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«LAS DOS CARAS DE UNA MONEDA»

  1. TEXTO EN PASADO:

Que horrible fue sentirme como hoja suspendida en el aire a punto de caer al suelo para ya reposar hasta extinguirse. Eran días de confusión, me cuestionaba todo, las esperanzas se me esfumaban como humo de cigarrillo. La que creí la peor de las experiencias fue la que me dejó los mejores regalos, entre ellos, la fe, humildad, compasión,  pero lo más lindo, mi amigo, Danny.

Danny es un verdadero hombre, un caballero, un tipazo. La escena más hermosa de nuestra amistad se dio cuando ni siquiera estábamos físicamente juntos, pero estábamos más unidos que un injerto. Yo estaba en Nogales, Sonora, en uno de tantos albergues que habité en aquellos días de soledad y desesperación por cruzar la frontera hacia Estados Unidos.  Él era la único que me llamaba todos los días para saber cómo  y dónde estaba yo, me agregaba saldo al celular, además, me habría pagado todos mis gastos que había generado hasta entonces.

Ese día le llamé  con el pesar más grande que habría sentido hasta ese momento, pues era para despedirme y agradecerle todo lo que había hecho para ayudarme, por no haberme dejado sola y a mi suerte. Le dije que ya estaba cansada y por eso  necesitaba un último favor, que me prestara dinero para completar mi pasaje para regresarme a mi casa, también  que no se preocupara que yo le pagaría hasta el último peso tan pronto me fuera posible.

Hasta ese día nadie había hecho algo por mi tan limpio, tan lindo y con la mejor de las intenciones, verme feliz. Él se limitó a decirme que el dinero no le importaba, que solo quería que yo estuviera bien, y como buen amigo, que me apoyaba en lo que yo decidiera. Le conté mis planes de mandar por mis hijos, de aceptar el ofrecimiento de mi padre en pagarme una carrera o ponerme un negocio y comprarme una casa. Que no estaba tan mal la idea de quedarme en México.

Fue en ese instante donde me dijo lo único que yo necesitaba escuchar, que si había una razón para volver, palabras simples, sencillas pero llenas de amor, “¿hasta cuándo te volveré a ver entonces?”. Se le quebró su voz mientras me decía que me extrañaría mucho (pues su situación legal en el país no le permitía ir a México y la mía no me permitía llegar a Estados Unidos).  Así que, el volvernos a ver era más imposible que ir a Júpiter.

Esas palabras me dijeron que alguien aparte de mis hijos me esperaba y  me necesitaba en su vida para siempre, como los amigos que somos. Lo menos que yo podía hacer, era regresar. Colgué la llamada y un día después le llamé desde Tijuana para avisarle que me vería más pronto de lo que imaginaba.

Que hermoso fue sentirme como la luna, que aunque sola y lejos, fui deseada ser vista una vez más a cambio de nada, solo para ser apreciada, querida por él.

 

  1. TEXTO EN PRESENTE.

Mi celular suena por tercera vez, es mi amiga, le contesto y es para invitarme a una fiesta, es el cumpleaños de uno de sus hijos y aunque ella sabe que yo no asistiré, he aquí de nuevo me pone en ese incomodo momento de darle la negativa a su invitación. Le explico que no puedo ir, que estoy tomando un curso muy importante y que justo este sábado comienzan las clases, que yo iré más antes o después, pero que durante el sábado me es imposible, me cuelga molesta como sentenciándome el peor de los castigos. Le envió un mensaje con el horario de mis clases para que vea que no le miento, y solo se limita  a dejarme en visto.

No me siento bien que tenga esa actitud conmigo, estoy ansiosa por que me deje saber que no está molesta, pero no sucede nada, que incomodidad tan horrible, pero pienso en mis prioridades y definitivo no pienso en cambiar de planes, simplemente no puedo.

De pronto, una notificación me anuncia su presencia, quizás sea un reproche, lo reviso inmediatamente con la esperanza de haber obtenido el indulto de su parte pero no es así; efectivamente, es un reclamo. Me dice que si no voy a su fiesta que me olvide de nuestra amistad, eso me parece ridículo. ¡Por Dios! La amistad no se puede poner a consideración de este tipo de cosas.  Ahora me ha puesto en una situación aún más  difícil.

No sé qué pensar  pero sí que no puedo dejarme chantajear, ni puedo dejar pasar por alto este tipo de manipulaciones a las que no pienso ceder. Definitivamente algo se ha roto, y no tengo tiempo para estas cosas, aunque estoy triste, no puedo permitir que se juegue con algo tan serio como nuestra amistad. Ella no apoya mis ganas de superarme y tampoco respeta mi forma de pensar. Creo que esto no da para más.

Tengo la sensación como cuando terminé con mi ex, o peor aún, cuando él me terminó a mí, y es que el rechazo de un amigo es un shock muy fuerte emocionalmente. Mi ex amiga y yo (porque nos acabamos de divorciar), hemos sido inseparables, a veces, hasta para dormir. Ahora todo se va al carajo. Apago el teléfono porque lo que venga será inútil, no quiero empeorar nada.

 

mary.albino03@gmail.com

Nací en Puerto Escondido, Oaxaca. Vivo en Salt Lake City, Ut.

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