Mi Ayudante de Anatomía

En Octubre de 1996 ingresaba a mi primera clase de Anatomía que iba hacer dictada en la famosa “gallera” era como un mini estadio con graderíos formando una C, en el centro estaba el pizarrón con una lúgubre camilla de cemento donde colocaban al muerto, con luz tenue que le daba un toque de misterio. Y cuando uno se sentaba en las gradas de arriba se veía al profesor como un ente minúsculo junto a un esqueleto que se llamaba Aquiles.

Nos presentaron a los ayudantes eran tres, e inmediatamente mis ojos se prendieron del más alto, de contextura delgada, con un color blanco pálido y una leve sonrisa que apareció al decir su nombre. Sentí una atracción muy fuerte desde ese momento, en mi cabeza empecé a maquinar como me acercaría a él que se veía tan serio. De pronto la iluminación que mi mente presentaba era extrema, ¡le escribiría una carta declarándole mi amor!

Una vez terminada la primera carta, busque el menor descuido para esconderla en los libros que llevaba (a más de describirle lo hermoso que ha sido conocerlo le añadí mi número telefónico). Y la sorpresa inmediata fue que llamó empezando un juego de conocernos que no sabía en qué iba a terminar. Todo era secreto nadie sabía que era yo la chica de la carta y el teléfono, ni siquiera él, por eso mi participación en el aula era casi nula, apoderándose de mí una fuerza extraña, con mis ojos le hablaba en voz alta ¡Cuánto me gustas! Tenía el poder en ese momento de invizibilizar a mis compañeros, todo se volvía rosa y sus palabras resonaban en mi mente sin entender nada. Así pasó algún tiempo hasta que él quiso saber quién era, y por teléfono hicimos una cita a la cual nunca fui.

Estaba aterrada, con miedo, tenía sentimientos encontrados pero lo que más me decidió a esconderme era esa voz interna que me decía ¡Eres gorda y fea! no le gustaras pues él era deportista y seguramente buscaría así su ideal. Que iba a pensar cuando te vea todo ese castillo que construiste y todas las mentiras que dijiste se desplomarían ante él y te rechazara y eso te va a doler más que el que no te quiera, mi mundo se empezó a cerrar como un prisionero que no quiere ser liberado, no quería verlo, no quería salir de mi encierro, lo quería y no estaba lista a sufrir por su despreció.

merymeneses7
Author: merymeneses7

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