida se riera de mí, aprovechándose de mi fatiga.

El sabor del vino y el cuero del sillón crean un gran parecido al calor de tus carias, a diferencia del molesto pequeño abismo del sillón. Mi cuerpo y mis ojos empiezan a ser atacados por una calma que hace juntar mis parpados temporalmente.

 

Alexa, seguramente te estarás preguntando qué te estoy contando. Espero que esta experiencia que tuve te ayude tanto, como a mí. 

 

Miro mi propio cuerpo, incómodamente descansando en la superficie de un mar negro y con olas sumamente agresivas que causan pavor. En un segundo mi sueño cambia de escenario, mis padres y mi hermano tienen cadenas y heridas lacerantes muy graves en la espalda, como si unas flechas hubieran dejado su rastro. 

Yo, aterrorizado, trato de quitar las cadenas, sacudiéndolas con una mano mientras uso la otra para tapar sus heridas sangrantes. Miro a mis padres con ojos opacos y grises. 

Mi horrible sueño es interrumpido por un fragoroso empujón en la puerta principal. Abro los ojos y veo a mi madre entrar, desinfectándose, tras de ella mi padre y mi hermano cargando las compras. Doy un brinco tan rápido como puedo, para levantarme del sillón, llego a mi madre, mi padre y hermano, abrazándolos les digo lo tanto que los amo. Sorprendidos, me llenan del mismo afecto también. 

 

Ahora, me gustaría compartir unas palabras, a ti, querida.

Princesa, me gustaría que vayas a la ventana y mires, da un profundo respiro y da gracias por estar un día más aquí, hoy es tiempo para perdonar a los demás y perdonarte a ti. Deshazte de tus cadenas y y verás las heridas punzantes sanarán.

Aprovecho para decirte que hoy también agradecí estar aquí, para sentirte cerca, para ti, con mi familia y con vida. Animo, que hoy el tik tak de tu reloj no robe el sonido de tu alegría, no hay mejor momento cuando estás contigo misma y trabajas de la mano con tu cuerpo, mente y alma.

 

CARLOS PÁRAMO

 

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