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Buscar el significado de los obsequios.

Mi pecho dolía, se trataba de una pesadilla que se  borraba en mis pupilas a medida que retomaba la conciencia poco a poco. Había olvidado la razón del cosquilleo en mi pecho, la razón del sentir miedo. Mi sueño se había vuelto escombro en mi mente. Era extraño sentirse de esa manera, pero es natural para las personas desconocer sus propias emociones. No eran mis fechas preferidas del año, cualquier persona apegada a mí lo sabría, sabría mi apatía ante cualquier día. No me culpen. Después de todo, navidad, se trataba de regalos, eso me vendían los anuncios de la televisión desde que era una niña. Sin embargo, soy una persona bastante complicada, empecé a serlo a medida que crecía, pues  las muñecas dejaron  de interesarme a una corta edad. ¡Quería pintura! Hacer mis magníficas obras de arte, pero Santa no lo comprendía, pues pintura para nosotros también puede interpretarse en un lenguaje coloquial como maquillaje, una palabra mal usada,  ¿Qué otra cosa podría pedir una niña si se referiría al término “pintura”? Gran decepción por mi parte. Otra navidad muy distante a esa, ya en la edad suficiente para dejar de creer que un viejo gordo entraría por la chimenea inexistente de mi casa, había pedido como una buena marginal nada más y nada menos que libros. Se lo había mencionado a mi madre, creí que sería mi última navidad como una cría, y tener algo para “cultos” era muy satisfactorio, una buena manera de entrar al mundo adulto. Sin embargo, la madurez equivale  a ser feliz con ropa, en ese momento, me di cuenta, que seguía siendo una niña.

Al crecer, había decidido ponerle un cuidado mayor a mi futuro, dejando de desear obsequios, y quitando las festividades decembrinas de lado, para dedicar más tiempo a mis estudios y a mí misma.  Aun así, en secreto,  nunca dejé de esperar un regalo que me volara la mente, uno que fuera pensado para mí como  persona, y no “Para una chica”. Me di cuenta, de que realmente, lo único que quería era sentirme escuchada. Y encontré un sustituto a esa emoción. Cada vez que yo compraba un regalo para alguien más, solía ser muy detallista, buscaba lo que esa persona quería. No tienen idea de la satisfacción que sentía al escoger el objeto perfecto. En efecto, las caras de mis amigos no tenían precio al abrir el envoltorio, al abrasarme fuertemente, al ser felices. Recibir regalos, me había dejado de interesar sin siquiera darme cuenta. Decidí que para esmerarme en detalles así, debía dejarlo en manos de los cumpleaños. La navidad, había perdido mucho su esencia, pues en casa, ya no había niños para celebrarla. Solo me quedaban los villancicos de mi curso de inglés. Que sorpresa la mía fue conocer una gran amiga…

Aún no puedo comprender, como aquel día, con la fatiga que me causaba haber tenido una mala noche a consta de una pesadilla incierta. Una bolsa café pudo darme la energía que necesitaba. Una libreta con la pasta impresa de “La noche estrellada”, me logró despertar del todo. No se trataba del objeto como tal, se trataba de la persona, una gran amiga, que me había entregado dicha bolsa, en el último día de clases. Esa libreta era el equivalente a ser escuchada, a ser conocida por tus amigos. Pues ella sabía que tenía una imagen de dicha pintura como fondo de pantalla para mi móvil, recordaba las veces que le había contado cuanto amo escribir y anotar lo que existe a mí alrededor. Mi corazón daba brincos de felicidad, era el mejor regalo que había recibido. ¿Por qué? Porque era pensado para mí. Con esto no quiero decir que los objetos tengan que ser los mejores, o que realmente de esto se trata la navidad, para nada. Los objetos son los medios que utilizamos por facilidad, pero no se trata del obsequio, se trata de la carga emocional que tú decidas ponerle a este, puede valer lo mismo he incluso más, un poema, una canción, una tarde charlando que mi preciada libreta. Se trata de regalar amor.

pg2deelireth

Soy una dibujante de redes sociales que escribe para complementar sus dibujos.

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