Mujer espléndida:

Si quisiera describir el amor, lo haría con tu nombre, no necesitas hipocorístico alguno, pues tal cual, enternece el alma. Disfruto tanto los tres segundos en los que me cruzo contigo al caminar. Intencionalmente te busco y hago que parezca un accidente. Guardo en mi memoria ese primer y bello momento en que nuestras mejillas se aproximaron en un cálido saludo de «buenos días».

No tengo intención alguna de buscarte, pero te encuentro en cada canción de amor, en cada ave que trina al amanecer; ese amanecer que desearía compartir contigo. Vienes con cada gesto de ternura que vislumbro al caminar, pues éste mismo, lo llevas encarnado en tu personalidad. Tu persona es sinónimo de ternura y amor. Son sinergia en tu ser. Cada mañana al encontrar tus ojos frente a mí, reconozco que me perdí. ¡Estoy terriblemente perdido en ellos! Y ni siquiera intento escapar. Tienen una esencia adictiva, que simplemente cada vez me hacen querer más y más.

Tu voz resuena como murmullos en cada latir. Habitas en mi corazón. Tu ausencia me hace aferrarme a tu febril recuerdo. Cada segundo de distancia duele. Aunque la memoria haga su trabajo, no me conformo, necesito más; más de ti.

Hoy te vi caminar. Quedé atónito, que ni siquiera pude hablarte. Preferí admirarte de lejos. Celoso me sentí del viento, pues entraba y acariciaba tus finos cabellos; intangible pero oportunista. Recordé aquel día que tus manos debajo de las mías descansaban. Pude sentir la tersura de tu piel y el calor que a cualquiera enloquecería. Podría describirlo como «el premio mayor». Mi premio es tenerte, después de buscarte tanto tiempo, al final, apareciste frente a mí, mis pruebas fehacientes me dicen que no fue casualidad; fue inevitable. Estábamos destinados a encontrarnos. No en el momento en que queríamos; sino, en el que nos necesitábamos.

Me gusta admirarte recostada sobre la almohada, Tus labios me llaman, pero al besarlos despertarías y entonces no podría más contemplarte a mi lado. Después tu inocente, benévola y seductora sonrisa aparecería sobre tu rostro enamorándome maliciosamente más y más.  

La frescura del rocío matutino acaricia tu rostro, justo como el dorso de mi mano lo hace cuando permaneces apacible a mi lado. No es que te necesite, sino que, te prefiero y elijo. Elijo tenerte entre mis brazos, empañar nuestros lentes con nuestro vaho en una frígida mañana. Te prefiero por tu simplicidad y ligereza de ver la vida. Por sembrar flores en los pantanos. Te prefiero porque te quiero.

Alejandro Falcón

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Esta entrada tiene 9 comentarios

  1. Lari

    Que bello ser eres Falcon♡

  2. Adriana Candia

    Hermoso

  3. Gabriela Cruz Vizuet

    😍

  4. Sandra

    Que hermosa carta, Alejandro. Me encantó!! 🥰

  5. Pao M

    Qué linda carta🤍🤍🤍🤍

  6. Román

    Oh. Que hermoso!!! 🤗😊

  7. Diana

    Que maravilla ♡ ¡Me encantó!

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