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ISKAR Y JUSTO (que de justo no tenía nada)

PASADO.

 

“Si me dan a escoger entre la palabra de Manuel y la de otra persona que trabaja aquí, no tengo duda en escoger la de él. ¿Sabes por qué? Porque lo conozco y sé que su trabajo habla por sí solo”.

A la luz del sol de una tarde de agosto me encontraba revisando algunos documentos cuando encontré una fotografía en donde estaba abrazado con él. Un gran amigo. Di un trago al vaso de agua que estaba sobre mi mesa. Dejé los papeles y me asomé a la ventana. Mirando esa fotografía, recordé el origen de esa bella amistad…

Su nombre era Iskar.

El hijo del representante legal de aquélla empresa. “Un junior, hijo de papi”, fue lo primero que pensé cuando me dijeron que iba a trabajar directamente con él ya que sería mi jefe. Yo no sabía que la intención de los que me contrataron, era despedirlo para quedarme en su lugar. “En qué lío me he metido” pensé cuando me enteré.

Sin embargo, al pasar de los días todo pasó con normalidad. Iskar y yo pudimos acoplarnos bien en el trabajo. A pesar de los malos comentarios que me habían dicho de él, desde un principio me brindó su confianza para conocer a fondo el funcionamiento de la empresa; me puso al corriente de las áreas de oportunidad y, sobre todo, dejó que yo mismo fuera tomando mis propias decisiones. Y si me equivocaba, o necesitaba ayuda, ahí estaba siempre él para tenderme la mano.

Una tarde me llamó y me preguntó cómo iba el asunto de las reestructuraciones de las tiendas. Me pidió los elementos en que sustentaba dicha decisión. Le mostré las evaluaciones mensuales de los muchachos y las revisiones bimestrales a las tiendas. Le enseñé mis reportes. Los vio. Se quedó pensativo. Le pregunté que si algo andaba mal. Sonrió, movió la cabeza y me dijo: “espérame aquí”. Mandó a llamar a Fernanda. Sin alterarse, le enseñó los reportes y las evaluaciones. Que ahí estaban los elementos en que basaba mi decisión de cambiarla de tienda. Fernanda había sido una de las más bajas en las evaluaciones (Ahí me enteré que ella me había reportado aludiendo que mis decisiones tenían tintes personales).

Esa tarde, frente a ella, mencionó aquélla frase que quedó grabado en mi interior. Que marcó un gran momento en mi vida.

Hay hechos en nuestras vidas que no se olvidan y que hacen eco en nuestra memoria. Si antes de ese suceso yo seguía estando a la defensiva con él, desde ese día dejé de hacerlo. Trabajamos muy bien y, sobre todo, fuimos grandes amigos. Ahí estaba él cuando una pena embargaba a mi corazón o simplemente yo ahí estaba para cuando él lo necesitara. Tal fue el caso de su boda. Ahí estuve presente apoyándolo y felicitándole ante ese gran paso.

Quién iba a pensar que el “junior, hijo de papi” era una persona noble, que terminó siendo mi mejor amigo.

 

 

PRESENTE.

 

Estoy en la cafetería de la universidad desayunando con Esmeralda. Tenemos una hora libre así que aprovechamos para platicar de los exámenes finales. De repente, a través de la ventana, vemos a Justo pasar. Levanto los brazos tratando de llamar su atención. No lo consigo. Me asomo a la ventana y le hablo:

¡Hermano! ¿a dónde vas? ¡Ven! ¡Acompáñanos!

Justo es un amigo en común de Esmeralda y yo. Nos conocemos desde que empezamos la universidad. Últimamente lo he visto indiferente conmigo. Distante. Hasta a veces molesto. Sus bromas hacia mí son pesadas. Como si se desquitara de algo.

¿Qué pasó Alkysirez?me dice en cuanto se acerca-.

Saluda a mi novia y toma siento. Pide un café. Casi no participa en la plática aun cuando lo hacemos partícipe. Está serio.

Media hora después Esmeralda se levanta y va al tocador. De reojo, observo que Justo se la queda viendo. Yo no le quito la mirada a él. Cuando voltea, nuestras miradas se cruzan. No se inmuta.

¿Qué pasa? –le pregunto.

Sin decir agua va, me responde lo que yo ya tanto temía, lo que ya sospechaba desde hace tiempo.

– Güey, me gusta tu novia- dice con una mirada retadora.

– ¡¿Queeé?! –respondo entre sorprendido y molesto-. Es una broma, ¿verdad?

-No, no es broma. Desde hace tiempo quería decírtelo. Verás…

Y sigue hablando y hablando. Yo ya no pongo atención. Preso de un coraje irracional, hecho la silla hacia atrás, me levanto de la mesa y voy hacia él sujetándolo del cuello de su camisa. Él no se defiende. Algunos estudiantes que ahí se encuentran se levantan y nos separan. Lo empiezo a insultar y decirle de lo mal amigo que es: que no puedo creer que con eso me pague la confianza que le tengo y sobre todo el apoyo que le he brindado; que quiero que se largue, que ya no quiero volver a saber de él y menos que se acerque a mi novia. En esos momentos Esmeralda sale del baño. Justo se da la vuelta y se va.

Ya no vuelvo a saber más de él.

Alkysirez92

El día que llegue a tirar la toalla, será porque ya me he secado la frente y me falta pelear un round más...

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