La verdad es que sí, si te quiero

 A lo largo de nuestro tiempo te llamé de muchas formas: la chica de mis sueños, mi propia Sheccid, mi princesa. Nombres no muy originales, pero que me daban ese tono que necesitabas; eras esa chica en la que siempre pensaba, esa que era todo para mí y mi fuente de inspiración.

 

¡Salud! Ya no me queda más desgano que ese escape de sentencia, quiero huir.

“yo no nací para amar,

Nadie nació para mí.

Tan solo fui un loco soñador nomás”

Siempre creí que el surtido de canciones de mi abuela, esas de amor y lujuria, eran fallas contra mis intereses de infante, pero todo cambió desde que te conocí. Todo cambió también desde que llegó este resfriado mundial.

Nunca llegué a comprender este sentimiento (o forma de vida, yo lo creo) hasta que comencé a pasar tardes enteras hablando contigo con una química y desenvoltura atrayentes, podíamos reírnos sin parar y fue así, poco a poco, como me enamoré.

Con una dosis de fiebre llevo una soga de emociones y pensamientos dentro de mi cabeza, y es que mentí.

Nadando sobre un ahogamiento lleno de muertes, falta de medicamentos y equipo, robo, corrupción y un maldito sabor amargo de boca me encuentro perdido en contradicciones, un simple novato de escasos 16 años recién cumplidos contra un sendero inexplorado llamado vida. Tú, tú eres un espejismo más.

Quizás de eso se trata esto, debería dejar de ver la caminata como enemigo y aceptarla, pero no puedo.

No quiero ni voy a aceptarla porque te fuiste con mi farsa.

No debimos terminar así, no debimos discutir así.

-Gracias a ti, Jesús, encontré una forma para mí misma de liberarme; ahora escribo porque tú me enseñaste a hacerlo-

Sonabas tan hermosa aquella tarde, tan inexplicablemente interesante que yo me interesaba demasiado en sonreír.

Sonreír como ahora sonrió recordando tus risas, tus palabras y tus canciones.

-Tienes un don y serás un gran escritor, acuérdate que una chica llamada Nicole te lo dijo- Mi propia Sheccid- te respondí.

Te lo dije con una sensación de miedo y emoción como si fueras el amor, ese que siempre he soñado; la verdad es que solo fue una actuación fingida entre ambos.

Estoy metido en problemas, estoy rodeado entre camuflaje y apuros, pero más que nada de vergüenzas y confesiones.

Alguna confesión que quizás no leas y es lo mejor.

Cuando termine esta carta ya no habrá vuelta atrás y ¿Qué más da? Tú eres mi musa y esa princesa que alimenta mis escritos, sabes que mis palabras siempre serán para ti… aunque seas de otro poeta.

Eres esa persona especial a la que le escribiré mil canciones de amor porque en mi cabeza solo rondas tú.

Algunas veces me arrepiento de aquella vez que tomé valor y te escribí, luché para tragarme mi orgullo y encontrarte a pesar de que nos escondíamos.

¿Tú crees que hubiera sido mejor cortar esa sarta de errores antes de que nos amarraran de manos?

Aunque no debí hacerlo, sé que fue lo que mi corazón (o mi falta de razón) quisieron en el momento.

No debí contarte mis problemas, no debí haber dejado al descubierto ni mis miedos ni mis dolores, pero estábamos absortos en una caída ciega.

Ya nos habíamos dicho adiós, pero quise romper esa promesa porque te extrañaba.

-tardé en darme cuenta, me costó muchas paginas de tu libro para darme cuenta que no te amo- mentí.

Yo estaba en desventaja, podías usar mis sentimientos como mi debilidad y fingí no quererte.

– ¡Demonios! No debí hablarle-me atormenté muchas noches.

Sí, te digo queriendo y te sigo soñando, pero también te estoy perdiendo.

Preferí ser tu amigo y solo callar, pero no quería; no podía simplemente no infiltrarme.

Luché todo fin de año para evitarte, pero no salías de mi cabeza, tu hechizo nunca se desvaneció y mientras veía que te hacían daño yo estallaba en cólera.

Quizás si era acoso, siento como me embarras en la cara mi error, pero te pido que pienses en mí.

No podía quedarme mirando como no soportas mi silencio, yo te quiero desde siempre. No quiero gritar más, no quiero que mi corazón se inflame, no soporto tu silencio ni tu odio secreto.

Estaba enamorado y no lo sabías, no quería olvidarte y antes de hacerlo me encerraba en mi habitación esperando bajar la luna con sus dos únicas opciones: que brille para hacerte bailar o imaginarte abrazados en una noche sin luna.

¿Qué nos pasó?

Ya no nos soportamos y yo aún sigo enamorado de ti.

No debí hablarte y siquiera escribirte esta carta, pero no me voy a callar otra vez y tampoco me voy a arrepentir de las veces que me hice invisible para cuidarte.

Cuidarte desde el silencio es mi deber porque eres ese ángel que me salvó la vida, esa inspiración que me empujó a mi sueño. Te voy a proteger, pero ya no.

A veces entiendo al señor Carlos ¿sabes? Sheccid es un nombre de inspiración y cariño, más no de noviazgo y realidad; tu misión solo fue darme fuerzas para adentrarme un poco más en la vida y soy un tonto por querer romper ese nudo que yo mismo te puse.

-tú eres mi Sheccid-y tú eres mi Carlos Cuauhtémoc- jugábamos mientras te recitaba “Quiero conquistar tus ojos”-

-eres mi escritor favorito-

Como me hiciste reír Sheccid, me hiciste vivir un sueño y ahora ese anhelo se está escribiendo en mi propio diario.

Lamento mucho lo que hice, nos dimos alas y yo quería seguir subiendo, pero ambos caímos con la despedida.

No sabes como te extraño porque tú eras diferente.

“Escribiré mil razones para amarte

Así me tome una vida

Solo dime que vas a quedarte

Para decirte lo hermosa que eres

Cada día”

Te amo y si, aunque ya no nos podamos dar una oportunidad, te quiero como nunca antes quise y te seguiré queriendo porque me corazón se ha encaprichado contigo.

No sé si podré soportarlo, no sé que voy a hacer ni a donde voy a ir; si voy contigo o nos alejamos más, no lo sé, pero sé que no podré olvidarte porque me duele este amor.

“Tus ojos, un pasaje a tu interior

Tu boca, un boleto a tu corazón

Tu sonrisa, hablemos de amor

Solo sígueme esta canción”

Tienes esa magia única en tus ojos marrones claros, esa inocencia en tu sonrisa de niña, esa confusión entre una niña que quiero proteger y la mujer con la que quiero perder el control; eres de esas maravillas que te cautivan desde la primera mirada hipnótica y enardecen el corazón por su belleza, siempre te vi en sueños y formarás parte de mi vida.

Esta pandemia no nos dejó llevar esa flor entre nuestras manos, no nos dejó flotar entre nuestros pensamientos más cercanos.

Tuve que recurrir a mi imaginación para poder besarte y quedarme abrazado junto a ti, lo lamento por esas hojas marcadas con mi esperanza por una vida contigo.

Lo siento por dejar que mi lápiz se obsesione contigo.

Perdóname por favor, te prometo que esta vez si te dejaré ir.

Solo déjame mostrarte mi amor (confundido e inocente, loco y prohibido) una última vez porque en el fondo te necesitaba y eras ese bastón al que cojeando me aferraba.

Déjame gritar una última vez “¡Dedico esta vida a mi princesa!”

Gracias por esta marca en mi espíritu, gracias por esos momentos que siempre estarán impresos en mi inspiración.

Gracias por unirte a mí como nadie más lo hizo, te prometo que nada me va a detener porque seguiré siguiendo nuestro sueño de poesía hasta la muerte.

Estaré mejor sin hablarte, tal vez odiándote en secreto, pero no dándote por perdida.

No dejes de saber que siempre estoy aquí esperándote porque te veo, te veo siempre y quiero verte más.

Enamórate de otro, yo no daré ningún as de presencia en tu vida, por favor sé feliz.

Vive y sé feliz como tú me lo deseaste; disfruta cada minuto y crece, más no cambies porque tú eres la definición misma de perfecta y única.

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Jesús Ayllón
Author: Jesús Ayllón

Al inicio de la pandemia me sentía atrapado y no solo en cuatro paredes físicas sino también dentro de mi propia cabeza, sentía desesperanza y desolación al tiempo en que investigando los libros de mi primo encontré esa novela tan perfecta y marcada; ese libro ilustrado con los ojos azules de una chica sobre un fondo celeste me deslumbró, me sentía inspirado y revivido cuando lo leí. Al momento me lo he re-leído cinco veces la saga entera de libros y unos cuantos otros de ese autor visionario, lleno de las mismas dudas y miedos (aunque también sueños y anhelos) parecidos a los míos; gracias al legado del señor Carlos yo tomé la fuerza para dar mis primeros pasos hacia mi sueño de ser escritor y ahora aquí me encuentro siguiendo sus enseñanzas.

Jesús Ayllón

Al inicio de la pandemia me sentía atrapado y no solo en cuatro paredes físicas sino también dentro de mi propia cabeza, sentía desesperanza y desolación al tiempo en que investigando los libros de mi primo encontré esa novela tan perfecta y marcada; ese libro ilustrado con los ojos azules de una chica sobre un fondo celeste me deslumbró, me sentía inspirado y revivido cuando lo leí. Al momento me lo he re-leído cinco veces la saga entera de libros y unos cuantos otros de ese autor visionario, lleno de las mismas dudas y miedos (aunque también sueños y anhelos) parecidos a los míos; gracias al legado del señor Carlos yo tomé la fuerza para dar mis primeros pasos hacia mi sueño de ser escritor y ahora aquí me encuentro siguiendo sus enseñanzas.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Dayana fuentes

    Me encantooooooo ♡

    1. Anónimo

      El autor hace uso de palabras que posiblemente no todo el público sepa,La reseña es un poco infantil para una persona de 16 en cuanto al contenido se podría mejorar, Buena la historia., Sigue así.

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