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14 Persona Gramatical

Lo que más me ha gustado en la semana
Parada frente a la barra vertical con short y top deportivo, vi mi cuerpo reflejado en los espejos colgados en las paredes. Mi esposo siempre me ha dicho que tengo linda figura pero siempre le he contesto –Me amas, por eso lo ves así-. Hace unos días no me lo creía pero ahora que me he contemplado, le creo.
La instructora se acercó a mí, esa chica bajita con cuerpo tonificado piel apiñonada y cabello largo rizado, me mostró una de sus más grandes virtudes, la humildad y paciencia. Lo noté cuando me dio las instrucciones para realizar una nueva técnica y subir la barra vertical, si, esa barra que es reconocida como un deporte perfectamente comparable con el de un gimnasta o trapecista. Motivada por desarrollar la fuerza física y mental estaba ahí, con los brazos estirados y las manos sostenidas en la barra rebasando la altura de mi cabeza. Sintiendo como los nervios recorrían mi cuerpo al saber que tenía que cargar mi propio peso para subir hasta lo más alto, las manos me sudaban. Los latidos de mi corazón se aceleraban cada que intentaba impulsarme para levantar las piernas y sostenerme con las rodillas. En mi primer intento fallé, seguí insistiendo hasta que sentí un incómodo dolor ardiente en la parte interior de mis rodillas remarcándose de color rojo. Con varios ensayos y haciendo un gran esfuerzo, subí unos centímetros. Con los brazos débiles bajé y solté la barra para tomar aire y restablecer mi respiración ya que sin ella era imposible volver a subir.
Retomé la técnica, pero ahora mi instructora con nombre Fabiola reflejaba su empatía hacía mí, explicándome pacientemente la manera correcta de cómo hacerlo. Mis músculos estaban con poca fuerza pero de repente, Fabiola mi instructora comenzó a alentarme gritándome – ¡Enfócate en subir! ¡Olvídate del dolor! ¡Tú puedes!- mis oídos tomaron mucha atención a sus palabras como si fuera lo único que existiera en ese momento, sin darme cuenta el dolor había desaparecido y solo me enfoqué en tocar el techo. Después de dos estiramientos más conquiste la cúspide de la barra saboreando la transformación de mis emociones como, el miedo por confianza, la debilidad por fuerza y el dolor en alegría. Al estar arriba escuché los aplausos de todas mis compañeras, estaban gritando – ¡Muy bien! ¡Bravo!- causando en mí una gran sonrisa y satisfacción por ese gran logro que obtuve después del dolor físico. Al voltear hacia abajo, ahí estaba mi instructora sonriendo y aplaudiendo con ánimo gritando – ¡Bien, muy bien! Al verla me llenó el sentimiento de agradecimiento por su gran ayuda. Pues ese pequeño logro hizo que creyera en mí.
Mi instructora me enseñó a derribar uno de mis miedos, me enseñó a conocer la sensación de victoria y lo logró expresándome palabras efectivas que hicieron revelar la fuerza que vive en mí sin pisotear ni lastimar. Guiándome como toda una profesional en su especialidad, dejado esta vivencia como una de las mejores cosas que viví en esta semana.

Lo peor de mi semana
Susana es una chica que tiene grandes sueños, uno de ellos ser escritora. Invadida por el deseo de cumplirlo se ha suscrito a un concurso -taller de escritura- donde debe realizar retos que la llevan a conocer y manejar valiosas herramientas para redactar con maestría. Empezó a realizarlos con esmero sin haber escrito antes. Con entusiasmo y el corazón abierto cada tarde se sienta en su espacio favorito con papel y libreta en mano y se dirige al archivero mental de sus recuerdos para plasmarlos entre líneas y cumplir el objetivo. Tenía que mandar un nuevo reto, estaba muy emocionada trascribiendo lo de su libreta al computador. Contenta y con una gran sonrisa llevo sus manos enfrente de su pecho y empezó a dar palmadas emitiendo fuertes sonidos de emoción gritando ¡este reto me lo calificarán como excelente! Pero toda esa energía se esfumó cuando Susana abrió el correo electrónico desde su celular para leer la evaluación. Al leer cada palabra de ese correo su sonrisa desapareció, se sintió desalentada. Sus ganas de triunfar fueron disminuyendo. Al terminar de leerlo, puso su celular encima de la cama, se sentó con la espalda encorvada, dió un gran suspiro y se aventó hacia atrás con los brazos abiertos en señal de derrota. Haciendo ese suceso lo peor de la semana.

Lo que espero que suceda en la próxima semana
Te observo y tienes una gran sonrisa, sé que lo que la causa. Puedo leer lo que pasa por tu mente. Te has dado a la tarea de sentarte y escuchar esa voz interior que te habla alentando tu poder, desprendiendo de tu mente toda palabra que te ha lastimado. Has comprendido que para formar grandes sueños debes atravesar el camino que ahora recorres. Entendiste que toda persona dura que se ponga enfrente de ti, es la correcta para trascender tus miedos. Desde mi lente sé que las mejores cosas te van a suceder día a día si conservas tu enfoque. Has puesto andar esa fuerza que siempre te ha caracterizado haciendo de ti una mujer triunfante en todo lo que te empeñes a realizar. Sucederá lo mejor cuando creas en ti. Trabaja en tu mente, hazla fuerte y solo toma lo mejor de los que te instruyen así tendrás mejores resultados y críticas. Siempre brinda tus días a Dios, él te enseñará el camino que te corresponde, ten confianza en él, es muy generoso y pronto te llevará a la versión más elevada de ti misma que tanto has estado buscando. Te veo sentada con pluma y libreta tomando nota de lo que te dicta tu sentir y te has dado cuenta que ha resurgido esa fuerza que había dormido. Con ella vencerás grandes desafíos que son tus mejores amigos, pues detrás de ellos está el regalo prometido.

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