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Pacifico y Salvaje

Dicen que cuando llueve es porque el Señor esta triste, pero yo no creo que sea así. ¿Cómo algo tan bello podría causar tal sentimiento?

Sigo con la punta de mi dedo la gota de agua que resbala por la ventana, la lluvia casi se seca, los charcos en la acera ahora son manchas oscuras, el sol abre paso entre las nubes.

Siempre se asocia a la lluvia con la tristeza y al sol con la felicidad y de una u otra forma la gente cree eso. Es como en el cielo, las imágenes siempre muestran praderas llenas de flores y animales, con un sol enorme alumbrando todo. ¿Por qué tendría que ser así? A mí me pone de buen humor ver la lluvia, escuchar como choca en el suelo, el olor a pasto mojado, me relaja, no creo que el cielo sea tal cual lo pintan, creo que va mucho más allá de lo que un humano podría imaginar ¿Cómo podrían describir algo tan hermoso que nunca han visto? También lo desconozco, pero me gusta pensar que flota entre las nubes, en donde soplan los vientos y vuelan los pájaros, que todo el tiempo es de día y de noche, un lugar que te deja sin aliento al verlo.

Las gotas de agua de la ventana se han secado, el cielo se ve adornado por un tenue arcoíris. En el parque de enfrente han salido niños a jugar, felices por el clima caluroso. Regreso mi vista a la habitación y me levanto para tomar la medalla que está en mi tocador, en ella, el Señor esta con los brazos extendidos. Lo imagino a el sobre una gran cascada, con esta misma posición, esperando por nosotros en el paraíso.

Admito que no siempre pienso así, nadie lo hace, las cosas siempre terminan por complicarse, existen tantas adversidades en la Tierra que nos condenamos nosotros mismo y culpamos al Señor de todo, regresamos a la antigua controversia de si el Señor es Dios y todo lo puede porque no nos salva de nuestros propios demonios, pero así es la vida, es pacifica, es salvaje, las dos cosas al mismo tiempo y debemos aprender a vivir con ello, porque si no tuviéramos un poco de ambos, dejaría de ser vida, dejaría de ser la vida que el Señor creo, una vida para valientes, una vida para hijos de Dios.

Estoy segura de que en cualquier situación en la que nos encontremos, él siempre está preparado para recibirnos, sin importar las circunstancias porque su amor es más grande que las adversidades, como una flor que crece incluso después de un incendio forestal, el problema es que las dificultades nos ciegan y no somos capaces de ver más allá de ellas, nos olvidamos del Señor.

Pero no siempre veo al mismo Dios, no hay una imagen clara en mi mente, nunca he podido imaginarlo con una sola figura, cuando hablo con él, no busco a una persona en específico que porte su voz. Simplemente aparece.

Todas las conjeturas están muy lejos de compararse con él, la grandeza de su amor y el poder de su misericordia, no ha de ser igual a nada que hayamos visto en la Tierra. Cuando era niña imaginaba al hombre que está en los libros de catecismo, pero después comencé a imaginar a mi padre, en otras ocasiones a un ave blanca, incluso vapor con destellos dorados.

El sonido de mi respiración es el único en la habitación, que se ve alumbrada por la luz exterior de la ventana y el bochorno entra con ella.

Mis pensamientos se inundan de dudas, a veces siento como si siempre estuviera buscando algo o alguien, pero nunca lo encuentro. Creo en el Señor, pero no sé qué esperar de él.

Me aterra pensar en la muerte, no saber con exactitud qué es lo que sigue, cual será mi juicio. Siempre analizo las cosas, planeo y creo posibles escenarios, para estar preparada para lo que pueda suceder, pero no tengo ningún conocimiento de lo que me pueda pasar después de morir, no sé ni siquiera si habrá alguien esperándome o como sé que no me perderé en el camino y me quedare atrapada entre la Tierra y el cielo. No sé si lo estoy haciendo bien, ¿Cómo saber que me mereceré el cielo?

Danisselle

Consuelo el alma escribiendo.

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