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Mi viaje a la Luna.

Hay lugares que me llenan de paz y amor. Hay pequeños rituales que me hacen sentir bien, aunque no vaya nada bien, cuando necesite volar y desconectar.

Puedo sentir la brisa del mar acariciar mi rostro, respiro paz. La hermosa melodía que entona el mar junto a las palmeras me da tranquilidad, al cerrar los ojos siento mi cuerpo bailar con ella. La luz de la luna llena que decora el cielo me da seguridad, sé que cuento con ella para no perderme.

La vida es un millón de momentos; y los hay mágicos, de los que se llevan en el corazón por siempre. Son los que dan esa energía, ese motivo para ser feliz. Así que, siempre que necesito regresar a esa dosis de felicidad, sigo mi ritual. Busco un lugar mágico y abro mi cajita preciada donde guardo todos esos momentos que me llenan.
Hablo con la luna, y le cuento cada detalle de ese cuento que escribieron las horas. En mi mente guardo cada sentimiento vivido que ninguna foto puede contener, son esos momentos que llevo tan dentro de mí.

Mi cuento favorito es el que se escribió al lado de él, Mateo, mi gran amor. Y es el que más saco de mi cajita, el que más me hace feliz. Ya perdí la cuenta cuantas veces lo he compartido con la luna, ella lo sabe muy bien.
Comenzó mucho tiempo atrás, cuando le conocí. En ese entonces las cosas no fueron tan bien como deseaba. Pero, por cosas del destino nos volvimos a encontrar. Fue tan inesperado, pero, tan mágico que alegro mi corazón de por vida.

Él estaba allí, junto a los demás profesores. Se le veía feliz, lo conocía tan bien que podía asegurar que estaba lleno de ilusión, un poco ansioso y muy feliz. Estaba haciendo lo que más le apasionaba, enseñar, compartir aquel conocimiento que le hacía perder la cabeza. No había cambiado nada… Ni su aspecto, ni la reacción de mi corazón al verle.

El motivo que me hizo estar ahí junto a él, fue un extenso e intensivo seminario de tres semanas. Lo que nos apasionaba.
Recuerdo tan bien aquel momento, el reencuentro.

Está tan vivo en mi mente que me transporto al momento. Puedo sentir su olor, mi corazón latiendo al mil, a punto de salirse de su sitio. Escucho el ruido del recinto, las demás personas hablando, la brisa que entraba por la gran puerta que había. Cierro mis ojos y lo siento en frente, logro sentir su respiración.

Llegó el momento de que nuestros ojos volvieron a encontrarse. Fue mágico, mi corazón sintió un chispazo que le hizo saltar. Bombardeó tan fuerte que pude sentir como enrojeció mis mejillas. Y fue en ese precioso momento que me di cuenta que aún lo quería, que tenía mil razones para hacerlo y que sin importar el tiempo que llevaba de no verle, necesitaba sujetarme el corazón con tan solo oír su nombre.

Durante el seminario fue inevitable estar lejos. Nuestros corazones eran imanes que se atraían fuertemente entre si. Y nosotros no teníamos el poder de separarlos, por lo que decidimos dejarlos y no luchar contra ellos. Arrojamos el pasado a la basura, todo aquello que nos lastimaba, y comenzamos a escribir en hojas en blanco, dejándonos llevar por lo que sentíamos.

Pasamos días maravillosos. Llenos de ilusión, pasión y amor. Planeamos, soñamos y volamos juntos. Apagamos todo el ruido que el mundo nos hacía y fuimos felices. Mis ojos brillaban, tenía esa sonrisa en mi cara que no podía borrar.

Siempre, después de una maravilloso verano, nos toca enfrentar el invierno. Pero, nunca nos preparamos para ello porque deseamos quedarnos en el verano. A nadie le gustan las noches de hielo, ni ver morir a los pétalos. Nos gustan los colores de los árboles llenos de vida, el calor y la alegría contagiosa del sol.

Si tan solo tuviéramos la oportunidad de buscar siempre el clima perfecto. Al igual de los pájaros que migran, si pudiéramos regresar a todos los momentos que nos hacen sonreír y quedarnos viviendo allí; yo siempre volaría a todos los que hacen mi corazón feliz. Huiría del invierno que estoy pasando. Ese frío invierno que poco a poco se va llevando mi vida.

Observo la luna atentamente, contemplo su majestuosidad. Siempre me ha dado tranquilidad, imagino la vida allá, en un lugar de paz.

Me he consumido tanto en mis pensamientos que he me desconectado de mi realidad. Y es su abrazo que me hace aterrizar de mi viaje nostálgico. Siempre sus abrazos han sido mi puerto, mi refugio. En ese espacio entre sus brazos, se encuentra mi lugar feliz y mágico.

 

—Está preciosa la luna ¿cierto?— me dice mientras se coloca detrás de mí y me envuelve entre sus brazos —estas perdida en ella y me ha encantado verte contemplándola.

Su presencia me da tranquilidad. Cierro mis ojos y asiento con la cabeza mientras sonrío.

—Ella sabe cuánto te quiero— continua, hablándome en el oído con su voz tan dulce — siempre le hable de ti cuando estuviste lejos… “Talking to the moon… Tryin’ to get to you, In hopes you’re on…”— comienza a cantar, mientras ríe y me encierra más entre sus brazos.

La verdad es que le queda pésimo cantar, pero, me encanta oírlo. Su voz es una de las cosas que más amo y su esfuerzo a la hora de cantar siempre me saca una sonrisa.

Esa era una canción que me había dedicado tiempo atrás. Cuando las cosas no marchaban tan bien como ahora. En la luna están todas nuestras conversaciones, esas que no pudimos tener. Todas las veces que nos extrañamos nos buscábamos en la luna. Se convirtió en nuestro ritual.

Es notable mi estado de ánimo. Por más que trato de disimular me es difícil ocultarlo.
Desde que recibí la noticia de que mi vida se apaga, el miedo se apodera de mí. Se ha convertido en ese monstruo tormentoso que me acompaña.
No quiero irme, no quiero dejarle. No quiero que se dejen de escribir los cuentos que tanto me hacen feliz.

—Cariño, ¿te encuentras bien? — me voltea para verme a los ojos, sabe que al hacerlo no puedo mentirle — vale, mírame. Dime, ¿qué te pasa por esta cabecita que te tiene tan mal? —coloca su mano en mi cara.

Solo sonrió, el monstruo está presente. Y hace que mis ojos haya una leve llovizna.
—So…solo no quiero que esto se acabe — logro decirle, mi voz se corta un poco. Estoy haciendo todo mi esfuerzo para no llorar.
Aún no sabe nada sobre mi enfermedad. No he querido decirle, no he tenido el valor para hacerlo, ni para aceptarlo…

—Cariño, no temas. Escúchame, no va a pasar más. Estamos juntos y no importa nada más, ¿vale? — me besa con ternura; él tiene la maravillosa capacidad de transmitirme tranquilidad.

Sonrió, me hace tan feliz tenerle y poder contar con su apoyo. Estoy segura de que me apoyará al saberlo, que me cuidará como siempre. Pero no quiero destrozarle el corazón, no ahora que está feliz y tranquilo. No quiero que sufra por mi culpa.

—Sabes, si me dijeran que viviré en un bucle por el resto de mi vida. Y que debo elegir todos los minutos que se repetirán sin fin… Sin dudar, te elegiría a ti, abrazándome, cuidándome, amándome. Porque no sabría vivir sin ti. Sin tus besos, sin tu voz— es inevitable que las lágrimas broten, trato de disimular — es que son tan afortunada al tenerte. Mi corazón te necesita, tú eres quien lo mantiene con vida. Y quiero que lo sepas, que sepas que te amo. Y que si algún día no estoy para decírtelo, no lo dudes ni un segun… — me interrumpe colocándome sus dedos sobre mis labios.

—Basta, sssh no digas más— dice susurrando — ¡joder, cariño! Que esto suena a despedida… Nadie está pensando en marcharse. Que yo te quiero vida mía, y no dudo de lo que sientes. Y solo has logrado que te quiera más… Viviremos ese bucle juntos, sin que nadie ni nada interfiera, porque eres lo más bonito que me ha pasado.

Esa noche, mientras nuestros cuerpos se unían, decidí olvidar al monstruo. Soltarlo, para poder vivir lo poco que me quedaba. Tome la decisión de gastar cada gota de energía que quedaba en mí, en ese amor que me hacía tan feliz. Porque solo así valdría la pena morir; viviendo con intensidad, agotando al corazón por amar tanto.

Desee con todas mis fuerzas poder vivir en ese bucle eternamente. En sus brazos, siendo suya… Y aunque no podía ser posible, escogí generar ese bucle yo misma y para eso debía vencer al dragón que me lo impedía.

La vida es un millón de momentos, pero, los tienes y de pronto se van. Y solo podrán quedarse conmigo todas esas sensaciones que me permití vivir. No hay espacio para desperdicios.

Mi reloj de arena esta llegando a su fin, no puedo dejar pasar un grano más de arena sin ser llenado. No puedo seguir temiéndole a lo invencible, a algo que desgraciadamente no puedo frenar. Y si voy a causar dolor no puedo ser más egoísta no entregándome.

Que los cuentos que escriban las horas que me quedan sean maravillosos, que hayan valido la pena. En mi vida no hay campo para monstruos, solo para héroes como Mateo y mi familia. Ellos sí merecen cada segundo que me queda.

Cuando haya que enfrentar la noche de hielo estaré preparada y ellos también lo estarán. Y sabré que los ame con toda la fuerza de mi corazón y ellos lo sabrán.

Y en la luna se reproducirán todos, allí existirá mi bucle y será mi lugar feliz donde pueda recordar todo lo vivido aquí en la tierra. Allí será donde guarde mi cajita preciada de momentos vividos…

Acerca del autor: Odalía BG

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Comentarios

Romina Bayo Odalía: recuerda que el lector debes atraparlo rápido. El inicio se siente muy lento y algo repetitivo. Luego, ¿qué pasa con los personajes? ¿qué sienten? ¿qué viven? falta conectar con el lector.
Hace 5 meses
Humberto Vázquez Durán Felicidades, saluditos y bendiciones.
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