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La verdad que he vencido obstáculos como la soledad

Otro día más que transcurre hice pautas para no pensar en esta inquietud que cada día asoma y no se aleja.

Tengo 37 años y la vida no siempre será benévola. La preocupación que agobia desde hace un tiempo mis mañanas es la de encontrar que rumbo llevar en mi vida, hasta el momento solo tomaba como opción lo que se me presentaba y gracias a esa decisión he vivido grandes aventuras pero no siempre el que te crean exitosa ayudará, sobre todo cuando hay cuentas que pagar. Sé que debo decidir qué rumbo tomar pero te soy sincera, me da miedo. Esta sensación de no saber qué hacer con mi vida me paraliza. Siempre creí que llegaría a esta edad  con mi propio departamento, auto, familia propia y viajando, sin embargo la realidad es otra. El no tener estudios superiores por un embarazo a temprana edad  y la mirada de la gente, esa mirada de compasión que me acompaño en los primeros años de edad de mi hija hicieron que creyera que no había más.

Las personas que me rodean son ajenas a este sentir pues de repente ahuyentando monstruos todos me admiran, a veces me pregunto ¿que admiran? Mientras en mi cabeza  esta esa voz que me dice: Aún eres mantenida por tus padres, sigues viviendo en tu casa,  cuando te harás independiente?

La verdad que he vencido obstáculos como la soledad, el criar a una hija solo con la ayuda de mis padres, el miedo a hablar en público, y encuentro personas que elogian mi tono de voz y la manera cómo puedo conectar con el público en un discurso. Pero no saben que muchas veces he hecho ponencias por amor al arte. Y que como empresaria me fue mal. Eso es algo que no pregono a los cuatro vientos. A veces quisiera que alguien me pueda ayudar, alguien que me entienda y me lleve a encaminar mi vida.

Tanto tambalear en mi  cama hace que  logre dormir, y mientras voy sumergiéndome en ese mundo de sueños una total oscuridad me sorprende. Se escuchan gemidos y una voz llorosa me llama la atención. Veo a una niña llorar y entre sollozos pronuncia mi nombre, me acerco y me doy cuenta de que soy yo con apenas 6 años de edad. Me ruego a mí misma que no pierda la fé. Que recuerde esa promesa de que la haría grande.

Me despierto a mitad de la noche con mucha fuerza y con el ímpetu que me acompañara cada día. Aquella voz de niña me  ha despertado, aún hay confianza en mí.

A pesar de todas mis dudas y temores, de que no cuento con un título profesional puedo tomar las riendas de mi vida. Me imagino ganándome la vida dando charlas apoyando a los demás. Total todo empieza con un sueño y el soñador lo hará realidad, no crees?

Acerca del autor: Norma Huarcaya

Me apasiona escribir. Cantar, dibujar.

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Norma Huarcaya

Me apasiona escribir. Cantar, dibujar.

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