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Más allá del corazón.

Es de noche. Las ostentosas nubes cubren casi por completo la luna llena. Los grillos, apacibles cantan. La fogata emana humo que se pierde casi de inmediato en el aire. Esto me hace pensar que, tarde o temprano, todos terminaremos como un árbol. Derribados. Sin importar qué tan grandes hayamos sido.

Miro las pocas estrellas que tintinean en el cielo. ¿Están compuestas únicamente de anhelos y magia? Para los soñadores y poetas, sí. Pero, para la ciencia, están constituidas a base de elementos químicos.

Mi amor. Así como las estrellas, mi ser va más allá del ámbito sentimental. Tiene un otro rostro: el intelectual.

Deseo ser totalmente transparente a tu mirada, por eso, quiero contarte acerca de mis ideales filosóficos, de aquellas personas que han marcado pauta en mi existir y que, con sus enseñanzas, poco a poco han moldeado a la persona que soy el día de hoy.

El calor de la hoguera me hace recordar el salón de clases, siempre cálido, de la profesora Aracely.

Ay, la profesora Chely –así le apodé–, de forma inconsciente, despertó en mí la curiosidad en torno a la literatura. Hizo que conociera a escritores como Julio Verne, Gabriel García Márquez y Octavio Paz. Si ella se hubiera enterado del tipo de persona en que me convertí, estaría orgullosa. Todas las obras que leí hicieron que conociera civilizaciones sorprendentes, lugares místicos, personas increíbles. ¡Sentí el amor y también la cólera, me enamoré y probé el amargo sabor del odio! Pero, al fin y al cabo, ella cumplió con sus objetivos: engrandecer el espíritu de sus estudiantes y dejar huella en sus corazones.

Asimismo, comprendo que la lectura hace personas analíticas, capaces de crear y procesar ideas propias. Me he vuelto un pensador. Asimilo la lógica de las cosas antes de percibir su esencia. Sin embargo, estoy consciente de que, a pesar de lo que digan miles de científicos, estamos en este mundo gracias a algo más que simple casualidad. Creo en un Dios de amor. En el Dios de todo lo que existe. Por eso, mis ideas giran –o eso trato– alrededor de un sol de comprensión, de justicia. Detesto las hipocresías, la doble moral de las personas, y, aunque también cometo errores y en ocasiones peco de hablador, lucho férreamente contra eso.

Tengo grandes aspiraciones. Quiero ser el escritor mexicano más leído del siglo XXI, ¡quiero ganar un Nobel de Literatura! Y sé que para cumplir mis sueños debo trabajar a diario, tengo que hacerme amigo inseparable de la constancia, enemigo a muerte de la mediocridad. Anhelo que los amantes de la lectura conozcan a través de mis escritos cómo es la vida cotidiana de las sociedades mexicanas, aquellas que están alejadas de las ciudades y se sitúan en pueblos que no son conocidos por casi nadie.

El fuego se apaga poco a poco. Mi espalda percibe pequeños golpecitos helados. Ha comenzado a llover. Tengo que irme. Un ventarrón sacude violentamente las ramas verdes de los árboles y el aroma a tierra mojada, que tanto me gusta, se hace presente.

Mi amor, concluyo esta epístola con una frase de mi autoría. Con ella me identifico y la he convertido en un mensaje de vida: “¡Procura estar a la altura de tus sueños!”.

EmmanuelHLL214

Soy Emmanuel Reyes Pérez, tengo 20 años. Amo escribir. Expresar y transmitir lo que vivo es parte de mi arte. De la mano de Dios, estoy en busca de "la chica misteriosa". ¡Hasta la luna, amigos!

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