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Mi límite llegó al final

Mi límite se había terminado, ya no estaba dispuesto a seguir siendo tratado mal solo por estar enamorado de ella. Necesitaba aclarar las cosas de una sola vez.

La vi a distancia. Estaba cerca de los salones de secretariado junto con su mejor amiga Fernanda. No dude y me acerque a ellas. Al verme llegar Fernanda fingió ir por unas golosinas a la cafetería de la escuela. Se despidió de ambos y se marchó.

Me paré al frente de ella, la vi a los ojos y el coraje que me acompañaba se fue desvaneciendo al ver su rostro tan dulce.

  • He llegado a mi límite- le dije con un poco de valor.
  • ¿Limite?- me preguntó asombrada.
  • Sabes a lo que me refiero.
  • Tengo que irme, mi próxima clase es la de inglés y el teacher se moleta si llego tarde a su clase- me dijo mientras comenzaba a dar los primeros pasos.

Sin pensarlo crucé los brazos para evitar que siguiera avanzando.

  • A eso me refiero, siempre buscas un pretexto para evitar hablar de esto- mi semblante cambió- el recreo acaba de comenzar y no existe pretexto alguno por el momento.
  • No tenemos nada que hablar.
  • Yo digo que sí, porque ya estoy cansado de que siempre me subas a cielo con tus actos tanto dulces pero a la vez venenosos. Siempre me tratas bien, dices que te gusto, que te agrada platicar conmigo, que soy un gran chico y eso hace que me sienta como un coche de carreras profesionales que poco a poco comienza acelerar y se siente el mejor viendo como todos sus competidores se van quedando. Lo malo es que tú eres el conductor y cuando quieres pisas el freno y haces que me impacte provocando todo tipo de accidentes- una gota de lagrima rodó por mis ojo derecho- te quiero pero no puedo seguir así.
  • No quiero hacerte daño- me dijo.
  • Pues lo haces.
  • No es mi intención.
  • Entonces solucionamos esto- sujeté sus manos y la vi fijamente.

¿Realmente quieres estar conmigo? Sólo necesito saber eso para seguir teniendo encendida la esperanza o apagarla por una buena vez.

  • Me es difícil- su rostro ha cambiado rápidamente y su cabello cubre la mitad de su rostro cuando agacha la cabeza.
  • ¿Difícil?- le contesto mientras levanto su rostro con delicadeza.
  • Es algo que no entenderás y no quiero explicarlo por miedo a lastimarte más de lo que ya lo he hecho.
  • ¿Qué puede ser peor que un amor no correspondido?- le pregunté viéndola fijamente a los ojos con toda la seguridad del mundo.
  • Tengo que irme.
  • No- le dije mientras evité sus pasos nuevamente.
  • Perdóname- unas gotas de lágrimas también rodó por sus ojos.
  • ¿Qué pasa?
  • Todo este tiempo la hemos pasado muy bien, incluso en un momento me imaginé un futuro a tu lado andando por los pasillos de la escuela, apoyándote en tus partidos de fútbol y tú en mis actividades, pero algo ha cambiado en mí y no me di cuenta del momento en el que pasó.
  • No entiendo- le dije confundido.
  • Poco a poco mi corazón fue cambiando de decisión. Me di cuenta que no eres para mí. Eres un amigo más y no quiero perder esa amistad. Aléjate de mí y no nos hagamos más daño. No quiero saber nada de ti si no es por cosas de la escuela o que hayas aceptado la realidad. Quiero que lo entiendas. No quiero hacerte daño- me dijo mientras comenzaba a caminar- eso es todo lo que te puedo decir.

Mi cuerpo no reaccionó. ¿Esa era la aclaración que buscaba? Ella siguió avanzó y se marchó. No la detuve. Me quedé paralizado. No sé cuánto tiempo. Tal vez fueron pocos o mucho pero al voltear a verla ella ya no estaba.

Decidí avanzar y buscar a Javier (mi mejor amigo) para contarle lo que pasó. Mi mente no dejaba de pensar en las frases escuchadas por ella. Eran como dagas en el corazón que penetraban lentamente en mí. No podía creerlo. Necesitaba un consejo de mi amigo Javier. El más que nadie conocía perfectamente mi situación y él era mi mejor consejero para estos momentos. Seguramente estaría en las canchas de fútbol.

Poco a poco fui llegando, me detuve para buscarlo con la mirada, tarde un poco cuando de repente…. no podía creer lo que mis ojos estaban observando. Me limpié rápidamente para ver sin las lágrimas me hacían ver cosas extrañas pero no era así. Por fin había localizado a Javier pero esta ocasión alguien más lo acompañaba, no podía creer de quien se trataba. La figura de una mujer lo acompañaba de una manera que no podía creer. ¿Acaso la vida me estaba jugando una broma?

Acerca del autor: Geremias Perez

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