Los problemas que me agobian. Reto – 5.

Josedejesussimon

Reto-5

Disculpe que me acerque a usted; sé que probablemente su cabeza se encuentre en un sitio muy lejano, pero lo miro y me cuesta creer que sea una coincidencia que estemos juntos en este lugar. ¿Había visitado antes este pasillo? Yo sí, aunque no recuerdo que hubiese tanta distancia de extremo a extremo. Sin embargo, las paredes blancas y la fuerte iluminación no han cambiado en lo absoluto. 

 

No se preocupe, no le quiero robar mucho de su tiempo. Venga, vamos conversar que para eso es la banca en que estamos sentados. 

 

La última vez que vine fue también para estas fechas. Hace aproximadamente un año y par de meses que tengo este trabajo en el departamento de reclamaciones. En aquel entonces, el estrés de cogerle ritmo a mis nuevas actividades laborales me consumía como fuego en bosque seco. Ahora el panorama es un tanto distinto, pero los síntomas del problema son muy parecidos. 

 

Despierto dos o tres veces cada noche. En mis sueños se repiten algunos patrones, el más común es que debo correr como un desquiciado tras el bus que me llevaría a la oficina… Abro los ojos y siento la boca entumecida,  la lengua pesada y los dientes apretados entre sí hasta casi rechinar. El mundo se ha tomado un respiro, pero yo ni por las noches puedo descansar. Hay una pandemia que contagia a decenas de personas cada día; no obstante, el negocio de las tarjetas de crédito no se detiene. 

 

Millones de personas han tenido que cancelar sus anhelados viajes por el mundo. Ya no necesitan sus boletos de avión, ni sus reservaciones en hoteles. Los autos que iban a rentar para desplazarse durante sus vacaciones corren con la misma suerte. ¿Sabes a quién llaman cuando se les presenta una dificultad para recibir un reembolso con el comercio? Me llaman a mí, en ocasiones exigiendo con ira una solución inmediata, pero también hay quienes desesperados y en medio de lágrimas explican que no tienen más opción. Saben que somos su última esperanza para tratar de recuperar el dinero que necesitan ahora con más urgencia que nunca. 

 

Desearía que todo esto se limitara a una cuestión de la economía de mis clientes, no sería algo a lo que no estoy acostumbrado. Lastimosamente no es así, tan solo en este último mes he tenido que dar el pésame por teléfono más veces que todo el año pasado. Sus planes en pareja o familia se han visto interrumpidos. Muchas veces me han contado como ya no tiene sentido solo posponer el viaje porque esa persona ya no estará para acompañarlos. ¿Qué puede uno responder a eso? El silencio es todo lo que me queda. Una vez que logro recobrar un poco el aliento, repito una frase trillada en la que brindo mis condolencias. Sabiendo que realmente no puedo hacer más que esmerarme en tratar de recuperar su dinero y rogar a Dios que les consuele.

 

Llego a casa cada noche, me quito la ropa y le doy una sonrisa a mi mujer mientras ella desinfecta mis demás objetos personales. Me dirijo a la ducha y me lavo el cuerpo con la esperanza de matar cualquier rastro del virus antes de poder abrazar y besar a mi amada. Me gustaría poder lavarme también las todas las historias que quedaron grabadas en mi cabeza, los sollozos y las voces entrecortadas de personas atormentadas por una crisis económica en medio de una emergencia de salud mundial. Cierro los ojos y la abrazo.

 

Ella es mi mayor apoyo, pero en estas circunstancias debo ser fuerte por ambos. Intento subirle el ánimo como puedo. Tengo que ser cauto, no la puedo agobiar con mi sufrir. Intento dejar en la oficina todo eso aunque al final descubro por las noches que el fantasma me acompañó hasta casa. En otro momento no dudaría en compartir la carga con ella. Le contaría todo y hallaríamos juntos la luz, pero ahora traigo encima demasiada oscuridad.

 

¿Sabe algo? No pensé que mi corazonada fuera tan oportuna. Luego de confesarle lo que me roba el sueño siento una paz profunda, como si supiera que he dado el primer paso hacia la salida. Puedo ver con más claridad que esto solo es temporal. Ahora bien, no sé cómo enfrentar este tiempo, no sé cuánto tardará. Quisiera mirar al cielo y encontrar una respuesta. ¿Qué puedo hacer? Seguir trabajando a la espera de la normalidad y pedir fuerzas en mis oraciones. Después de todo no es la primera vez que debo resistir una tormenta.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    La redacción es buena, pero falta enfocar un poco el problema. Inicias muy lento, luego cobra fuerza.

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