Padre Amante

Me encuentro en el hueco profundo de mis malas decisiones. Voy caminando bajo la noche, desahuciado y triste. Con bisturís cortando mis ganas de vivir. Me siento en medio del golpe constante del martillo de un herrero. Escucho el estruendo de cada una de las lecciones que, a simple vista, parece darme la vida. Lágrimas corren por mis mejillas y el corazón me late fuerte. Siento angustia. Estoy acelerado.

Cierro los ojos, pero no dejo de avanzar. No quiero detener mis pasos.

El vacío existencial del planeta hace ver que Dios no existe. La humanidad dejó de creer en lo bueno. Este mundo bombardea a las personas con teorías evolucionistas y con el falso concepto de que, el choque de pequeñas partículas, creó el mundo y todo lo habido en el universo. A mi alrededor, solo veo caos. Se debe a que los corazones ahora son de piedra.

El entorno me ha hecho sentirme solo. Tal vez, me ha llevado a abandonar por momentos mi fe. No quiero que siga siendo así. Mi vida ha sido un constante caer y levantar, pero siempre he notado que algo está en todo momento conmigo. Ese algo, es mucho más fuerte que cualquier poder humano. Mayor aún que la ciencia y lo alcanzado por las mentes más brillantes. Alguien dirige mi curso. Aun sin darme cuenta.

Sigo con mis ojos cerrados. Las lágrimas que corren por mis mejillas empiezan a caer justamente en mi alma. Siento como bañan mi ser y su toque mágico por dentro, me hace sentir confortable. Siento que estoy flotando en el vasto universo, también siento el amor de Dios. Aquí me escucha. Está para mí… Siento que estoy delante de Él.

—Padre amante… —digo con tono bajo, entre sollozos—.  Tú me formaste en el vientre de mi madre. Conoces mis pensamientos. Sabes de mí, aún más, de lo que yo mismo sé.  Has visto que, durante mi caminar sobre esta tierra, he fallado demasiadas veces. Siempre que caigo, pido que seas Tú quien me levante. Hasta hoy, me has mostrado tus milagros. Nunca me has abandonado, aun cuando yo me alejo de ti. No quiero sentirme vacío sabiendo que Tú existes. Jamás me has puesto una prueba que no pueda superar. Creo en el sacrificio de tu hijo Jesús. Creo que tienes cosas grandes para mí. Solamente debo mantener mi Fe. —Inclino mi cabeza, derramando lágrimas—. Señor, Tú siempre has puesto tu mano en los momentos donde ya no puedo más. Por favor, llena mi ser con tu espíritu y renueva mi vida. Sálvame de este mundo y sus perversiones. Tú sabes todo de mí. No es el mal lo que quiero seguir. Quita el dolor de mi alma, guárdame en el hueco de tus manos.

Mantengo silencio y permanezco en su presencia. Puedo sentir su abrazo. Abro mis ojos y todo es brillante. Siento paz.

—Hijo mío, —Susurra con voz de anciano sabio— al fin has decidido dejarme entrar. He mirado tu andar y, aunque tambaleabas como bebé dando sus primeros pasos, ya había escrito en tu destino que correrías como atleta y que volarías como el águila. Solamente tenías que venir a mí. Desde el inicio te he esperado. Desde antes de nacer ya te había amado. Todos los milagros que has presenciado, han sido porque eres linaje especial. Tú, hijo mío, eres la niña de mis ojos. No temas, no desmayes. Papá siempre está contigo.

Ha empezado a llover. Las gotas me hicieron volver a tierra. Miro mi celular y encuentro un mensaje de mi madre. —Sé que temes a lo que viene mañana. Habla con Dios, Él te escucha.

Mañana es el gran día. Es mi juicio. Y aunque hace un rato moría de miedo, ahora me siento libre. Sereno. Confiado. Tengo un Padre que es dueño de todo. Es la verdad en su máxima expresión. Él me conoce más de lo que yo o mi madre. Sé que cuidará de mí.

 

-Dhierich Jarwell.

 

Dhierich Jarwell Valderrama Núñez
Author: Dhierich Jarwell Valderrama Núñez

Vive el hoy. Mañana no es vida.

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Dhierich Jarwell Valderrama Núñez

Vive el hoy. Mañana no es vida.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Muy bien trabajado. Cuida que la primer parte de tu ontología suena distante, fría, y no se corresponde al momento que está el personaje.

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