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NICOLAS Y GABRIELA. CAPITULO 1. LUNES 21/08/1995.

El día era soleado y las nubes adornaban. Comenzaban las clases en una secundaria en Saltillo. Los muchachos caminaban en solitario o en grupos o en filas hablando sobre lo popular de la década: los videojuegos, series de televisión, películas, canciones e historietas. Cada grupo estaba en su asunto mientras se dirigían al portón de entrada. Muchos lo llevaban en autos, otros en camión, pocos tenían su casa cerca de la escuela e iban acompañados de sus madres para despedirlos.

Uno de ellos, Nicolas, iba con su madre tomándola del brazo izquierdo con mucho cariño. Era un muchacho delgado, moreno y de altura mas que mediana, como un metro con setenta y ocho. De cabello corto negro y ojos cafés oscuros.

Estaba feliz de regresar a clases. Volteo con su madre, ella le sonrió. Puso su cara conmovida al saber que su único hijo casi terminaba la secundaria.

Le hablo dulcemente mientras formaba señas.

—Hijo, nos vemos en la tarde. Cuídate mucho. —lo besó en la frente.

El joven le aviso que la hora de salida es a las 2:20 de la tarde.

Su mamá se despidió mientras regresaba a su auto que tenia en el estacionamiento. Él contesto alzando la mano.

Cuando vio el auto alejarse, giró la mirada hacia el portón y entró. Caminó por el patio de los primeros hasta encontrarse con su amigo desde kinder, el único de la escuela. Andrés.

—¿Como estas, Nicolás? —lo saludo dándole con un chocalas.

Los dos entraron al salón del 3B en el segundo piso a acomodar sus mochilas en los pupitres. Andrés le hablo de sus vacaciones mientras bajaban por las escaleras.

—yo fui a Tuxtla Gutierrez a visitar a mis abuelos, nos fuimos de paseo a una laguna y a comer huaraches de bistec ¿tú que has hecho?

Contestó que se quedó en la ciudad y fue a un museo de dinosaurios con su mamá.

—¡que interesante! ojala te la hayas pasado bien —trató de no sonar aburrido —. Debe ser mas divertido que pasársela dormido todo julio ¿no crees?

Él subió los hombros.

El timbre sonó y Andrés tomó del hombro a Nicolás para hacer filas porque comenzaban los honores a la bandera, con himno incluido. Al terminar con los efemérides, el director mando a cada grupo a su salón correspondiente. Los de 3B corrieron escaleras arriba a su salón que se hallaba junto al laboratorio y platicaron en voz alta sobre cualquier tema mientras Nicolás sacó su libro de historia para leerlo. En el pasillo se oyeron los pasos del profesor de historia y todos acomodaron sus pupitres y se sentaron antes de que llegara. Para cuando entró al salón, saludó con amabilidad y autoridad.

—Buenos días, alumnos.

—Buenos días, profesor. —los alumnos respondieron con respeto.

El profesor revisó el suelo para ver si no tiraron una envoltura de frituras o una botella vacía de refresco. Al no ver nada de eso, prosiguió.

—Jóvenes, recuerden que ya están en tercero de secundaria. Aprovechen para estudiar al máximo y así llegar a graduarse, para que crezcan escojan una carrera que los apasione.

El profesor preguntó si todos lo estaban escuchando ya que Nicolás le prestaba mas atención a su libro de historia. Andrés le defendió explicándole al profesor algo que casi olvidaba.

—ya le contare lo que nos esta diciendo, profesor. No se preocupe. Él entiende bien las cosas.

Aceptando la respuesta, el profesor continuó.

—Alumnos, antes de iniciar la clase, les tengo un anuncio importante…

Andrés levantó la mano apresurado y con entusiasmo.

—¿Va a ver un torneo de basquetbol en nuestra escuela?

El profesor contestó un poco desconcertado por la interrupción.

—Eso puedes preguntárselo al profesor de deportes. Ahora déjame continuar.

Andrés agachó la cabeza desilusionado, pero Nicolás le dio una amigable palmada en la espalda para reanimarlo.

Ya sin interrupciones el profesor se masajeó las manos y prosiguió.

—El anuncio que quería dar es que va a venir una nueva alumna a esta escuela. Ella vendrá al frente, se presentara y ustedes le darán la bienvenida. Que se sienta incluida y bien recibida ¿Entendido?

—¡Entendido, profesor! —respondieron los alumnos.

Nicolás movió la cabeza de arriba a abajo en señal de que entendió y siguió leyendo.

Todos se preguntaban quien seria la nueva alumna ¿Sera de otra ciudad? ¿De otro país? ¿Hablara mas de dos idiomas? ¿Sera un alíen? Un montón de preguntas asechaban en la mente de los estudiantes.

Nicolás seguía con su lectura. No le interesaba la charla grupal y prefería leer sobre las culturas prehispánicas.

Tocaron la puerta con tres golpes y el profesor avisó la llegada de la nueva alumna. Fue a abrirla y la dejo pasar. Nicolás levantó la mirada por un segundo e inesperadamente dejo de leer al ver a la chica entrar. Abrió los ojos como un sorprendido en su fiesta de cumpleaños. Estaba impresionado por su presencia.

La alumna llevaba una mochila de ruedas igual a la suya con estampas de conejos. No oyendo las risas burlonas de los demás, solamente se fijó en la chica, como si no estuvieran, que el salón era un cuarto oscuro y ella la luz que lo iluminaba.

No podía mover sus ojos de ella, sintió su corazón palpitar como si fuera la primera vez que lo hiciera. Suspiró con aire de idolatría. Su sonrisa comenzó a extenderse que la cubrió con su libro.

Ella vestía el uniforme bien ordenado: la blusa blanca, el chaleco azul y la falda con tres tipos de rojo. Su cabello, negro como la noche, lo traía recogido con una coleta que le cubría el hombro derecho.

Era delgada pero de brazos y piernas tonificados. Su rostro, ovalado y su nariz, de punta redonda. Traía una pulsera roja en la muñeca izquierda. Sus calcetas blancas y zapatos negros sin manchas. Parecía medir ocho centímetros menos que él. Su piel era morena clara, algo así como nieve mezclado con arena. Los labios rosados y delgados reflejaban sus dientes brillantes.

Y por ultimo, el toque que relucía su persona: sus ojos violetas. Como el atardecer de los otoños, resplandecientes, bellos y coloridos. La veía con encanto, ilusión y… ¿también eso sera? se preguntó a si mismo.

Siguió mirándola cuando Andrés lo interrumpió al ver su cara dándole un codazo suave en el brazo. Le pregunto susurrando con burla.

—¿te gusta, verdad?

Eso hizo que Nicolás se sintiera incomodo y se le quitara la sonrisa. Se puso colorado de la pena y timidez.

El profesor invitó a la chica a presentarse, ella se lo agradeció y se puso al frente.

—Buenos días. Mi nombre es Gabriela Romero. Soy de Monterrey, Nuevo León. Tengo catorce años. Me gusta el voleibol, los libros de fantasía y los videojuegos. Espero que podamos llevarnos bien y muchas gracias por la bienvenida. —casi se iba a sentar, pero se detuvo y agregó—. Si se preguntan que consola tengo, es la Super Nintendo. Ahí juego mucho Donkey Kong Country y Mario Kart.

Gabriela preguntó al profesor en donde se sentaría. Este señalo que había un pupitre disponible justo al lado del de Nicolás. Le dio las gracias y fue al lugar. Cuando Nicolás vio que ella venia hacia donde estaba él, se petrificó por el temor y el pánico. Quería presentarse pero no sabia como.

Andrés le tranquilizo diciendo sin estrés.

—tranquilo. Yo le hablo y te presento.

Gabriela se sentó, acomodo su mochila de ruedas, sacó su libro de historia, cuaderno, pluma y corrector preparándose para escribir. Nicolás explicó a Andrés que no se preocupara, que él se presentara personalmente.

—Mucha suerte. —susurró su amigo animándole.

Con los dedos temblándole, pensó en tocarle el hombro con suavidad. Casi iba a hacerlo cuando ella se levantó para ir por dos hojas para una tarea. Nicolás se desanimó al no tener valentía para hablarle. Pero ella volvió a sentarse. De nuevo agarró valor y vio que se le cayo su pluma a un lado de su pupitre. La recogió del suelo y se la devolvió sonriente.

Gabriela volteo, tomó su pluma y le contestó con simpatía.

—Muchas gracias… compañero.

Notó en su expresión que lo miró con gesto de agrado.

Esperanzado a dar el siguiente paso, acercó suavemente su mano para tocarle el hombro y poder presentarse. Pero el profesor volteó de repente al dar una lección sobre Mesoamerica y lo pillo en su intento. Lo interrogó con intensidad.

—Joven Garcia ¿Esta usted molestando a la nueva alumna?

Nicolas se asustó y escondió la mano en la espalda sintiéndose un acosador.

Quizás debió conformarse con las gracias que le dio y no molestarla mas solo por un simple (pero esperado) apretón de manos.

Gabriela levantó la mirada al saber que se dirigían a ella por lo de “nueva”. Vio que su compañero de al lado iba a ser regañado, así que lo escudó.

—Profesor, solo me devolvía la pluma que se me había caído, nada mas.

Bajando un poco su molestia, el profesor perdonó a Nicolas y siguió en el pizarrón.

Él decidió no molestarla mas al verla concentrada en el trabajo. No quería tener una mala impresión frente a ella.

Fue con Andrés y en su lenguaje explicó el problema. Su amigo le sugirió en voz baja y formando palabras con las manos.

—Esperate hasta el receso y ahí tendrás mas tiempo.

Hizo caso y Andrés le prestó su cuaderno para que escribiera los apuntes. Durante las clases miró a Gabriela escribir y trataba de mantener al margen su admiración cuando se paraba a leer en voz alta. Aun sin escucharla, le maravillaba la manera gentil que movía sus labios.

Al comenzar el receso, se le dificultó pensar en una idea para hablarle. Eso lo distrajo tanto que no le dio tiempo de comprarse un sándwich o tal siguiera unas galletas en paquetitos. Esperaba a que ella saliera de la oficina del director. Le pidió a Andrés que le avisara.

—No te asustes Nico. No es tan difícil hablarle a una chica. Solo la saludas en buena onda y ya le platicas —le decía su amigo todo relajado.

Sentados en una banca con un árbol en forma de brocoli, Nicolás jugaba con sus dedos juntandolos y separandolos como patitas de araña para calmar sus nervios. Andrés estaba parado escondido en modo de detective para ver si Gabriela llegara.

—Recuerda, si ella esta sola, rápido le corres a saludarla.

Expresó que así lo hará, eso esperaba.

—Oh mira… no, no es ella, tiene el pelo castaño. La que buscas tiene el pelo todo negro.

Nicolás, con las esperanzas bajándose, casi iba a levantarse para irse cuando Andrés vio lo que tanto esperaba.

—¡Nico, Nico! —tocó su hombro con cuatro palmadas—. Ahí esta tu chica.

Se puso detrás de Andrés y ahí ve a Gabriela sentarse en una banca. Su rostro manifestó una enorme alegría de admirarla de lejos, pues no imaginaria como seria verle de cerca. Pero dudó si podía saludarla. No era bueno socializando y trato de no imaginar resultados terribles, quería que todo saliera bien.

—¡Ya Nico, ve con ella! —lo apuró Andrés empujándolo para salir.

Medio confiado en sus ideas, fue a pasos lentos a la banca a donde ella se sentó, pero casi al dar los siete pasos, vio a tres chicas caminar de prisa a su lugar. Se quedaron paradas y notó que Gabriela sonrió y estrechó la mano como si las chicas le hablaron para presentarse. Nicolás admiro lo rápidas que eran y regresó corriendo con Andrés para no ser descubierto.

—¿Que paso amigo? ¡ya tenias el terreno libre! —lo regañó.

Le contó que quizás Gabriela quería conocer a mas personas y las muchachas querían ser sus amigas.

—¿Pero tu querías ser el primero en conocerla?

No respondió, aunque le hubiera encantado.

—Sigamos esperando.

Se quedaron un rato mas en el árbol de brocoli y Nicolás veía a Gabriela reírse y formar anillos de su cabello con gestos cómicos. Le agradó su manera de interactuar y suspiró admiración porque ella se desenvolvía sin temor. Junto con su amigo, vieron algo oportuno e inesperado.

—Nico. Veo que las chicas se están despidiendo de ella y ya se van. Sigue en la banca y esta comiendo una manzana en pedacitos so… ¿la?

Este era el momento perfecto para hablarle por fin. Nicolas estaba muy entusiasmado.

—¡Vamos, Nicolás! este es el momento para que te presentes. Faltan siete minutos para que acabe el receso ¡Aprovéchalo! ¡Anda! Le vas a caer bien. Te lo prometo.

Apurandole para que saliera del árbol, Andrés lo empujó por la espalda para que fuera hacia Gabriela. Nicolás masajeó su garganta para calmarse.

Al caminar sus piernas temblaban como gelatinas y su frente sudaba a causa del miedo. Se quitó el sudor como la mano y sacó aire por la boca.

Llegó por fin con ella aunque con ocho centímetros de distancia. No notó su presencia porque jugaba concentrada el Game Boy un juego de Mario Bros.

Nicolás miró al cielo a pensar como saludarla. Recordó la técnica de mover la mano hacia ambos lados para tal vez cuando levante la cabeza, le contestara.

Ella aun no respondía.

Suspiró deprimido y giro hacia Andrés para que le diera instrucciones.

—Haz ruido con las manos, aplaude con las manos para que te vea o siéntate a su lado y preséntate a secas. —le susurró para no ser descubierto haciendo señas de como se debe hacer.

Sacudiendo las manos, decidió sentarse, tocarle el hombro y presentarse. Pero casi empezando el plan, un mosquito zumbaba cerca de su nariz y rodaba en forma vertical. No lo dejaba concentrarse, hasta que con un fuerte aplauso pudo matar al mosquito, pero causo que Gabriela reaccionara asustada con el ruido. Levantó la cabeza y lo vio. Se mostró disgustada.

—¿tu hiciste ese ruido? -preguntó con leve enfado.

Logró su cometido de que lo viera, pero quedó incomprendido al ver que no estaba contenta por ello.

Comentó con señas que su intención no era asustarla, sino saludarla. Pero ella no entendió bien el movimiento de manos y pensó que imaginaba tejer un suéter. Lo miró con interrogación y desconfianza.

—¿Que pretendes hacer? —preguntó con frialdad.

Queriendo demostrar su noble intención, levantó la mano y la movió para los lados, dándole a entender que quería.

—Ya entendí —suavizó un poco su voz— ¿Querías presentarte?

Comentó que esa era la idea.

—Pues si querías presentarte pudiste decirme “hola” sin tener que mover las manos como mono de circo ¿acaso eres mudo o que?

El tono de voz que usó fue agresivo y llego a ser hiriente.

Al ver el rostro molesto de la chica, Nicolás bajó la cabeza y comenzó a acariciarse las manos con temor. Sintió que la había hartado por su incapacidad de formular palabras.

Al ver la postura indefensa del muchacho, Gabriela se dio cuenta de su error. Tapó su boca con las manos sintiéndose una cruel insensible.

—dime… ¿en verdad eres… ?

Se paró de la banca y se acercó unos pasos hacia él y le tocó con ternura la barbilla. Nicolás la vio y respiró asustado por otro reclamo, pero ella le habló con un tono mas amable.

—De verdad no era mi… Perdóname, fui una tonta por preguntar algo tan grosero.

Gabriela bajó la mirada y sintió sus ojos enrojecerse por el arrepentimiento.

Al verla en ese estado, Nicolás tocó el dorso de su mano con el dedo meñique. Le dijo con señas que no se sintiera mal, que él fue quien no le explico a tiempo de su condición.

Ella sintió nervios para hablarle luego de comportarse así, pero al ver que le sonreía con gesto noble ¿Porque lo rechazaría? Relajo su cara y se secó los ojos con el puño.

—Te agradezco que no me guardes rencor. —le dijo—. Pero en ese caso debí saludarte antes y preguntarte si podías oírme sin usar ese tono…

¿Rudo? le sugirió

—¡Exacto! me porte contigo como un toro enchilado.

Respondió que si lo necesita, le dará un cubetazo de agua.

—No hace falta, con una salpicada basta para desenfandarme.

Cruzó los brazos y agachó la cabeza pensativa. Nicolas volteó de repente con Andrés para avisarle que todo está en orden.

—Que bueno —susurró desde el árbol de brocoli—. Pensé que seria otra malcriada berrinchuda.

Nicolas volvió con Gabriela y ella lo miró con timidez.

—¿Aun quieres… hablar conmigo?

Respondió que no la ignoraría.

—Que bien. —sonrió relajada—. Entonces aquí va mi saludo. —extendió la mano derecha—. Me llamo Gabriela ¿y tu?

Con las manos formo las letras de su nombre y apretó su mano con respeto.

Ella le preguntó después de verlo.

—¿Como supiste lo que te pregunte?

Sin ánimos de presumir, explicó que con su síntoma desarrollo la “habilidad” de leer los labios de las personas para entenderlas. Con lo que su vista es mas aguda y por eso no usa lentes.

—Entonces si una persona es ciega, oye mejor y si es sorda, ve mejor ¿no es así?

Contestó que podría sucederles a otras personas, al menos que sean mutantes.

—Y quizás hasta con la buena vista saquen rayos láser o formen bolas de papel gigantes. —se rió amablemente—. Oye ¿quieres sentarte conmigo?

Le brillaron los ojos cuando leyó lo que dijo. No podía creer que era real lo que vivía. Temeroso preguntó si era cierto.

—¡Por supuesto! Te lo debo luego de como me porte contigo.

Volvió a sentarse en la banca y palmeó el espacio vacante a su lado.

—Con toda confianza —insistió.

Convencido, se sentó y planeo como comenzar la charla.

Vio que tenia el Game Boy que tenia en sus manos. Ella le explicó.

—Es una consola portátil que para llevar tus juegos a todos lados ¿quieres jugar? te la puedo prestar.

Se la extendió, él la tomó y le explicó las funciones de los botones.

—Con la A disparas y con la B atrapas los hongos de poder. La crucita es para moverse. Arriba saltas, abajo agachas, izquierda adelante y derecha atrás. También puedes aplastar  los frijolitos y arrojar los caparazones de las tortugas. Muy divertido.

Mientras Nicolás jugaba, Gabriela le repetía las funciones.

Andrés a loa lejos veía que todo marchaba bien, así que decidió dejarlos solos. Pero cuando iba a retirarse, tropezó con una roca y se resbalo ensuciándose el chaleco con lodo.

Gabriela oyó el ruido de la caída y se alarmó al pensar que los estaba espiando y así era.

—¿Que fue eso? —preguntó girando la cabeza, pero al no ver que pasaba porque Andrés rápido se escondió acostado frente al árbol, decidió no darle importancia—. Creo que alguien solo arrojo una piedra ¿en donde estaba?—volvió con Nicolás a ver como jugaba.

Andrés aprovechó para irse de puntitas de su escondite. Nicolás termino de jugar y le devolvió la consola con cuidado.

—¿te gusto el juego? —preguntó Gabriela.

Contestó que lo entretuvo y le agradeció por prestaserlo.

Ella guardó la consola en su lonchera.

—Gracias. Ahora si ¿de que quieres que charlemos?

Contestó que de sus cosas favoritas.

—De acuerdo, pregúntame tú primero.

Preguntó cual era su película favorita.

—Que pregunta mas difícil. Déjame pensar.

Después de mirar al cielo y juguetear con sus manos, respondió.

—mmm, creo que la de Volver Al Futuro. Es muy fascinante viajar en el tiempo. Si tuviera un DeLorean como el de la película, viajaría a la época de Beethoven para ver en vivo sus presentaciones y a la de Shakespeare para ver sus obras. Es mi favorita. Las dos secuelas me divirtieron pero no tanto como la primera ¿Cual es la tuya?

Tocando su barbilla con el dedo indice, contestó que era Rocky e incluyendo sus tres secuelas, descartó la quinta porque no le pareció buena. Agregó que tenia un mensaje sobre motivarse a enfrentar momentos difíciles de la vida y lograr un triunfo.

—Pero esa película es muy agresiva. —comentó con ligero temor—. Muestran escenas donde se rompen la cara a tremendos puñetazos. Pero la intención de Stallone de inspirar perseverancia se le agradece.

Preguntó sobre su comida favorita.

—Me gustan los tacos dorados de pollo, con crema servida de forma serpenteada y con guacamole ¡Mucho! saben muy riquísimos. —decía ella imaginándose el exquisito platillo— ¿Cual es la tuya?

Contestó que las albóndigas rellenas con queso derretido y espagueti.

— ¡Increíble! a ver cuando me invitas a probarlos. Ya hiciste que se me hiciera agua en la boca.

¿Su música favorita?

—Románticas pero divertidas, canciones de películas, orquestas y algo de rock.

Respondió que también le gusta la orquesta y que le fascina ver como tocan los violines, el piano, el arpa y las trompetas.

—¿pero ves como tocan los instrumentos sin… ?

Entendió lo que quería preguntar al ver su mirada confundida. Le insistió que la completara. Ella al saberlo, lo hizo.

—¿… sin oír sus canciones? —señaló con el dedo indice ambos oídos.

Sincerándose, Nicolás respondió que así era porque nació con perdida auditiva unilateral prelingüística.

—Ósea que…

Que en el oído izquierdo no oye bien.

—¿Y tu oído derecho?

Sufrió una malformación, tal vez esta roto.

—Cielos… —exclamó con el arrepentimiento aumentado—. Disculpa si no lo pude notar al principio.

Expresó no sentirse ofendido porque tal vez el profesor no le informó al llegar al salón, ademas que eso de no oír bien no le molesta en absoluto. Que estaba disfrutando su platica y que desea con gusto formalizar una amistad.

—No lo puedo creer. —exclamó conmovida.

Preguntó que no puede creer.

—Que estoy conociendo a alguien que a pesar de tener una discapacidad, se muestra feliz y orgulloso.

Explicó que así le enseñó su mamá. Nunca avergonzarse de como es.

—Pues sigue con esa actitud y lograras hacer grandes hazañas ¡Hasta podías lograr poner un pie en marte! —extendió los brazos como si flotara en el aire.

Rió con el comentario, pero que solo con escalar el Popocatépetl es suficiente.

En ese momento sonó el timbre.

—Se acabó el receso —le avisó—. Que tal si mientras vamos al salón seguimos con nuestra charla.

Él accedió. Gabriela tiró el papel que contenía los pedazos de manzana al bote de la basura. Se levantaron de la banca y se dirigieron al salón.

Preguntó cual era su caricatura favorita.

—Animaniacs.

Él contestó Pinky Y Cerebro.

—Vaya, tenemos los mismos gustos. —dijo ella fascinada.

Preguntó sobre sus pasatiempos favoritos.

—Me gusta el voleibol, quisiera ser una jugadora profesional. Me encanta saltar y golpear el balón. Otro pasatiempo es leer libros de fantasía. Ya sabes, sobre batallas entre caballeros, pelear contra dragones y orcos y defender castillos de invasores con escudo y espada.

Contestó que eso era fascinante y que a él también le gusta leer mucho, sobre todo libros históricos.

—Debes ser el único que lee todo el libro de historia, los demás bostezan solo con ver la portada e incluso la usan como almohada.

Eso no lo niega y confesó haberlo hecho a veces.

—Mínimo no babeas.

Ambos rieron. Preguntó sobre su película animada favorita.

—Bernardo & Bianca, también Mi Vecino Totoro, 101 Dalmatas y Dumbo.

Pinocho y agregó Peter Pan, Los Aristogatos y La Dama Y El Vagabundo.

Le dijo que su color favorito es el azul.

—A mi me gusta mucho el morado. Mi bicicleta es de ese color.

Entraron al salón y se acomodaron en sus lugares. Gabriela le palmeó el hombro para avisarle.

—Nicolas. El profesor me encargó un resumen sobre la civilización maya. Era de dos personas y no se si quisieras… ayudarme.

Él arranco una hoja de su cuaderno y apresurado anotó la dirección de la biblioteca publica para ir después de la salida. Se lo entregó amablemente.

—Gracias Nico… ¿Te puedo llamar así?

Contestó afirmativamente.

—Tú me puedes llamar Gaby —ambos se miraron con aire amistoso—. Me dio gusto hablar contigo. A la salida quedamos para la tarea.

Ya entrando el profesor, todos se sentaron. Andrés corrió veloz a su pupitre y se sentó. Le habló por el hombro.

—Nico ¿como te fue con ella? —preguntó— ¿No fue grosera contigo?

Levantó disimuladamente un pulgar arriba y sonrió muy contento.

—Que bien amigo ,te felicitó.

Chocaron los puños. Nicolás notó que en el chaleco de Andrés había tierrita esparcida. Lo sacudió para limpiarlo.

—No es necesario, se limpia con agua. Gracias —le dijo para que no tirara la tierra al suelo.

Dejó de sacudirle el chaleco y se acomodó en su pupitre.

Volteó con Gabriela y ella también a él, su nueva amiga le mostró el signo de la paz y se sonrieron. Al final voltearon al pizarron para prestar atención a la clase de álgebra.

Acerca del autor: Hugo Castillo Madero

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