La Conquista Reto 3

La Conquista.    Reto 3                            Por: Lucía Argoytia

Mi amado explorador:

     El olor a hierba perfumaba el ambiente como regalo de la naturaleza para nuestra primera vez. Una cama de verde profundo cobijaba nuestras ansias, y un colchón de flores guardaba el secreto de una tierra virgen a punto de explorar.

El verano de la madurez se dibujaba en tu rostro, un rostro que no podía disimular tu admiración por tan maravillosa orografía.

Con andar precavido, cual suave caricia, iniciaste el recorrido por la  desnuda llanura de delicados relieves. A lo largo de la planicie se delineaba un delgado sendero que parecía deliberadamente guiarte hacia la falda de la elevada montaña.

Nada parecía detener tu marcha. Cada paso te invitaba a alcanzar la cima, y la confianza de una conquista más se reflejaba en aquella sonrisa desbordada de deseo.

Pero no se trataba de una montaña cualquiera, y, aunque lo sospechabas, utilizaste la misma táctica para escalar. Fuertes ráfagas de viento con aroma a rechazo dificultaron tu ascenso, haciéndote entender el significado de: tierra virgen.

Con andar galante, mi atrevido explorador, poco a poco te afianzaste a las rocas del temor que bordeaban la montaña, y esperaste pacientemente a que el vendaval que minutos antes rechazaba tu cortejo, se transformara en suave brisa de mutuo coqueteo.

Había tanto por recorrer y disfrutar en aquella tierra de follaje inexperto. Tanto por conocer, comprender y aprender. Sí, por aprender; porque el diestro aventurero, conquistador de tierras prometidas; por primera vez estaba siendo conquistado por la inocencia de una tierra inexplorada.

Dócil, recatada, cautivadora, inaccesible y misteriosa; así se presentaba ante ti.  Una tierra con senderos propios, intransitables e impenetrables para todo aquel que no caminara con los pies descalzos, y con el deseo de dejar una firme huella de caricias imborrables.

No, ésta no era una tierra de aventuras para el nómada sediento de placeres; ni tampoco la tierra prometida donde el deseo deambula por caminos transitados por un antiguo explorador. Era una tierra fértil, en la que el amor siembra semilla.  Una tierra por labrar, en la que el cultivo diario la haría florecer, y, en la cual, el caudal del apasionado río desembocaría en el mar de sus secretas pasiones; una vez ingenua, otra desbordada, pero siempre fina y pudorosamente apasionada.

Y esa tierra virgen conquistó a su aventurero y lo transformó en explorador; un explorador que aprendió que la verdadera aventura radica, no en recorrer senderos en tierras prometidas, sino en descubrir caminos… en tierra conocida.

     Gracias mi amado explorador por caminar juntos por el sendero de 32 años de vida; transitado ahora con un andar más pausado, más sereno, y  mucho más sabio.

                                        Con amor…Tu tierra conocida.

lucia_argoytia
Author: lucia_argoytia

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. emma70049

    Qué intenso… Es bella, muy bella la analogía que utilizas, sin embargo, compañera… Creo que no atiendes al reto… porque debemos hablar a futuro… Saludos. 🙂

    1. Muchas gracias por leer el escrito, por tu valiosa opinión y tu recomendación. Pondré manos a la obra para corregirlo. Un abrazo a la distancia. Saludos.

  2. romina

    Es un bello texto, pero revisa lo que pedía el reto.

    1. Muchas gracias Romi, así lo haré. Estaré atenta a tus observaciones generales en la tarde, y trabajaré nuevamente en el reto. Un abrazo a la distancia. Saludos.

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