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Papá

Erika caminó a paso lento, pero firme hacia la casa que guardaba recuerdos tan memorables para ella, sus primeros amigos, sus primeros pasos y sobre todo su familia. Aunque ya nada era igual todos estaban en sus mundos sin intentar sanar el dolor que traían dentro. Miró a hacia arriba, se dio cuenta que ya le faltaban pocos pasos para llegar a lo más alto que aquella tierra que la vio crecer. Solo unos pasos para enfrentar a la persona que por mucho tiempo la dañó con su indiferencia y su falta de afecto, su padre. Cuando ella estuvo frente a aquella cocina donde vivió los más hermosos momentos,  le franquearon las piernas, no encontraba la fuerza para tocar la pueta, estar frente a frente con su padre. Esperó unos minutos, se recompuso y finalmente se enfrentó a ese miedo que tanto tiempo la atormentaba. Tocó, una, dos, tres veces y nadie salía. Así que se sentó en el pasto esperando que él llegue, admiró el paisaje desde lo más alto. Sus recuerdos llegaban a su mente como estrellas fugaces. De pronto un sonido  sordo interrumpió sus pensamientos.
Erika volteó, era su padre con un rostro cansado, lleno de canas, un poco encorvado. Se acercó lentamente hasta que llegó donde estaba él y le dijo —Hola papá, un gusto de verte, he venido hasta aquí porque tenemos que hablar sobre el pasado, sanar todo de una vez—comienza con vos temblorosa —quiero saber ¿Por qué desde que nos fuimos a Lima te volviste un ser frío? —va disminuyendo sus nervios, su voz se va normalizando —. ¿Por qué actuabas indiferente, como si no existiera? ¿Por qué no me saludabas en mi cumpleaños? —sintió un nudo en la garganta, las lágrimas amenazaban en salir —. ¿Sabes cuándo extrañe esos abrazos, sentirme protegida, saber que tendría a mi padre siempre que lo necesitaría? No verdad a ti solo te importó acumular tu fortuna, sentirte bien al obtener dinero, pero a tu familia la podías “comprar” con dinero.
—No es como piensas, todo tiene una explicación—miró al suelo, como si lo que vendría sería algo que lo avergonzaba y mucho —. Yo no sabía como manejar todo, al momento de empezar a trabajar lo único que venía a mente es tener dinero, para que nada les falte a mis hijos, que si algo pasaba tendrían con que seguir adelante —poco a poco va levantando la mirada —, sé que hice mal al actuar así, no debí alejarme de ustedes y mucho menos dejar a tu madre con toda la carga …
—Sí. Lo recuerdo como si fuese ayer —es algo que nunca podré olvidar —. Cuando mi madre se levantaba a la misma hora para trabajar, sin importar como estuviera ella. Siempre repetía la misma rutina; en las noches, se desvelaba, haciendo limpieza y cuando le quería ayudar ella decía: “anda duerme hija, ya es tarde, tienes que estudiar mañana” yo accedía sin protestar pero en el fondo, incomodaba que tú estuvieras descansado, feliz de la vida— la primera lágrima cae por mis pómulos — tantos días esperando verte que le ayudarás a madre, que dejarás de renegar por la más mínima cosa — mas lágrimas amenazan con salir —. Lloré muchos días al ver la misma escena, sentía rabia saber que para los demás tenías todo el tiempo del mundo, pero para nosotros tu familia no…

—Hija mía, sé que nada de lo que diga cambiará lo que pasó, que el daño ya fue echo. Pero te pido que me des una oportunidad —me mira a los ojos, con el rostro desencajado —, quiero luchar por mi familia, revivir esos momentos, tan bonitos que hemos pasado. Cometí muchos errores, deje que tu madre se encargue de todo y yo me comporté como un patán, lo acepto. Aleje a mi familia, los juzgué porque a su madre le demostraban más cariño, no me di cuenta del dolor que les causé, día a día —su ojos me vieron suplicantes de perdón — te pido que me perdones y me des la oportunidad de volver a ser una familia…
—Papá no te prometo nada, será muy difícil borrar esos recuerdos de mi mente…

—Te daré todo el tiempo que necesites, no importa si pasan meses, pero daré todo de mí por recuperar a mi familia, esa que nunca debí colocar en segundo lugar —de su rostro arrugado caen unas lágrimas —. Todo volverá a ser como cuando vivíamos aquí en La Flor…
—Papá no quiero promesas, solo tus actos lo dirán todo. Sé que también te duele, como a mí. Pero es mejor que sanen todas la heridas que mantenemos dentro de nuestro ser — lo miré directamente a los ojos—. Ahora luchemos por recuperar nuestra familia, porque si algo algo aprendí en este tiempo es que la mejor manera de vivir es perdonar…
—si, hija lucharé para volver a ser una gran familia como debió ser —no sé limita y deja caer sus lágrimas —. Nada, ni nadie nos separará. Hija puedo darte un abrazo por favor…

—No tienes porque pedirme un abrazo, solo hazlo papá —siento los brazos cálidos de mi padre sobre mi espalda, me hace sentir tan segura —. Papá te quiero nunca lo olvides…
—Siempre lo tendré muy presente. Te quiero mucho más…

Desde ese abrazo que los unio padre e hija, ella sabía que esos días grises habían acabado.

Acerca del autor: Erika Diaz Cubas

Me encanta leer, escribir frases y historias, exponer sobre diferentes temas

Erika Diaz Cubas

Me encanta leer, escribir frases y historias, exponer sobre diferentes temas

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