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¿Papá, tú me quieres?

La brisa de las olas sopla en mi cara mientras mi papá y yo caminamos a la orilla de la playa en silencio. Tenemos una plática pendiente pero no encuentro las palabras para iniciar la conversación sin que se sienta atacado y decida huir de mí.
― ¿papá, tú me quieres? ―comienzo temerosa.
―Claro que sí hija, nunca lo dudes.
― ¿Entonces por qué lo hiciste, Por qué no pensaste en mí? ―Mi voz comienza a cortarse enseguida y mis lágrimas amenazan con derramarse.
―No empieces Ana por favor
―Si lo hago papá, porque necesito entender qué pasó por tu cabeza cuando decidiste llevar a esa mujer a mi casa. ¿Como pudiste engañar a mamá? ―Mi padre suspiró mientras rodeaba los ojos en señal de fastidio.
―Tú no entiendes nada.
―Entonces dime, explícame para que yo pueda entender en que momento y por qué te dejó de importar tu familia.
―No me dejaron de importar, pero me sentí solo y ella me entendía. Tú nunca estás y tu mamá está en México. Prácticamente yo no tengo a mi familia conmigo ―Mis lágrimas de pronto son mas de coraje y mis palabras salen como reclamo.
― ¿Te sentiste solo? ¿Esa es tu excusa? Yo siempre he estado aquí, siempre he intentado llevar una buena comunicación contigo y has sido tu el que no cree en eso ¿Y ahora me dices que ella te entendía? ¡Yo soy tu hija!
―Tú quieres que yo me siente a llorar contigo mientras leemos uno de tus libros del gran escritor Carlos como si él fuera a resolver nuestros problemas mágicamente y no es así. ―Se defiende con un tono de visible sarcasmo.
― ¿Entonces ella sí puede resolver tus problemas? ¡Porque desde que ella entró a nuestras vidas te has alejado de nosotras! ―Comienzo a levantar la voz y me doy cuenta de que debo calmarme. Cierro los ojos, respiro hondo y hago mi mejor esfuerzo por hablar en un tono más bajo―, No quiero pelear papá, quiero que seas sincero conmigo y me digas que significó esa mujer en tu vida. ¿La amas? ¿Le vas a pedir el divorcio a mamá?
―Hay cosas que no se pueden hablar con los hijos. Esta es una de esas cosas.
―Vamos papá, creo que merezco una explicación. Quiero entender, quiero encontrar una razón para no gritar que no quiero volver a verte ―Se sienta sobre la arena e indicándome a hacer lo mismo con la mirada, obedezco mientras el corazón me late a mil por hora, con miedo a recibir respuestas a todas mis preguntas.
―Ella trabajaba conmigo, siempre tenía una actitud de ―se detiene dudoso―, una actitud de vale madre a pesar de estar casada. Tiene dos hijos, una niña que se llama igual que tú, y un niño que se llama José
―Los has conocido? ―le pregunto con lágrimas en los ojos.
―Sí, son niños muy bien portados,
―No me importa como son, solo pregunté si los conocías. ¿Y al esposo?
―Lo he visto un par de veces cuando ha ido por ella al trabajo, pero nada más. ―Tengo miedo de hacer la próxima pregunta, pero sé que debo hacerla. ― ¿Vas a dejar a mamá por ella?
―Ese nunca ha sido mi plan. Siempre fui claro con ella, yo no pienso dejar a mi familia por nadie.
―Te das cuenta de lo hipócrita que se escucha eso? no nos vas a dejar, ¿pero sí te burlas de nosotras sin remordimiento? Claro, ¿mientras que no nos dejes todo está bien verdad?
―Esto ni siquiera debería afectarte a ti, es algo entre tu mamá y yo. Tú vas a ser mi hija pase lo que pase y esto no es tu asunto para resolver.
―Te equivocas papá, tú no solo le faltaste el respeto a tu esposa, se lo hiciste a tu familia. ¡No sentiste remordimiento alguno al llevar a esa mujer a mi casa! Ella comió en mi mesa mientras yo no estaba e incluso le permitiste tomar una de mis fotos favoritas que tenía en mi recamara. ¡Mi foto favorita de ti! ¿De seguro se ha estado burlando de lo estúpida que soy por no darme cuenta antes verdad? ―No puedo controlar mas mis lágrimas ni mis palabras pues me siento herida, traicionada, tonta.
―No llores hija, ¿ves? Por eso no quería decirte nada, tú siempre lloras por todo
―Y no crees que tengo derecho de llorar? Me siento decepcionada de ti papá. Toda mi vida tú has sido mi héroe, el ejemplo de lo que yo quería para mi algún día. Dices que estabas solo, pero te olvidas de que yo también he estado sola. Tú me dejaste a los 16 años, y yo no tenía a nadie porque la familia que prometió estar conmigo me dejó cuando te fuiste a México. ¡Tenía 16 años! Con la responsabilidad de una persona adulta, a cargo de mi familia y completamente sola. ¿Y sabes quién me ayudó “Milagrosamente”? ¡El gran escritor Carlos! Yo pude haber hecho lo que todos esperaban de mí, pude haberme embarazado, haberme vuelto alcohólica, o drogadicta, ¡Pero no! Mi familia fue quien me dio fuerzas para salir adelante ¿y tú me sales con que estabas solo?

 

―Yo sé que lo que hice no tiene justificación, y no puedo cambiar nada. Me equivoqué y lo admito, pero quiero que sepas que te quiero hija, eres mi princesa y sé que tienes todo el derecho de reprocharme, pero te pido que no me saques de tu vida. ―El baja la mirada mientras unas lágrimas caen por sus mejillas y yo me siento confundida. Es mi padre y lo quiero, pero en este momento no puedo perdonarlo. ―Ya no te quiero aquí, quiero que regreses a México.
― ¿Cómo?
―Eres mi padre y no soy capaz de darte la espalda, pero necesito tiempo. Si es verdad que te arrepientes, aunque sea un poco, debes regresar a México y enfrentar a mi madre. Y si de verdad quieres mantener a tu familia en tu vida, ella es quien debe perdonarte. ―El me mira sorprendido al escuchar mi petición y yo aguanto la respiración esperando su respuesta.

 

Acerca del autor: Ana Laura Garcia

Me encanta escribir. Es lo que más me gusta hacer desde que tengo memoria. Poder entregar mi corazón en una hoja de papel y hacer que mi imaginación tome vida propia.

Ana Laura Garcia

Me encanta escribir. Es lo que más me gusta hacer desde que tengo memoria. Poder entregar mi corazón en una hoja de papel y hacer que mi imaginación tome vida propia.

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