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Noche de Espanto

Estoy espantado, las pequeñas historias que me contaron mis compañeros de trabajo; la lavandera, el de limpieza y Sharon mi relevo del día, sobre dichos entes fantasmales, hicieron ponerme los pelos de punta y la piel erizada, creo que estoy terrado. A pesar de ser hombre, y no debería de tener miedo a un espíritu que se pasea por las habitaciones encendiendo los televisores o cerrando las puertas a golpes.

Desde hace tres semanas que entré a trabajar en el hotel de recepcionista, y no había tenido ningún problema, tampoco una dicha manifestación paranormal hasta ahora. Cuando llegué el día viernes, muy temprano faltando veinte minutos para entrar a mi turno, Sharon mi compañera se sorprendió por mi puntualidad, tanto que me increpó por no avisarle.

-¿Qué haces aquí, porque no avisaste que llegarías temprano?. Tendrás que esperar, no llamé a mi padre a que viniese a recogerme.

Habíamos quedado que en los relevos ambos llegaríamos un poco más temprano, la razón por que acabo de iniciar mis cursos vacacionales y comienzan a las siete del mañana y a esa hora es mi salida de turno. Ella asintió sin problemas, también la conviene.

Esa noche, luego discutir un poco sobre el horario. Tomé asiento, agarré mi celular y quise revisar los mensajes de WhatsApp, pero Sharon otra vez interrumpió anunciándome una noticia impactante.

– ¡Ah! Hoy tendrás compañía – dijo esbozando una leve sonrisa. sin entender de qué se trataba pregunté curioso.

– ¿por qué? – sonreí como siempre.

Tengo que confesarles que mientras escribo este texto tengo los pelos punta, porque ahora mismo la habitación uno del hotel está vacío, y se ha encendido el televisor por tercera vez, y escucho varias veces abrir y cerrarse la puerta en las demás habitaciones. El hotel está con quince habitaciones, trece de ellas están vacías. El televisor se ha apagado solo, ya no se escucha las voces de los canales. Han golpeado con más fuerza está vez ¿acaso quieren estos entes hacerme pasar una mala noche? No podrán.

-hace media hora – explicaba Sharon mientras se bebía un vaso de ¿agua será? – don juan hacía limpieza en los pasillos (¡maldición! ¡El televisor se ha vuelto a encender solo! Y se está cambiando de canales él solito, claramente puedo oírlo, estoy a tres metros de distancia, yo en el escritorio y la habitación está que se cambia y se cambia de canales, no quiero entrar), y de pronto se oyó en la uno encenderse el televisor, y se acercó a mí para preguntarme si había alguien hospedado en la uno, dije que no. Se detuvo en su relato, y todos sonrieron, yo también lo hice pensé que bromeaban.

Me voy a detener en mi relato ahora yo, porque acaba de llegar mi compañera a recoger su teléfono celular que se había olvidado, mi corazón está latiendo cada vez más fuerte, cuando le dije que el tv de la uno está encendido y no quise entrar, se pasmó. Mi  compañera se asomó a paso lento a la ventana y al ver el tv encendido, dio un grito ahogado, salió disparada hacia la puerta.

-¿Qué hago? – pregunté nervioso,

-no sé. es tu turno, me voy – y se fue con la mano al pecho, señal que estaba impactada.  Entré armado de valor, pero por dentro me partía de miedo, y desenchufe el maldito televisor.

– ¿de verdad? – pregunté incrédulo

-si. Y lo curioso es que, ¿Cómo puedo encenderse solo, si ese bendito televisor es complicado de hacerlo? – resopló con vehemencia. Noté que estaba también aterrada.

Luego la señora de la lavandería, tomó la palabra.

eso es no nada. Lo que yo realmente viví es más impactante, pero no les tengo miedo. Varias veces se me han cruzado en mi camino – se acomodó en su lecho, y prosiguió – seguramente ustedes saldrían despavoridos.  Les voy contar. Hace no mucho tiempo, a media mañana, el ambiente estaba silencioso, no había huéspedes, así como hoy, el señor juan no se encontraba, mientras limpiaba los pasillos en el sótano, sentí claramente que estaba siendo observada, giré la cabeza para donde tenía el presentimiento, y vi a un hombre negro, corpulento y alto, estaba inclinado hacia la pared, viéndome las espaldas. Di un grito ahogado, e hice que no lo vi volviéndome a como estaba antes con mi labor. No duré ni cinco segundos estando así, y volví a girar la cabeza hacia el sujeto. La sorpresa que me llevé era inmensamente increíble, la efigie de aquel sujeto parado frente a mí, no estaba. Luego de ello, las luce se encendieron. Quedé petrificada.

La otra anécdota, sucedió en el mismo lugar, esta vez me encontraba en mi lecho, cómoda en el sofá de la recepción, viendo directamente hacia las cámaras, las siete que hay aquí en el hotel. También se encontraba vacío, solo había dos huéspedes en el hotel. Piero y yo conversábamos, ya que él estudiaba para abogado, pues decidí poner a prueba sus conocimientos. Mientras platicábamos, vi claramente en la cámara del sótano un hombrecillo gordito que subía las escaleras que se conecta con el pasillo de las habitaciones principales, calculé el tiempo, en cuanto llegaría a manifestarse a la recepción. Nada. Nadie subió. Quedé sorprendida, el cuerpo se me erizó, di un brinco desesperado para asomarme a las cámaras y, ver más de cerca en donde podría aparecer aquel gordito. – Piero – le pregunté – ¿hay alguien en las habitaciones del sótano? – no. ¿Porqué? – respondió el muchacho. – porque acabo de ver un chico gordito subiendo por las escaleras. – ¡hay no me asustes! – Exclamó Piero.

 La tercera anécdota es más aterradora que la primera y la segunda. Sucedió en el segundo piso, mientras hacía limpieza en los pasillos. También el hotel estaba vacío, era un domingo por la tarde. Iba barriendo peldaño por peldaño la escalera, cuando de pronto noté a un sujeto pálido, con camisa blanco, de aspecto serio, pero simpático. Ambos nos miramos fijo frente a ferente, la sorpresa fue al ver aquel tipo desvanecerse en el aire frente a mis ojos, quedé estupefacta. Con los pelos de punta y la piel de gallina. Luego de ese acontecimiento, cada vez que oigo algún ruido raro, golpes, pasos o silbidos, exclamo sin dirección alguna, a todos lados – ¡déjenme trabajar tranquila, no les estoy molestando. ¡Nada les he hecho!  – así les digo ahora, y se detienen.

El corazón me latía desesperadamente, turbado por las historias de aquella mujer, un escalofrío subía de pies a cabeza. suspiré profundamente para normalizar mi temple. Me quedaría solo esa noche, ahora con temor, ¿Qué ganas tendría de trabajar ahora? Jamás había estado en presencia de un ente paranormal, excepto por el televisor que se prendió como cuatro veces y tuve que desenchufarlo al final. No tenía preocupaciones, ahora si las tengo. ¿dormiré tranquilo en las madrugadas? ¿Y si tal vez, mientras duermo alguien me propine un golpe, y cuando voltee a ver ya no esté? Pueden pasar muchas cosas, esta noche, no haré persignas porque no soy católico, tampoco reprenderé con vehemencia como lo hacen los cristianos evangélicos (son exagerados, ni siquiera Jesús hizo tal cosa, solamente le dijo al demonio que se retirase amablemente del cuerpo de aquel hombre poseído, y así lo hizo). Tampoco soy ateo, yo sí creo en el todopoderoso, tengo la misma fé que Abraham, Isaac y Jacob, Confiaré plenamente en su protección.

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