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Jóvenes, Asesinos y Revolucionarios: Días Pasados

Preludio

El asesino de la katana

Lima, 09 de febrero del 2013

Arturo Céspedes se puso en alerta de un momento a otro, luego de haber escuchado el crujido repentino de las hojas recién caídas del inmenso árbol que reposaba aun lado de los servicios higiénicos, preocupando a Luis Canucci, su amigo de toda la vida, quien intentó tranquilizarlo por todos los medios posibles. No pudo lograrlo.
El muchacho se veía muy nervioso, como si estuviera siendo asechado por alguien, cual presa inocente, divisando a su alrededor en reiteradas oportunidades, pidiéndole de favor a su amigo que apresure a las chicas, quienes ya llevaban un buen rato arreglándose en el baño. Sin embargo, la intervención de Luis no fue necesaria, puesto que las amigas hicieron acto de presencia a los pocos minutos, ambas despreocupadas, felices de la vida, muy al contrario de Arturo, quien ya quería largarse del colegio de una buena vez.
Pese a que los últimos rayos del sol fueron vislumbrados hace ya varios minutos, las luces del colegio San Felipe Nº 1050 no fueron encendidas por nada en el mundo, dejando al recinto educativo sumergido en la más profunda oscuridad. “Esto tiene que ser obra de tu padre, Grecia”, comentó una de las chicas, la más pecosa, luego de aferrarse al brazo de Canucci, quien le correspondió el gesto con un cariñoso beso en los labios. Sin embargo, esto no hizo más que poner de muy mal humor a la enamorada de Arturo, quien les dijo a todos que hablaría muy seriamente con su padre cuando este llegara a casa.
– Ya déjense de tonterías y vámonos de una vez _preso de sus emociones, Arturo interrumpió la conversación de sus amigos y sujetó con fuerza el brazo de Grecia, haciendo el intento de llevársela consigo de un solo tirón, pero la chica, sorprendida por su inesperada reacción, se liberó muy fácilmente con solo pegarle un ligero empujón, argumentando que lucía muy asustado, como niñito pequeño, provocando así las burlas del resto del grupo.
– Creo que Arturo tiene razón, comienza a hacerse tarde _hizo una pausa para observar a su alrededor. La enamorada de Luis sintió un ligero temblor en su cuerpo, pero no supo si era producto del frío o por otra cosa_. Además, no sé ustedes, pero al menos yo no siento la misma tranquilidad de siempre. Algo anda mal con este lugar.
Lo último que Grecia hubiera esperado es que su amiga se pusiera del lado de Arturo. No obstante, y sin ánimos de contradecirla, decidió obedecer a su enamorado en silencio, yéndose todos con dirección a la salida del colegio, aferrándose al brazo de su enamorado tal y como Carrie Blanca lo hacía con Luis, notándolo muy distraído, sobre todo después de que este la soltara sin ningún tipo de cuidado, con la excusa de que lo estaba asfixiando. Eso no hizo más que frustrarla, alejándose de él por completo.
Cruzaron a través del enorme patio de recreo del nivel primario e ingresaron poco después a uno de los pabellones aledaños para cortar camino, llegando a la salida en cuestión de minutos. Sin embargo, grande fue la sorpresa del grupo cuando encontraron las puertas cerradas bajo llave, con todo y su cerrojo de mano bloqueado con una pequeña rejilla de metal para maximizar la seguridad. No había rastros de la portera por ninguna parte.
– Relájense, todavía tenemos una salida _mencionó Luis en su intento por tranquilizar a las chicas, quienes ya se mostraban un poco más preocupadas. Su amigo, en cambio, le preguntó de mala manera en que consistía su “brillante plan”_. Solo tenemos que trepar los muros bajos del colegio, ¡genio! Acompáñenme, saldremos de aquí en un abrir y cerrar de ojos.
Fastidiado por la actitud de Arturo, Canucci optó por adelantarse con Carrie, llevándosela consigo para no tener que lidiar con los miedos injustificados de su amigo. Fue entonces cuando Grecia, aprovechándose de la situación, decidió encarar a su enamorado, dispuesta a saber de una buena vez que era lo que tanto le preocupaba.
– Este no es el momento, Grecia. Estoy bien, no te preocupes. Solo preocúpate en salir de aquí, por favor _Arturo no tenía intenciones de ceder. Sea cual sea su problema, ya comenzaba a resultar tedioso para el resto del grupo, y eso Grecia no se lo podía permitir.
– Nada que no es el momento, Arturo. Has estado actuando muy extraño desde que salimos de clases. Algo te preocupa… y en serio, me frustra no saber que es.
El frío de la noche remeció el de por si tembloroso cuerpo de Céspedes, quien luego de volver a cruzar por entre los pabellones de primaria, se detuvo en seco y sujetó las manos de su enamorada, mirándola fijamente a los ojos, diciéndole que todo estaría bien y que él la protegería, sellando el momento con un tierno beso en los labios, sonrojando a Grecia por completo. Por un momento, la chica llegó a pensar que al fin había recuperado a su enamorado, que todo había vuelto a su lugar. Sin embargo, el golpeteo inesperado de la campana del colegio los regresó a la realidad, alterando aún más a Arturo, quien se percató de la ausencia de Luis y Carrie. La pareja había desaparecido.
Asustados, los chicos corrieron hacia las oficinas del auxiliar general con la intención de parar el golpeteo frenético de la campana, cruzando por en medio de la cancha de básquetball hasta llegar a situarse por debajo de las escaleras del pabellón B de secundaria, topándose con una inesperada escena. La puerta se encontraba abierta de extremo a extremo, la mayoría de las ventanas estaban rotas, con todos sus restos esparcidos por el suelo, las cosas del auxiliar habían sido retiradas de su sitio sin ningún tipo de cuidado, y la campana que aun sonaba.
Mientras que Grecia, con mucho cuidado, se adelantó en apagarla, Arturo aprovechó el momento para inspeccionar los alrededores, percatándose que, en efecto, la puerta había sido abierta por la fuerza, encontrando los restos del pequeño candado que el auxiliar usaba para cerrar su puerta partido por la mitad, tirados a un lado de la entrada.
El corte era demasiado perfecto, y eso le aterró.
– Arturo, ¿qué está pasa…? _la hija del director no pudo terminar de articular su pregunta, puesto que, de repente, se escucharon los gritos y llantos de la que parecía ser Carrie, preocupando a la chica por completo, intentando ir en búsqueda. Sin embargo, fue detenida por un descontrolado Arturo, quien aterrado, no dudó en correr hacia la parte trasera del pabellón para trepar los muros del colegio y así poder escaparse de su acechador.
A su llegada, el muchacho intentó ayudar a Grecia para que esta pudiera salir primero, pero era en vano, los muros eran mucho más altos y toscos que los que se encontraban a espaldas del pabellón A. Él sabía a la perfección que ir para allá sería como ir directo a su tumba.
– ¡Chicos! _se encendieron las alarmas. La pareja veía con asombro como una aterrada Carrie corría con dirección a ellos, pegando llantos desmedidos, trabándose por momentos con sus propias palabras_. ¡Lo mató! ¡ese tipo lo mató! ¡Ayúdenme por favor! ¡No me dejen!
Un último grito, y luego nada. El cuerpo de la muchacha se desplomó a medio camino, luego de escucharse un ligero golpe en seco, perdiendo la vida a vista de la joven pareja, quienes espantados, fueron a ocultarse entre los salones del pabellón aledaño. Pero todas las puertas estaban cerradas. En ese lugar, eran presa fácil del asesino que se ocultaba entre las sombras.
La chica se quebró en llantos, comenzaba a perder el control, el miedo se apoderó de ella.
– ¡Ahí! _milagrosamente, Arturo se dio cuenta que uno de los salones del segundo piso del pabellón A se encontraba abierto, por lo que se dirigió a ese lugar sin pensarlo dos veces. No había señales del asesino, a lo mejor y los había perdido de vista, Céspedes rogaba porque así fuera. Pero no podía confiarse, no con Grecia a su lado.
– ¡Amor! ¡No me dejes, por favor! _gritó la chica entre cortados, una vez que ambos ingresaron al salón que no era otro que el taller de costura.
– ¡Cállate! _le ordenó con el corazón en la mano, ocultándola entre las viejas máquinas de pedal camufladas sosamente por una manta empolvada_. Iré a vigilar. Quédate aquí hasta que yo te diga y por favor, ¡no vayas a salir por nada en el mundo!
La chica asintió la cabeza, observando luego como su enamorado salía del taller de costura para montar guardia, dejando la puerta entreabierta. El silencio se apoderó de la situación, pero la tensión seguía vigente en Grecia, quien, con lágrimas en los ojos, se persignó en el suelo para rogarle a Dios porque todo se tratara de una terrible pesadilla. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que la vieja puerta de metal volviera a abrirse, iluminando la habitación de par en par, escuchándose el grito del que parecía ser su enamorado, alejándose con el paso de los segundos, mostrando la silueta de un desconocido quien arrastraba una especie de espada larga y delgada por el suelo, escuchándose un chirrido estruendoso, dejando correr una fina hilera de sangre en su camino.
– No… ¡No! ¿Qué le hiciste a Arturo? ¡Responde maldita sea! _vociferó con sus últimos rasgos de valentía, divisando al asesino de sus amigos, quien no dudó en clavarle su katana a la altura del estómago, provocándole un dolor mortífero.
– Arturo ya no será un problema a partir de ahora… _fue su única respuesta, sonriendo sínicamente al escuchar los quejidos de Grecia, quien se retorcía en su lugar tras cada movimiento que este le daba con su arma, dañando así muchos de sus órganos vitales, desangrándose lentamente tras cada segundo que pasaba.
Para cuando el asesino retiró la katana de su cuerpo, la chica apenas y era consciente de lo que estaba sucediendo. Luchaba por aferrarse a la vida, pero le resultaba imposible. La herida que tenía era demasiado profunda, la pérdida de su sangre terminaría por matarla. Y así fue.
Lo último que alcanzó a ver fue a su verdugo levantando su arma por los aires, preparándose para encestarle el golpe de gracia, y luego nada.
Grecia Huamaní había pasado al gran vacío.

 

– próximo capítulo: Último año.

Acerca del autor: Irvin Humberto Proleón Benites

Amo escribir, lo practico a diario durante mis ratos libres. Tengo 4 libros que me gustaría publicar algún día. Soy carismático y también me gusta dibujar.

P.B.Ludwing

Amo escribir, lo practico a diario durante mis ratos libres. Tengo 4 libros que me gustaría publicar algún día. Soy carismático y también me gusta dibujar.

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