“La dura imagen que tuve que contemplar”

Sucedió hace algunos años y es muy duro de relatar pero aquí voy:

Iba caminando por un parque con la excusa de “tomar aire”, pero la realidad es que solo buscaba perder mi tiempo, pues no tenía nada que hacer.

Mirando los arbustos, los pájaros, recordando que ya se había acabado el año escolar y por supuesto… Ella. Tenía aún la vaga esperanza de que algo podría suceder entre nosotros pero por favor… Las cosas habían acabado pésimamente. Sería absurdo. “Mejor dejo de pensar en ella que la verdad voy a disfrutar del día”. Me eché sobre un arbusto y después de un rato así, decidí retirarme. El sol estaba en pleno ocaso. Llegué hasta la acera y me dirigí de frente hacia mí casa. Mientras caminaba veía hacia todos los lados lo precioso que era el día. Veías a un lado. Pájaros cantando. Veías a otro. Dos personas echadas en el césped… Espera.. ¿¡¡QUÉ!!? Probablemente esto último no debía haberlo dicho. Me quedé mirando fijamente porque mi instinto me decía que no eran cualquiera. Y efectivamente señores, no lo eran… ¿Pero que estoy haciendo? ¿Por qué me voy a acercar a una pareja que está dándose muestras cariñosas entre sí y ni siquiera tengo claro quiénes son? Es increíble el papel fundamental que juega el instinto en este tipo de situaciones.

Me acerqué con mucho cuidado a la pareja. Estaban echados en el césped, mirándose fijamente entre sí y…acariciándose. Camine a paso lento. Y cuando pase por su costado hice como que revisaba mi celular para verlos de reojo…. OH NO. NO. NO. NO. NO. NO. NO. NO. NO. NO. NO. NO. NO. NO. NO. NOOOOOOO…

Era ella…¿Pero por qué? ¿Qué hace allí con él?¿Desde cuándo están? ¿Los rumores eran ciertos? ¿Qué ella en realidad no le interesaba estar con ningún chico? ¿Me había mentido? ¿Por qué………….? 

Si señores. Esa fue la explosión que tuvo mi corazón. A día de hoy aún la recuerdo y me pone melancólico… Si bien esa imagen la contemple unos segundos, la recuerdo con mucha claridad. Tuve unas ganas terribles de llorar allí mismo. Corrí. Sin saber a dónde iba, terminé en la casa de mi amigo “C”. Toqué el timbre múltiples veces. Bajó a la velocidad de un correcaminos.

-¡Vaya! No pasaba por mi cabeza que vendrías. ¿Pasó algo? 

Le hablé con muchos sollozos: -Creo que lo que vas a ver habla por sí solo… 

Se me quedó mirando. Y tan solo con eso pudo imaginar de que se trataba. Y si. Estaba en lo correcto. Días antes habíamos hablado de esos “rumores”. 

Corrimos al parque. Y pues sí. Se quedó estupefacto con la pareja y con las cosas que estaban haciendo. Yo aún seguía incrédulo y llorando. Por mi bien mental prefiero no escribir lo que mis ojos contemplaron esa tarde. Pero fue demasiado. No lo podía creer, me lo creería si fuese de otra persona. Pero… ¿De ella? Quisiera que me tragara la tierra. Y ese es un error que cometemos muchos, lamentablemente al sobrevalorar a las personas de las que nos enamoramos… 

“C” me llevó a jugar videojuegos a su casa con el objetivo de despejarme de eso. Trataba de tranquilizarme en el camino. “Ya vendran personas mejores” “No llores por esa mentirosa que lo único que demuestra es que es una persona muy cruel”…. 

Terminamos de jugar videojuegos. Eran casi las 8. Salí de su casa y antes de irme, “C” se me acerca y me dice:

-Ni se te ocurra pasar por ese parque otra vez. Esa chica no vale la pena. No llores por ella. Valórate men. 

-Si ya me destrozaron el corazón… Que lo terminen de destruir. – “C”, en  ese momento se amargo y me dió un golpe en el pecho. 

-¡Por eso es que te agarran de imbécil.! ¡Por eso es que te mienten!  Te dicen que no quieren cuando en realidad se mueren por hacerlo.- Solo pude agachar la mirada ante la reprimenda de “C”. Tenía razón. Creer mucho en la palabra de una chica me había costado y caro. 

“C” resoplo.-Lo siento. Solo quiero hacerte ver la realidad viejo. 

-No. Tienes razón. 

-Mira. Prométeme que no pasaras por ese parque a ver si están. Con eso me dejarás tranquilo. 

-Lo prometo. 

-Ashhh. Tendré que confiar en tu palabra. Ánimo amigo. Ya vendrán tiempos mejores. Hasta luego. 

Cuando me fui caminando pude notar que “C” se quedó vigilandome desde una ventana. Por eso hice una finta de que tomaba el camino hacia el mercado. Tenía claro mis intenciones. 

Una vez que logré despistar a “C” corrí hacia el parque para ver si aún estaban. Estaba todo oscuro pero sí que se podía ver aún. Y si, aún estaban allí, en el mismo lugar. 

Al verlos, me dije a mí mismo que cuando se marchasen de allí me iba a acercar a ella y le Recriminaría. ¿Sonaba loco? Si. Probablemente era algo que del todo no me atrevería. Pero mi corazón estaba tan roto en ese instante que estaba dispuesto a todo. Continue esperando en una esquina mirándolos. 

Cielos… Ya eran las 8. Y aún siguen allí. Estos por lo visto planean quedarse durmiendo. Pero no me rendiré. 

En ese momento me dió una sed terrible. Y era lógico. No había consumido nada desde la 1. Mire alrededor. Había una tienda que estaba a media cuadra. Dudé. No quería descuidarlos. Pero es que hacer eso no me va a quitar ni 3 minutos. Si no se han ido antes… ¿Por qué justo ahora? Corrí todo lo que podía. Pedí el agua. La vendedora me miró con una cara como apenada al escuchar mi voz ronca y ver lo pálido que estaba. Una vez conseguido. Corrí hasta el parque sin ningún tipo de cansancio…. 

¡MALDICIÓN! Ya no estaban. Corrí al lugar donde habían permanecido varias horas y miré a todo el alrededor. Nada de nada. ¡Por favor! ¡Cuando me doy tres jodidos minutos en comprar algo es cuando deciden irse! 

Sin nada que hacer ni decir… Finalmente regresé a mi casa. Como era de esperarse, mis padres estaban superalarmados y es que ni les había dicho que había salido. Disimulé mi tristeza y les dije que solo estaba jugando con un amigo. Una vez que me separé. Fui a la refrigeradora. Habían hasta 10 latas de cerveza. Guardé varias. Nunca había tomado. Pero por recomendaciones de la gente y los comentarios que siempre me decían. Supuestamente lo iba a olvidar todo. Y en ese momento. Poco o nada me importaba mi salud. 

Subí a mi cuarto. Puse una música de fondo un poco alta para que no se escuchase nada. Y allí lloré por varias horas. Casi me ahogaba. Tomé las latas de cerveza y me las fui bebiendo una a una.Solo quería desaparecer… 

Han pasado algunos años de eso y el recuerdo aún duele y mucho. ¿Ella? Pues no nos llevamos mal. Pero evidentemente nunca la consideraré mi amiga. La respeto. Y siempre le desearé lo mejor… 

  Gracias… 

 

 

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Carlos Sánchez
Author: Carlos Sánchez

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