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La melodía de un lago muerto

Christopher, hermano mío, ya no sé qué hacer, cada vez me estoy volviendo más loca. Zack dice que solo estoy con mucho estrés acumulado por estos últimos meses, pero sé que miente, es mi pareja después de todo. Sé que solo quiere calmarme, pero es imposible a este punto, todo vuelve a mí una y otra vez. Estoy escondida junto al lago de las lavandas, ni siquiera recuerdo cómo es que llegué aquí. ¿Recuerdas nuestro lugar de juego favorito? ¿Aquel hermoso paisaje de flores que hacían honor al nombre que le dimos los 3? Ahora está seco, vacío, muerto, como nuestra familia que una vez fue hermosa y alegre cual árbol navideño. No sé si puedas llegar a leer esto pero aun así quiero expresarme a ti, tengo la esperanza de que algún día encuentres este escrito.
Algo no está bien conmigo, a cada lugar que voy escucho esa canción. Esa misma melodía que cantábamos antes de perder a Samantha. Es triste, cada vez que resuena al alcance de mi oído, sea o no mi imaginación, vuelvo a esa noche, esa maldita noche en la que todo se volvió una tormenta hasta el día de hoy. Cuando estábamos los 3, a nuestros 12, 11 y 10 años, siendo tú el medio y yo la menor. Recuerdo que permanecíamos sentados junto al lago observando las estrellas cantando y tatareando la melodía de El Lago de los Cisnes. Melodía curiosa de escucharse de niños, pero en ese entonces no nos importaba, nos teníamos mutuamente. En paz los tres acostados en el césped tomados de las manos estando completamente solos luego de que tuvieras una fuerte discusión con mamá por tus notas de la escuela. Nuestra única compañía era el sonido del agua, nuestras propias voces y el viento entre los árboles, o al menos hasta que una cuarta voz se hizo presente siendo seguida por una quinta. No eran voces infantiles como nosotros, eran adultas y se confirmó cuando dos hombres que apestaban a cerveza salieron de las sombras que se formaban entre los arboles riendo y caminando hacia nosotros tambaleándose. Christopher, estoy aterrada, venir aquí solo lo hace aún peor, es como si viviera todo otra vez. Aun escucho tus gritos mientras te golpeaban solo por haber intentado escapar. Frente a mi aun veo como le hicieron tanto daño a Samantha mientras la tocaban, como la ataron de pies y manos con su propia ropa y la lanzaron al lago, siempre con esa melodía resonando en mi cabeza. Puedo sentir el punzante dolor en mi vientre cuando me hicieron una fea apuñalada luego de lograr escaparme pero una familia que estaba acampando cerca ya estaba llamando a la policía cuando me escucharon gritar.
Ahora esos hombres están en prisión, pero Samantha está muerta, tu estas encerrado en un hospital en coma por tu intento de suicidio. Y yo, cuando me volví pareja de Zack fue un poco más fácil superar esa noche. Sus abrazos, sus besos, su paciencia, todo su amor y cariño me hicieron superarla, o por lo menos seguir adelante, no digo que fuera fácil, pero yo tuve un apoyo. Pero tu nunca pudiste superarlo, te culpabas día y noche por lo sucedido, por haber tenido esa pelea con mama que nos impulsó a salir de casa. Y ahora estas conectado a una maquina las 24 horas del día por saltar a media calle frente a un camión. Ahora tengo 20 años y sigo recordando esa noche a veces. Pero no entiendo porque últimamente solo viene a mi constantemente. ¿Mi sanidad está disminuyendo? ¿Podrá ser que Zack tenga razón y es solo un resultado del estrés ante los exámenes de la universidad? Sea lo que sea, quiero que pare. No quiero revivir la muerte de mi hermana cada vez que estoy escuchando tan hermosa melodía. Bueno, tendré que volver a casa, Zack seguramente ya volvió de su trabajo y está buscándome.
Te amo hermanito.

Acerca del autor: Aurora Vargas Gonzalez

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