Nunca más. Reto 8

Nunca más.    Por: Lucía Argoytia

Querida hermana:

    Tener una amiga con quien platicar y a quien abrirle mi corazón, no tiene precio; y si además se trata de una hermana… resulta una bendición. Eres buena oreja ¿Sabes? No cualquiera escucha con atención, sin interrumpir, sin protagonizar, y lo más importante: sin juzgar. Cuando acudo a ti me siento privilegiada. Al abrirte las puertas de mi mundo interior, sé que entrarás en él despacio, con cuidado, y caminarás por el laberinto de mis emociones sin romper nada. Hermana, me has enseñado mucho, entre otras cosas a saber escuchar, y estoy agradecida por ello.

     Pero quiero confesarte que las hermanas menores también tenemos uno que otro as bajo la manga, y creo que es hora de que la maestra aprenda una pequeña lección de su pupila.

     ¿Por qué te digo esto? Porque deseo que esta complicidad perdure por siempre.

     Quiero que imagines que te doy una hoja en blanco de papel y te pido que le hagas agujeros de un diámetro diferente. Una vez perforada, deseo que vuelvas a dejarla como originalmente te la entregué. ¿No es posible verdad? Esa hoja quedará marcada para siempre.

     Pues bien, quiero que sepas que muchas veces me he sentido como esa hoja, rota, traspasada, emocionalmente perforada. Tu habilidad para escuchar es envidiable, pero tu boca guarda un arma mortal. Cuando el enojo se apodera de ti puedo sentir cómo transformas mis confidencias en dardos venenosos, y los lanzas contra mí. En la hoja de vida que en mi libro personal dediqué para ti, esos agujeros cada vez son más grandes, tanto así, que a veces siento como si practicaras cada tiro y afinaras tu puntería para lastimar. Cuando vuelves a ser tu misma te arrepientes, te disculpas y me dices: Nunca más.

     Y sabes una cosa, en eso tienes razón. Nunca más aceptaré el regalo de tu enojo, ni serviré como costal de boxeo para tu frustración. Todos pasamos por momentos difíciles, pero eso no nos da el derecho a lastimar, y menos, utilizando en contra los momentos de mayor debilidad. Las confidencias son el tesoro de alguien más, no nos pertenecen. Se atesoran como lo que son: un voto de confianza; se resguardan en el baúl de los recuerdos, y ahí se deben quedar.

     Querida hermana, se que en tu interior existe la bondad, y por eso apelo a ella, por ti, por mí y por nuestra amistad de hermanas. No tengas miedo de enfrentar al monstruo de la ira que poco a poco se ha ido apoderando de ti. No le des ese poder. No lo alimentes más. Utiliza tu maravilloso don para escuchar a otros y conviértete en tu oreja personal. Oye cuidadosamente lo que tu enojo tiene que decirte, y reconoce tu sentir. A veces la tristeza se disfraza de ira, y a lo desconocido no se le puede enfrentar.

     Te devuelvo tus dardos, ya no me lastiman más. Sólo recuerda que si vuelves a lanzarlos, será por última vez, pues el cristal de mi confianza está quebrado y un golpe más…lo romperá. Las palabras tienen el poder de construir o destruir vidas, relaciones, personas. Has un buen uso de ellas, y de ahora en adelante mi querida hermana, cuida que todo lo que salga de tu boca sea “bueno, cierto y útil” (Sócrates), de lo contrario recurre al silencio, y encuentra en él…tu propia redención.

     .

 

 

 

lucia_argoytia
Author: lucia_argoytia

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Bien planteada la idea. Cuida de que si citas una ilustración de otro autor, ponerle crédito. Y revisa el uso de los puntos suspensivos.

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