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Papá, escúchame

—Papá, por favor no interrumpas y escúchame — voy adquiriendo seguridad en mis palabras —. Me he mantenido silencioso desde que era niño. Tú mismo de habrás dado cuenta de eso. Creo que es la forma en que nos educaste a mí y a mis hermanas; intimidados por tu gran masculinidad. Algunas veces hubo alegría y diversión, y otras veces te la pasabas la mayor parte de tu tiempo en el trabajo. No importa.
Tus ojos me miran impresionado. Continuo.
— Lo que acabas de decirme hace unos momentos, no está bien. Te conozco y sé que querrás tener la razón. Pero, “llevar una relación de solo hola y nada más” ¿te parece justo? — asientes — ¿Qué pasó? Ayer tu y yo reíamos, nos enaltecíamos por nuestros logros. Hoy todo se fue en picada. Tus palabras de rechazo me recordaron al castigo que aplicabas si te desobedecíamos; “haz de cuenta que no tienes padre, que murió. A ver cómo te sientes” — mi voz se quiebra al repetir esas palabras —. Ahora me doy cuenta que fue el peor castigo que me hacías. Sollozaba en las noches, imaginándome lo doloroso que puede ser no tener un padre.
— ¿Cuándo lo dije? — estás confuso, luego levantas la voz para llamar a mamá, a ver si te vislumbra los recuerdos. — ¡Beth! ¿Cuándo le dije eso a nuestro hijo? — muevo el cabeza decepcionado, no eres capaz de recordar. — Yo no dije eso.
—Si lo hacías — dice mamá.
—¿Eso quieres ahora? Papá, eso duele, y mucho. Más que un golpe físico; los insultos, el rechazo, la decepción, son armas letales que dejan laceradas el alma por el resto de nuestras vidas. — los ojos se me humedecen, parpadeo para contenerlos— No puedo simplemente aceptar tus ideas erróneas machistas, así nada más. Entiendo tu enojo por contradecirte, pero soy un hombre hecho y derecho, no un mandamás. En secreto he leído libros que hablan sobre ser un hombre de verdad, con valores. Gracias a ellos puedo estar frente a ti, expresándote mis inquietudes, mis dolores, mis sentimientos reprimidos con el tiempo.
La expresión de tu rostro cambia, una lágrima cristalina se desliza lentamente hasta caer al suelo.
— Papá no me ignores otra vez — comienzo a llorar. Me abrazas. Escucho latir a tu corazón con intensidad, siento el calor de tu cuerpo y tu respiración cálida tocar mi piel.
— Perdóname hijo.

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Comentarios

Romina Bayo Muy buen texto. Solo revisa como se aplican los espacios antes o después de los guiones en acotación.
Hace 7 meses
Matricx Brayeen Ricopa Perez Romina Bayo está bien muchas gracias
Hace 7 meses
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