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MI SOCIO DE CARTONES.

ARGUMENTO:

Lissy, decide irse a otra ciudad lejos de su familia, lleva consigo 1000.00 soles. Durante el viaje pierde su cartera donde llevaba; el dinero, celular y agenda. Llega a su destino; una ciudad grande y turísticamente muy atractiva. No conoce a nadie, no tiene un techo para dormir ni que comer. Conoció a un joven que le dejó una gran lección.

TRAMA SITUACIONAL:

  1. MOTIVOS: Conflictos familiares.
  2. DESCUIDO: El hambre la obliga a bajar del bus.
  3. LLEGADA: No sabe que decisión tomar.
  4. EL JOVEN: Conoce a un joven que la rescata.

ESQUEMA RIGUROSO:

  1. MOTIVOS: Durante el desayuno ocurren discusiones fuertes con su Padre, las palabras muy hirientes le dejan todo en claro. No hay marcha atrás, decide irse, su madre intenta hacerla cambiar de parecer ella no escucha. Lleva consigo los únicos mil soles que tenía ahorrado de su trabajo anterior.
  2. DESCUIDO: Durante el viaje el bus hace una parada de 15 minutos, en la cual Lissy baja a comprarse unas galletas y agua. A su costado iba un señor de tez morena, estaba dormido cuando ella bajó del bus. Al regresar ya no estaba, no se dio cuenta de que su cartera de mano tampoco se hallaba ahí.
  3. LLEGADA: Se da cuenta de que le falta su carterita, una desesperación profunda se apodera de ella. Se quedó solo con el vuelto de las galletas y agua, un sol. No conoce a nadie excepto a su primo que estudia allí, su celular y agenda también los perdió junto con el dinero, no existe medio alguno para ubicarlo.
  4. EL JOVEN: Esa noche decide pasar en la terminal. Un joven se le acerca en la madrugada, tiene los pantalones rotos, la polera vieja y sucia, el pelo grasoso y la boca seca por falta de agua. Le pide una colaboración ella le niega y se aleja. Más tarde le vuelve a ver trabajando con cartones, él se acerca y empiezan a charlar, le brinda ayuda

RELATO:

Una mañana en el desayuno, mi papá reclama que soy una holgazana y buena para nada. Esas palabras penetraron como daga al corazón. Después de pensar horas, decido irme lejos de Él. Mi madre me ruega que no me vaya, que no podría vivir sin mí, le hablo y quedamos en siempre mantenernos comunicadas. Al mediodía me voy de viaje para Cusco. Llevo conmigo el poco dinero que tengo ahorrado. Me siento atemorizada a la vez libre de escuchar aquellos sermones.

El bus donde viajo hace una parada corta bajo a comprarme unas cuantas galletas y agua, llevo cinco soles. A mi costado viajaba un señor robusto y moreno que al regresar ya no se encontraba, me siento más cómoda. El resto del viaje me la pase pensando en mi mamita y que trabajo buscarme, donde vivir, llamar o no a mi primo, etc.

Después de tres largas horas llego a mi destino, bajo y me percato que mi cartera ya no estaba, me entra una desesperación profunda, busco por debajo de los asientos, pregunto a las personas que viajaban a mi alrededor nadie sabe nada. Ni vieron al señor bajar, trato de buscar sus datos en el sistema de la empresa y al parecer no se registró. Voy al teléfono público para llamar a mi primo y recuerdo que mi agenda también iba en ese bolso. Ya es de noche no queda más remedio que dormir ahí.

A la madrugada un joven de estatura mediana y maloliente se acerca pidiendo colaboración, le niego y se retira. Al amanecer solamente me encuentro con mi maletín pequeño que apenas trae un par de polos y pantalones. El estómago cruje. Lo único que se me ocurre es buscar trabajo. Salgo con el temor de perderme. Pregunto a cada tienda que encuentro a mi paso de dónde puedo encontrar alguna labor. No encuentro ningún puesto, de regreso me topo con el joven de la madrugada, en un rincón de una casa abandonada con una carpita de plástico que hace las veces de cuarto. Me mira con atención y siento cierto temor. Veo que está reciclando algunos cartones viejos. Acelero mis pasos hacia la terminal, llego y respiro con tranquilidad, de unos minutos lo veo ahí parado frente a mí, sonriendo.

Pregunta si necesito ayuda,  me ofrece un pan que saca de uno de sus bolsillos me lo como en unos segundos. Mas luego le platico de mi tragedia, me propone trabajar junto con él, acepto. Pasan días y días, entre husmear basureros y recolectar cartones viejos que luego los vendemos por kilos. Al día hacemos cinco soles y si tenemos mucha suerte hasta diez. Lo que más me sorprendía era que mi socio de cartones, siempre andaba con una sonrisa, no le importaba si teníamos dinero o no, bastaba con un sol en el bolsillo, éramos felices, me enseño a apreciar lo bello de cada amanecer y atardecer, me enseño que con unos centavos en la mano se podría recorrer casi toda la ciudad y pasar un día espectacular. Que el dinero no lo es todo.

Un día. En uno de nuestros paseos de mini vacaciones en un mercado. Me encontré con mi primo, casi no me reconoce, al verme se asustó tanto que parecía haber visto una persona resucitada,  me llevo a la casa donde vivía. Me comunique con mis padres, encontré un trabajo, alquile un cuarto, y lo más importante ayude a mi socio de cartones a crear su micro empresa recicladora.

Esta confesión es muy sagrado para mí. Compañero de mi vida; Mi amado, a veces te veo afligirte demasiado por pequeños incrementos de deuda, quiero que sepas que la felicidad no se encuentra en simples billetes de papel sino en tu corazón, en el ser amado que tienes a tu lado. Yo amo tu alma más no lo que tienes, quédate tranquilo por esa parte, si lo pierdes todo estaré más presente que nunca apoyándote y si estas en tus mejores negocios te motivaré a seguir adelante.

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Comentarios

José Juan Espinosa Mercado Con todo respeto, tu relato parece esquema riguroso.
Hace 7 meses
Romina Bayo Elizabeth Barbara Condori Vilca como sabes, es condición subirlos a tiempo para seguir en el concurso para presentar el cuento. Un abrazo.
Hace 7 meses
Elizabeth Barbara Condori Vilca Si eso lo sé muy bien, Romina aveces las condiciones de uno son un poco difíciles. Subiré mis retos a tiempo para tener la oportunidad de presentar mi cuento.
Hace 7 meses
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