Clic en
las manos
para votar

Clic en las manos para votar

Mi gran amor

Mi gran amor

Paso un tiempo desde que te escribí por última vez. Fue doloroso y aterrador pero por fin lo logré, y sigo sintiendome perdida.

Es una locura, pero entendí que la felicidad es un ave que va y viene, se acerca tanto y se escapa de inmediato, pero permanece siempre allí, mientras la contemplamos anhelando ese instante en el qué casi la tenemos en nuestras manos.

Si acaso lees esta carta quisiera invitarte a compartir un sueño, un deseo, un anhelo, una intención ferviente y abrasadora que te apasione pensar en las madrugadas.

En lo profundo de mi corazón deseo un  gran amor, tan solo una vez, un amor tan fuerte, apasionado y loco que me dé una razón para suspirar el resto de mi vida o para llorar el resto de ella, en cualquier caso quiero un amor tan mío, tan cálido y cercano que pueda atesorar por siempre aunque el adiós llegué y mis miedos triunfen, quisiera la plenitud de haber amado y sido amada total y honestamente, sin disfraces ni prejuicios, sentirme protegida y fuerte, tener a alguien que me cuide y se deje cuidar, alguien a quien abrazar por mucho tiempo en silencio, a quien acariciar bajo la luna hasta memorizar hasta el último centímetro de su faz, alguien a quien pueda entregar todos mis miedos e inseguridades y finalmente sentirme libre. Alguien con quién pueda ser yo misma y crecer. Me gustaría por una vez abrazar a alguien y sentirme segura.

Si todas mis angustias y temores aún dan paso a qué pueda conocerte y en realidad descubra que existes y vives, mientras yo estoy viva, debes saber que te espere toda una vida, y una parte de mi teme que quizás te esperaré por todo lo que me resta de vida, sin encontrarte, sin tomar tu mano, sin acariciar tu mejilla ni jugar con tu cabello, sin aferrarme a tus brazos rodeando mi cintura, ni saborear el beso anticipado a un centimetro de tus labios, ni dibujaré la silueta de tu cuerpo desde la curva de tu cuello hasta alcanzar tu pecho y sentir bajo mi palma el latir de corazón, bailando lento, cerca, tan cerca el uno del otro que tema que ya no podamos separarnos; temo que jamás podré tomar tu mano cuando camine al trabajo, ni compartiremos un helado, tampoco nos escribiremos cartas cursis y tontas ni buscaré mil formas para decirte que te amo sin decirte que te amo, sin denunciar a primera vista lo ansiosa que estaba de verte, lo mucho que me gustan tus ojos, lo mucho que anhelo oír tu voz, lo mucho que necesito la calidez de tu cuerpo junto al mío; no podré susurrarte un “te quiero” disimulado cuando estés distraído, ni podré escribirte mil versos que jamás te leeré, ni podré contar lo segundos para vernos en algún café, no podré contarte de los libros que leí o las canciones que escuché que irremediablemente me hacían pensar en ti, ni podré esforzarme por contener mis lágrimas cuando escuche tu primer te quiero. Temo que no estaré para ti cuando sufras tu primer decepción, ni cuando te sientas acorralado, no estaré allí para tomar tu mano, abrazarte y decirte que no estas solo, que te admiro, te quiero, que todo estará bien y que eres bueno.

No podré secar tus lágrimas ni curar tus heridas, no podré acariciar tu cabeza en mi regazo mientras me cuentas todas la ideas locas que tuviste en el día o los sueños que tuviste anoche, no podré compartir una copa de vino contigo mientras oímos música en un mirador de noche, muriendonos de frío por no llevar suficiente abrigo y acurrucárnos como niños mientras vigilamos el cielo en busca de una estrella fugaz para pedir un deseo mientras yo te oculte mi mayor secreto, que mi mayor deseo es permanecer así a tu lado: porque para mí las palabras son difíciles y se que será aún más difícil decir te amo, aunque el “te amo” me queme por dentro, aunque el anhelo se refleje en mis ojos como una señal fluorescente, por qué en el fondo de mi alma temeré  que en cuanto lo diga te vayas, y tu voz y tus miradas se me escapen entre los dedos como agua, y te pierda para siempre en las frías aguas del mar de mi memoria, siempre difusa, siempre evasiva.

En realidad, espero que no existan los amores predestinados porque odiaría pensar que estás aqui para mí y que yo estoy en este mundo para ti y saber que mientras yo estuve aquí, ahogandome en mi soledad autoimpuesta, embriagandome en mis sueños y pesares, quizás sofocandome en un mar de autocompasión culposa tu estás allá peleando tus propias batallas, enfrentando tus propios demonios, sin mi. Odiaría pensar que tú alma está destinada a la mía, y que me espera y quizás por mi cobardía te condené a una vida vacía. En realidad espero que no existas porque no me perdonaría saber que alguna vez sufriste y no estuve allí para ti. Es mejor que no existas, aunque me condene al vacío, prefiero pensar que estaré sola antes que creer que te he herido.

Mi gran amor

Comparte este texto

4.5 4 votos
Rating
Suscribirse
Notificación de
4 Comentarios
La mas vieja
La mas nueva Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Gromengu
Gromengu
3 meses desde

Increíble como escribes, felicidades por el talento

Gromengu
Gromengu
3 meses desde

Me gustaría poder tener una conversación contigo, se que sería algo increíble por tu forma de escribir y expresarte

xtmxex
xtmxex
3 meses desde

no soy un fan del romance pero debo admitir que esto es bastante bueno, sobretodo el como redacta la “historia” en general ademas tu forma de expresarte es algo de envidiar