Mi Gran Decisión

Recuerdo aquella noche el agua de la regadera, caía fuerte sobre mi espalda, como una cascada sobre una piedra queriéndola partir con su fuerza sobre natural. Mis manos y mi frente sobre la pared, ayudaban a mi cuerpo a tener la espalda arqueada y así poder recibir mejor los golpes de agua caliente, con la que buscaba poder relajarme y así poder conciliar el sueño.

Otra maldita noche sin poder dormir. La ansiedad y la angustia, a causa de esta maldita codependencia, me está matando. 

Hace más de un mes me había ido de la casa. Dejé a mi esposa. Me sentía frustrado, había algo en su forma de ser que me ahogaba, bueno, al menos eso es lo que yo decía. Aunque ahora que lo pienso, creo que la mezcla de conflictos interpersonales, a causa de los aprendizajes, causados por los mapas erróneos que traíamos de nuestros hogares de origen, era la mezcla para hacer una perfecta bomba de Hiroshima.

 No entendía nada. Ni a mí mismo, mucho menos lo que estaba sintiendo. Me había ido y ahora quería regresar.

 La única diferencia de esta vez a las anteriores, es que ella no me lo permitía. Ahora estaba distante, parecía que esta vez no le importaba. Era como si a su vida, hubiese llegado algún nuevo interés. La cabeza me quería explotar, era como una pista de fórmula uno, llena de autos. Pensamientos que iban y venían sin freno alguno. 

¿Será que está con alguien más? Este era, de todos los pensamientos, el que más me atormentaba.

Baje tanto de peso, los pantalones se me caían. No comía, No dormía. 

En ese tiempo me desempeñaba como arquitecto diseñador, en una firma reconocida. De la noche a la mañana la creatividad, y el gran talento que siempre me caracterizaba, se esfumó. En mi trabajo me veían como un peso muerto, al punto que estaba  pronto a ser despedido. Mi rendimiento había caído kilométricamente, como cuando una piedra muy pesada, cae al agua. 

Recuerdo que mis días se iban como agua entre mis dedos, en el ir y venir de mis labores, siempre caminando con la mirada perdida, y con cada paso, mi respiración terminaba siendo un trabajo extenuante, al punto de quedarme sin aire. Simplemente era como una hoja al viento, esperando ver donde terminaría. 

Estaba agobiado, al llegar a casa, cada día. Caía sobre mis rodillas. Le pedía a Dios me diera fuerzas para soportar las duras pruebas que habrían de venir. Le pedía ayuda para poder perdonar, también quería ser perdonado. Le imploraba: “¡Dios, si es tu voluntad, permite que regrese a sus brazos”! Esa, era mi Oración.  

Cierto día, me tope con un amigo, en el autobús, rumbo al trabajo. Teníamos mucho tiempo de no vernos. Entre una conversación y otra, siempre terminaba hablando del tema del momento, mi gran depresión. Creo que la gente que me veía huía de mí, pero ese día, creo que de algún modo, Dios hizo que el camino de mi amigo y el mío, se cruzaran para usarlo como el medio Justo, para responder todas las peticiones de mi corazón.

De pronto y sin más, saco un libro de su mochila y, extendiendo su mano, me dijo con voz firme: ¡Léelo!..

Mi primer pensamiento fue que no podía ni concentrarme en una película. ¿Cómo iba a hacerlo en un libro? Pero, vi su título e hizo un clic en mí, que casi por arte de magia, sentí ganas de leerlo al instante. “Un Grito Desesperado”. 

Que ironía, era tal cual me sentía. Fue un libro el que me hizo empezar a entenderme. A entender muchas cosas que sentía, mas no entendía. A medida que me adentraba en sus páginas, sus historias y personajes dieron respuesta a cada una de las incógnitas que tenía. Todo lo emocional. Era tal su sabiduría, que no podía parar de leer. 

Gracias a ese dolor, al abandono, a todo el desierto que experimente. Tuve la fuerza para aceptar que, en la vida, no podemos cambiar a las demás personas. Sólo puedo cambiarme a mí. Y cuando eso empezó a suceder, fue entonces cuando todo a mi alrededor, pudo iniciar a cambiar. Cada cosa a su tiempo y a su ritmo. 

Ahora respiro tranquilo, sin forzar nada. Sabiendo que todo es una decisión…

Incluyendo el amor.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Tienes la emoción, falta corregir, y cuida los tiempos verbales, confunde un poco la redacción en el inicio.

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